Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Emprender para sobrevivir: una “necesidad privilegiada”

Una posible solución a esto es la economía compartida: que los diferentes insumos de producción puedan ser utilizados por varias personas.

La crisis del coronavirus ha tundido al mundo por varios meses, afectando la salud de millones, la vida diaria de la gran mayoría y la economía en distintas partes del globo. A unos cuantos meses de que fuera declarada una pandemia, aún seguimos preguntándonos cuándo acabará esta situación y cómo será el mundo después de esto. Sin embargo, a muchos de nosotros, el presente nos preocupa mucho más que el futuro.

Sobre nuestro país se cierne una crisis económica sin precedentes, de la cual comenzamos a ver las primeras cifras: en pocos meses, 12 millones perdieron su empleo y 15 millones lo han mantenido, pero tuvieron que aceptar una reducción de sus salarios. Como resultado, millones de hogares mexicanos han visto disminuir hasta en un 65% los ingresos familiares… encontrándose casos extremos en los que se han perdido la totalidad de estos.

Si nos encontráramos en un país de primer mundo, esto no sería mayor problema; probablemente el gobierno habría anunciado medidas para congelar el pago de rentas e intentar mantener con vida al mayor número de empresas, además de asegurar ingresos temporales que permitiera a la población permanecer en casa sin arriesgarse a morir de hambre o terminar con el ahorro de sus vidas.

Desafortunadamente, ese no es el caso. Los mensajes contradictorios de las figuras de autoridad han exarcerbado la desconfianza en el gobierno al tiempo que la economía nacional se tambalea. A pesar de que las Naciones Unidas han promovido que se garantice un ingreso básico temporal a la población más vulnerable en el mundo para desacelerar el aumento de los casos de COVID-19, muchos países han optado por hacer caso omiso a las recomendaciones, hecho que se refleja en un aumento sostenido de contagios.

Como consecuencia de la necesidad de ingresar lo mínimo indispensable para cubrir con los gastos básicos familiares, día con día surgen nuevas ideas de negocio en la que las personas, por iniciativa y urgencia propia, comienzan a utilizar las redes sociales para vender el producto de sus habilidades y pasatiempos. Miles de mexicanos apasionados de la repostería, la gastronomía o las manualidades han anunciado sus productos y sus nuevos proyectos.

Esta dinámica ha detonado exponencialmente los negocios familiares, permitiendo a cientos de miles emprender. Probablemente, de no haber habido una cuarentena y una crisis económica, muchos jamás hubieran dado el paso para hacerlo. Ahora, lo hacen porque no les queda de otra ya que, si bien los ingresos se detienen, los gastos continuan y, en algunos casos, aumentan.

Por un lado, estos nuevos negocios son tremendamente positivos: apoyan a reactivar la economía y rescatan los ingresos de las familias. Además, pueden ayudar anímicamente a las personas desempleadas o subocupadas al darles actividades y motivación en el día a día. Por el otro, en cambio, son proyectos tremendamente vulnerables: sin apoyos, sin formalidad ni sostén alguno más allá de las ganas y los recursos para salir adelante.

Los negocios surgidos a raíz de la pandemia dependen en gran medida de las ganas de ayudar de la sociedad; de que tengamos la consciencia social de consumir local y a empresas pequeñas en lugar de optar por aquellas trasnacionales bien establecidas cuya supervivencia no se encuentra en juego.

Diario se materializan sueños en forma de florerías, cursos de idiomas, pastelerías y restaurantes… todos ellos desde casa y vendiendo únicamente a través de la red. Emprender se ha considerado tradicionalmente un acto de valentía; una acción que conlleva riesgos… emprender durante la pandemia implica arriesgarse más, soñar más, trabajar más.

El resultado de esta realidad supone una inexpugnable barrera de entrada para millones de mexicanos: contar con la pasión, conocimiento o habilidad no es de gran utilidad si no cuentas con acceso a internet para establecer tus ventas o con un mínimo de recursos que permita solventar los gastos iniciales, que, aunque no suelen ser muy elevados por la naturaleza de los emprendimientos, para los mexicanos que viven al día pueden resultar inalcanzables.

Una posible solución a esto es la economía compartida: que los diferentes insumos de producción puedan ser utilizados por varias personas. Si, por ejemplo, cuentas con un horno, puedes apoyar a un conocido o amigo a que lo utilice para hacer pasteles que le permitan seguir pagando las medicinas de sus hijos. El cambio está en nosotros, ayudar también.

Sin quererlo, hemos regresado a modelos de producción anteriores: donde los bienes no eran producidos en masa, sino uno a uno con toda la dedicación y el cuidado posible. Hemos vuelto a lo local, a lo artesanal. No obstante, este modelo de producción que nos recuerda a antaño se mezcla con las nuevas tecnologías y una sociedad que ha sido moldeada por ellas para crear algo totalmente nuevo y que, como tal, puede ser adaptado para obtener el mayor provecho de ello.

Como sociedad debemos apoyarnos unos a otros, olvidarnos de nuestras diferencias para salir adelante más fuertes, más unidos, y a una nueva normalidad que supere nuestras mejores expectativas.

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