Reflexiones

Redacción Espejo

El virus puso en shock a la vida cotidiana (PARTE II)

La aceleración del tiempo

Manuel Sánchez*

Repensar las acciones individuales conlleva un aislamiento que hace cuestionar el acercamiento hacia los demás, poniendo en primer plano la seguridad de sí mismo y preguntándose hasta cuándo volverá el acercamiento, pero dejando la duda de sí aún será seguro volver. Entonces, ¿Cuál es la verdadera relación con lo otro? ¿Una vez aislados, curados o remediados, volveremos a ser los mismos en el momento que volvamos con lo demás? resulta que dichas preguntas surgen en torno a ¿Qué estamos haciendo? Sí la vida en sociedad se detiene, ¿Qué pasará? La respuesta más sencilla es que el mundo siga su curso hasta el punto de haberse desprendido de nosotros, descolonizándose e independizándose para entrar en regresión, mientras tanto, en el proceso se denota y manifiesta la verdadera cara de nuestras acciones, desenmascarando todo lo que creíamos, lo bueno y lo malo, lo justo e injusto, lo correcto e incorrecto, lo visible e invisible, todo pequeño detalle que ilustre la realidad en la que el individuo es sumergido.

Es como si el tiempo se alentase dentro de un campo de meditación, donde la cautela ha tomado el timón del barco y el océano cada vez es menos rudo con quienes navegan sobre él, los mece con sutileza y adormece a las tripulaciones, los barcos dejan de navegar con desesperación a su destino, ahora se enfocan más en el proceso que implica su viaje, por ende, el barco adquiere conciencia de su interior sobre la manera en cómo es operado y quiénes lo operan, se ha vuelto más importante como navegas sin importar a dónde vas, pero que lo hagas bajo la conciencia individual.

El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa.[1] El distanciamiento da una perspectiva poco visible del sujeto; a lo lejos puede que parezca una amenaza o no y la confianza no es una opción viable pues se debe estar preparado para cualquier situación o circunstancia, por lo tanto, lo que prevalece y mantiene este sentimiento de angustia e incertidumbre es el miedo, el miedo a las amenazas no reconocibles, a lo desconocido, al no estar preparados.

El recipiente de la desconfianza alimentado de miedo, fabrica un individuo que debe estar al son de lo que parezca un peligro, uno que constantemente construye muros de cristal a su alrededor generándole esa seguridad que busca saciar dentro de su zona de confort, a su vez, estos muros de cristal le dan un panorama de 360º, con una visión del mundo muy polarizada de la crueldad a la piedad. La capacidad de “ver el mundo a nuestro alrededor” genera una mezcla de sensaciones que nos mueven hacia el lado que más convenga, solo es cuestión de girar la silla en el momento que sintamos la necesidad.

Esta individualización reforzada por el virus, hace un llamado de atención a los vínculos humanos y la importancia de ellos. Recuerda la necesidad y su valor para cambiar los procesos de interacción social, para eso, la paciencia – tal y por lo que es – aguarda el momento adecuado para salir a la luz y resurgir con más fuerza, desvistiendo así el sistema de individualidad y visibilizando sus repercusiones. También permite la brecha de ver el escenario sobre el cual se está, las interacciones con él y los otros, el virus no simplemente ha atacado al sistema, sino que desplaza sus formas y fondos por el cual opera, sin embargo, este desplazamiento es solo una autodefensa ante la situación en lo que se encuentra una cura. En este comportamiento refleja la falta de inmunidad ante el virus y por eso huye, toma distancia, se refugia, se aísla y es vigilado en cuarentena, tal y como los individuos lo han hecho. Es decir, en lo que busca nuevas formas y fondos de presentarse para una restructuración (sanación), el cuerpo sistémico y el cuerpo individual reflejan las medidas de precaución y defensa en la forma de organizarse debido al  virus; haciendo visible la manera en cómo las empresas e instituciones funcionan y el impacto que tiene en la sociedad, el tiempo las ha ralenterizado, han sido dependientes de una aceleración del tiempo, que nadie ni nada pueda ser capaz de ver a través de toda la maquinaria, lo que se buscan es que permanezca la belleza que solo puede apreciarse como el destello que deja una estrella fugaz.

El desplazamiento y aislamiento del cuerpo individual – sistémico, además de ser tomado como una medida de autodefensa, es una forma de generar una vacuna, es decir, se le inyecta un virus al cuerpo individual como vacuna y el cuerpo genera las mismas defensas para contratacar, sufre una reconfiguración desde lo molecular para resistir nuevas condiciones, lo mismo está pasando con el cuerpo sistémico y la llegada de la Covid-19, los estragos que deja a su paso obliga, a todo el organismo a restructurarse, generar nuevas políticas que estén a favor de la vida o la muerte para el control poblacional e incluso administrador del cuerpo nacional. El mercado sufre cambios debido a los golpes en sus ventas, por lo tanto, re configura su sistema, uno que esté al alcance de atender y ofrecer a distancia, uno que se extienda a las puertas de cualquier domicilio. El sistema de salud ve la puerta de la atención médica a los hogares, saber la condición de salud del individuo se vuelve importante no por condición humana, sino como un dato más, un dígito, un pixel que permite su registro y control de su organismo.


[1] elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

LA SIGUIENTE ES LA SEGUNDA DE TRES PARTES DE UN ENSAYO SOCIOLÓGICO DEL JOVEN MANUEL SÁNCHEZ, ESTUDIANTE DE SOCIOLOGÍA QUE REFLEXIONA ACERCA DE TODOS ESOS ‘FALLOS DEL SISTEMA’ QUE EL COVID DEVELÓ Y LA NETFLIXACIÓN QUE YA TRAJO A NUESTRAS SOCIEDADES.

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