Reflexiones

Óscar Fidel González Mendívil

Reptilianos, reptiles y reptantes

A ver. Sí, AMLO es el presidente de México y eso qué. Que es el Peje-Lagarto…

A ver si te entendí bien, o sea que el Quirino no manda y quien lo manda a él tampoco es su señora, sino que los chakas son una raza de lagartijas humanoides que chupan sangre y cambian de apariencia a voluntad. Ahora sí te volaste la barda pinche Filiberto.

El primero en escribir una historia que incluía una raza de reptilianos fue Robert E. Howard, creador de Conan el bárbaro, aunque el suyo fue un trabajo literario. En realidad la teoría de una conspiración reptiliana por apoderarse del mundo, debe su popularidad al británico David Icke.

Icke ha promovido desde 1999 la idea de un gobierno mundial en las sombras que ejerce el poder político y económico y se compone de familias que tienen en común el pertenecer a una raza de seres reptilianos. Presidentes, ministros e incluso la reina de Inglaterra y el director de Facebook pertenecen a la jerarquía más alta de este grupo.

Lo más curioso de todo es que, de manera indirecta, la ciencia ha contribuido a dar prestigio a la idea de que los seres humanos tenemos algo de reptiles. En 1990 el doctor Paul MacLean propuso la teoría del cerebro triuno, de acuerdo con la cual, el cerebro humano se compone de tres partes, el cerebro reptiliano, el cerebro límbico y el cerebro racional. En ese mismo orden el órgano cerebral se fue generando evolutivamente agregándose uno sobre el otro.

Según MacLean el cerebro reptiliano es la parte más primitiva y se caracteriza por no ser reflexivo, sino que actúa por instinto, su función primordial es asegurar nuestra existencia, por lo cual se encarga de poner en acción nuestras funciones básicas para protegernos de amenazas, defendernos y huir.

Aunque la teoría tiene adeptos, en particular en el área de marketing, no es aceptada por todos. Para el neurobiólogo de la Universidad de Salamanca, José R. Alonso, la idea es un disparate que ignora un concepto básico de la neuroanatomía comparada: “todos los seres vivos somos parientes, algunos más cercanos y otros más lejanos. Mamíferos, aves y reptiles derivamos de antecesores comunes aunque es evidente también que a lo largo de millones de años hemos ido sumado diferencias que nos dan la biodiversidad actual”.

¿Por qué creemos en explicaciones que parecen disparatadas a primera vista? ¿Es la mera presencia de esos seres fantásticos o el hecho de que formen parte de una conspiración lo que nos fascina? Siguiendo a Luc Boltanski (Enigmas y complots, CFE, 2016) podemos plantear que los complots nacen bajo dos modalidades:

1) El sujeto es suspicaz y cree de antemano en la existencia de la conspiración y sus conspiradores, con lo cual, toda la información que recibe no hace sino confirmar sus propias creencias. Tipo Fox Mulder de Los Expediente Secretos X; o

2) La persona cree que el mundo entero es el enigma, pues muestra una apariencia que debe ser descifrada para llegar a la realidad. Según él todo está oculto y la verdad solo alcanza a filtrarse a través de unos pocos símbolos que deben ser desentrañados para llegar a ella. Tipo Mel Gibson en El Complot.

Para Tyson Lewis y Richard Kahn, detrás de la historia que cuenta Icke se proyecta la idea de una realidad distópica, negativa, que carga sobre la “raza reptiliana” la suma total del miedo y el descontento provocados por las tensiones de nuestro mundo pandémico, capitalista, globalizado e hiper-enlazado virtualmente.

¡Ya sé que siempre te vale madre lo que te digo! ¿Qué dices, que tienes la evidencia absoluta del dominio de los reptilianos sobre nosotros? A ver. Sí, AMLO es el presidente de México y eso qué. Que es el Peje-Lagarto, ¡esa es tu pinche prueba! No Filiberto, cuando fumes mota que sea de la buena. Mejor le voy a decir al general Robles del CNI que venga por ti.

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