Reflexiones

Óscar Fidel González Mendívil

El rincón del conspirador | La Guerra de los Huesos

En los años previos a la Guerra de los Huesos, solo nueve especies de dinosaurios habían sido encontradas en los Estados Unidos.

¿Julio César? ¡Salvador Sánchez! Mira, te lo explico de una vez para que no te enredes mi conspireitor, Carlos Zárate le pasó por encima a Alfonso Zamora, Celso Olivas se chingó en Peter Cobblah y Gilberto “Zurdo” Ramírez es mejor que Saúl “Canelo” Álvarez. ¿Tú qué sabes de box? La cosa es así como te digo. Ahora que si las peleas fueran de ñoños, serían tu especialidad.

Pues lo dirás de broma, pero también los sabios pelean y no siempre son tan corteses como el Marqués de Queensberry. Ya que te gustan tanto los pleitos, deja te cuento uno de los más famosos.

Edward Cope y Charles Marsh protagonizaron la llamada Guerra de los Huesos, entre 1872 y 1892, en los territorios de Colorado, Nebraska y Wyoming. Estos paleontólogos norteamericanos eran una especie de combinación entre Alan Grant e Indiana Jones, y como sucede en muchas ocasiones, al inicio fueron amigos, pero sus personalidades y orígenes pronto los llevaron a chocar.

El incidente que desató la guerra sucedió cuando Cope da a conocer su reconstrucción del esqueleto de un Elasmosaurus, un reptil marino de cuello largo de la familia del plesiosaurio, ese que dices tú Filiberto que es el Monstruo de Loch Ness. Cuando Marsh vio el esqueleto señaló que Cope se había equivocado pues colocó al revés las piezas de la columna vertebral, de tal manera que parecía que el animal había tenido una larga cola y un cuello corto. Para decidir la disputa acordaron que el curador de la Academia de Ciencias Naturales, Joseph Leidy, decidiera quién tenía razón. El profesor Leidy quitó la cabeza de un extremo y la colocó sobre lo que Cope había pensado que era la cola. La humillación fue total, al grado que Cope trató de comprar todos los ejemplares de la publicación científica en la cual había aparecido su reconstrucción errónea.

A partir de ese momento, la búsqueda de fósiles que ambos llevaban a cabo en el oeste de los EE.UU. se vio plagada de sobornos, traiciones, uso de influencias y maniobras políticas. En 1872 Cope encabezó una expedición en la que dos de sus trabajadores eran espías de Marsh, mientras que los empleados de este, por accidente, enviaron a su rival un cargamento de huesos que fueron mandados de vuelta, para furia de Marsh que no se había dado cuenta.

La rivalidad era tan grande, que ni siquiera la amenaza de guerra entre la nación Sioux y el gobierno norteamericano los detuvo en Dakota. Para obtener el permiso de explorar su territorio en busca de fósiles, Marsh le prometió al jefe Nube Roja que pagaría por cada uno de los restos recolectados y además que protestaría en su nombre ante el presidente Ulises S. Grant por el trato que recibía la tribu.

Después llevaron su conflicto personal a Wyoming, donde trabajadores que tendían las vías del ferrocarril transcontinental, que unió la costa este con la oeste, habían encontrado el nuevo paraíso de los buscadores de huesos de dinosaurios. Marsh mandó primero a su gente y contrató a los descubridores de los restos con el propósito de ocultar el hallazgo y mantener a Cope lejos de esos tesoros. La riqueza de fósiles fue tanta, que en el número de diciembre de 1877 de la Revista Americana de Ciencia, Marsh describió y bautizó al Estegosaurio, al Alosaurio y al Apatosaurio. Pero el trato de Marsh hacia sus trabajadores dejaba mucho qué desear, y ellos pronto filtraron a la prensa la noticia de los descubrimientos, lo que movilizó a Cope de inmediato.

En los años previos a la Guerra de los Huesos, solo nueve especies de dinosaurios habían sido encontradas en los Estados Unidos. Entre Cope y Marsh descubrieron 136 nuevas especies, incluyendo al Triceratops, al Diplodocus y al Celofisis. La rivalidad entre ambos paleontólogos duró hasta la muerte de Cope en 1897. Su guerra los dejó en la ruina. Debilitado en sus últimos años, Cope tuvo que vender parte de su colección de fósiles y alquilar una de sus casas para tener ingresos. Por su parte, Marsh se vio obligado a hipotecar su residencia y le pidió a la Universidad de Yale un salario para vivir.

Antes de morir, Cope retó a Marsh con un desafío final. Donó su cráneo a la Universidad de Pensilvania para que pudieran medir su cerebro, pues estaba seguro que sería más grande que el de su rival. Marsh nunca aceptó el desafío.

Pinches batos aferrados, ni muertos dejaban de pelearse. Pero estoy confundido mi conspireitor, ¿su guerrita fue buena o fue mala? Porque se portaron bien gacho, ya ni los vándalos en Roma. Pero, por otro lado, hicieron que la ciencia avanzara macizo.

No lo sé Filiberto. No lo sé. “Bueno” o “malo” rara vez alcanzan para describir a las personas o a sus vidas.

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