Reflexiones

María Julia Hidalgo

Ella, mujer de mar

Hay una mujer de mar que decidió navegar el mundo, se enfrentó a la inmensidad… no necesitó atarse para no caer al mar

Para Susana Enríquez

Hay una mujer de mar que vive sintiendo la brisa, que captura sus tonos y decora la nostalgia. Una mujer de mar que contempla apacible la belleza mas no concede su anclaje. Segura de su vaivén, como ola de sal, siempre regresa aquietada y se interna en lo más profundo. Respira. Escucha el silencio. Reconoce el pálpito, lo siente, sabe que éste precede a la palabra… y… regresa al agua. Navega confiada, abrazada por el líquido primero, ese que la lanzó al mar. Resurge.

Hay una mujer de mar que decidió navegar el mundo, se enfrentó a la inmensidad. No fue Ulises sino Susana. Mas ella no necesitó atarse para no caer al mar y perderse entre el sonido envolvente de sus diosas. Sólo escuchó la música, la que compuso Manuel para endulzar sus oídos y abrazarla de amor. Lo hizo, así continuó. Grabó los colores, las raíces del norte, y voló con las hojas del sur. Suspira. La humedad la calma, refresca sus adentros, la alientan sus memorias. Escucha los gestos y se adentra en la mirada.

Hay una mujer de mar que palpita en cada trazo… que emerge en cada línea el azulado-cristalino-verde de la esperanza. Las aguas la llevan a Australia. El aire la mueve, la regresa  a su México florido, al tuyo, al mío.

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