Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

El sueño de envejecer dignamente

De las demandas más apremiantes, de acuerdo con recomendaciones emitidas con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos para nuestro país, es la de generar capital humano e infraestructura especializada para atender a las personas mayores de 60 años.

México está envejeciendo, a un ritmo mucho más veloz de lo que estamos preparados para enfrentar. En las próximas décadas, la composición de la sociedad experimentará una transformación radical: los jóvenes serán menos y los adultos mayores conformarán un alto porcentaje del tejido social mexicano.

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda, los mayores de 60 años conforman el 12% de la población mexicana, porcentaje que se espera crezca en los próximos años. En parte, esto se debe a que la ciencia y la tecnología nos han ayudado a incrementar la esperanza de vida al mismo tiempo que la tasa de fertilidad se reduce conforme más mujeres optan por no ser madres o serlo a una edad mayor que la que se acostumbraba. Adicionalmente, los jóvenes migran a otros países en búsqueda de mejores oportunidades laborales y educativas, en muchos casos quedándose en el extranjero.

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Ante este panorama, es imperativo que nuestro país se prepare para satisfacer el derecho a envejecer dignamente. ¿Cómo lograrlo, si la tercera edad es de los grupos más vulnerables de nuestro país? Esta situación no se limita a nuestro país, la OMS ha alertado que uno de cada seis ancianos en el mundo sufre de algún tipo de abuso. Sin embargo, en México llegamos al tema con aun mayor rezago al no tener la infraestructura mínima para garantizar su bienestar y la atención de sus demandas.

De las demandas más apremiantes, de acuerdo con recomendaciones emitidas con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos para nuestro país, es la de generar capital humano e infraestructura especializada para atender a las personas mayores de 60 años; necesidad que abarca desde contar con desarrollos urbanos planificados para no discriminar a personas con problemas de movilidad, lo suficientemente seguras para que personas de cualquier edad puedan cruzarlas sin temor y con transporte público amigable e incluyente, hasta contar con especialistas en geriatría y gerontología que permitan comprender mejor el proceso de envejecimiento para asegurar el bienestar a través de la prevención, tratamiento y rehabilitación.

La salud es por supuesto una preocupación, como mencioné en el párrafo anterior. Lamentablemente, la edad es un arma de dos filos: por un lado, llega con gran experiencia y aprendizaje, mientras que, por el otro, con un deterioro de las facultades motrices y mentales que requieren de un tratamiento adecuado para mantener una vida digna.

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Esta situación se complica en los casos de los adultos mayores que viven solos, sin familiares que los apoyen o supervisen su bienestar. De acuerdo con datos del INEGI de 2020, en México más de un millón 746 mil adultos mayores de sesenta años viven solos, de los cuales el 69.4% cuentan con algún tipo de discapacidad y, en promedio, gastan trimestralmente 112 pesos en medicinas. El mantenimiento de la salud cuesta, ya sea al sector público o al privado, situación para la que no estamos preparados.

En México, el sueño de retirarse es accesible para unos cuantos: no todos acumulan las ganancias suficientes para lograrlo: decenas de miles de adultos mayores se ven obligados a seguir trabajando para subsistir o apoyar a sus familias y se enfrentan con un frío mercado laboral que los rechaza sistemáticamente en favor del talento joven.

Por ello no es sorprendente que aproximadamente 96% de los más de cuatro millones y medio de adultos de la tercera edad que trabajan carecen de seguridad social y prestaciones al estar empleados en actividades informales, lo que dificulta la atención a su salud y los hace susceptibles a todo tipo de abusos.

En este contexto, garantizar la dignidad y autonomía de este grupo poblacional se perfila como una labor titánica, más no imposible. Un esfuerzo que comienza con el reconocimiento de que las personas mayores se encuentran en la culminación de toda una vida de talento, experiencia y conocimiento, algo que tendemos a olvidar en la cultura occidental: la gente mayor no es una carga, y la gran mayoría eventualmente llegaremos a ese punto.

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Alcanzar el sueño de envejecer con dignidad comienza por trabajar en el presente en un esfuerzo conjunto entre la sociedad, las organizaciones civiles y el gobierno, entendiendo que el envejecer es un proceso cuyo resultado se vincula fuertemente con las facilidades y situaciones que se experimentan en la juventud. Las personas en entornos y condiciones vulnerables: como la informalidad, la pobreza o la enfermedad, tienen altas probabilidades de envejecer sin lograr salir de esas situaciones, lo que dificulta el reto de atenderlos más adelante. En cambio, las personas que envejezcan en un entorno sano y protegido tendrán más posibilidades de alcanzar el sueño de envejecer dignamente y retirarse para recolectar los frutos de los años vividos al tiempo que la sociedad les agradece por sus años de aportaciones.

El verdadero reto, es equilibrar la cancha de juego para que todos los mexicanos nos encontremos en el segundo grupo: que envejecer bien no sea un privilegio, sino un derecho universal.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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