Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

En 2022, en México y en el mundo las desigualdades siguen creciendo

México sigue siendo un país con grandes desigualdades lo que se evidencia en las cifras globales que se han señalado, pero que también tiene expresión en las grandes disparidades regionales, la impresión de que tenemos un México en el norte y otro en el sur sigue estando presente.

A finales del año pasado se dio a conocer el INFORME SOBRE LA DESIGUALDAD GLOBAL 2022. Se trata de un reporte elaborado por el Laboratorio de Desigualdad Mundial, preparado bajo la dirección de Lucas Chancel y también coordinado por Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman. Es el producto de una impecable acumulación de datos que permite proporcionar las mejores respuestas a casi todas las preguntas que nos queríamos hacer sobre lo que está ocurriendo con la desigualdad en todo el mundo. Hoy analizo este documento observando el comportamiento mundial de los indicadores sobre desigualdad, distinguiendo la situación en las distintas regiones del mundo y poniendo especial atención al caso de México. Adelanto que parece que no hay buenas noticias.

Lo primero que habría que decir, observando la información del Informe, es que las desigualdades contemporáneas de ingresos y riqueza siguen siendo muy grandes. El estudio revela que en el mundo una persona adulta promedio gana 16,700 € PPA (23,380 USD PPA) por año en 2021, y posee en promedio 72,900 € (102,600 USD), pero estos promedios ocultan amplias disparidades tanto entre países como dentro de ellos. El 10% más rico de la población mundial recibe actualmente el 52% del ingreso mundial, mientras que la mitad más pobre de la población gana el 8.5%. En promedio, una persona ubicada en el 10% superior de la distribución mundial del ingreso gana 87,200 € (122,100 USD) por año, mientras que una persona que pertenece a la mitad más pobre de la distribución mundial del ingreso gana 2,800 € (3,920 USD) por año.

Pero las desigualdades mundiales de riqueza son todavía mayores que las que tienen relación con los ingresos. Se observa que la mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2% del total de la riqueza, mientras que el 10% más rico de la población mundial posee el 76% de toda la riqueza. En promedio, la mitad más pobre de la población cuenta con un patrimonio de 2,900 € PPA por adulto, es decir, 4,100 USD y el 10% superior tiene un patrimonio de 550,900 € (o 771,300 USD) en promedio.

Las desigualdades son también evidentes entre las distintas regiones del mundo. Se considera que Europa es la región que tiene los niveles más bajos, mientras que la más desigual es la región de Oriente Medio y África del Norte, conocida como MENA. En Europa, el 10% de los ingresos más altos se sitúa en torno al 36% del total de los ingresos, mientras que en MENA alcanza el 58%. En el Este de Asia, el 10% más rico registra el 43% del ingreso total y en América Latina, el 55%.

El Informe y los estudios que incluye consideran que las desigualdades de ingresos y riqueza han ido en aumento en casi todas partes desde la década de 1980, después de la implementación de una serie de programas de desregulación y liberalización que adoptaron diferentes formas en diferentes países. Sin embargo, se dice, el aumento no ha sido uniforme ya que algunos países han experimentado incrementos espectaculares de la desigualdad (incluidos EE. UU., Rusia e India) mientras que otros (países europeos y China) han presentado aumentos relativamente menores.

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En los siguientes gráficos, además de mostrar las regiones en las que las desigualdades o la concentración del ingreso son mayores, podemos apreciar cómo ha evolucionado la relación del ingreso promedio entre los grupos de mayores y menores ingresos. Así, en el último dato (2020) que se registra, se observa que el ingreso promedio del 10% superior global (los más ricos) es 38 veces más grande que el ingreso promedio del 50% inferior (los más pobres). Se observa también, que después de doscientos años, el ingreso del 10% de los ingresos más altos a nivel mundial, representa entre el 50 y el 60 por ciento de los ingresos totales, mientras que la proporción que le corresponde al 50% con los ingresos más bajos, es de menos del 10%.

Además, menciona el estudio, los multimillonarios mundiales han capturado una parte desproporcionada del crecimiento de la riqueza mundial durante las últimas décadas. Más específicamente, el 1% superior se llevó el 38% de toda la riqueza adicional acumulada desde mediados de la década de 1990, mientras que el 50% inferior capturó solo el 2%. Esta diferencia se debe a una grave desigualdad en las tasas de crecimiento entre los segmentos superior e inferior de la distribución de la riqueza. La riqueza de las personas más ricas del mundo ha crecido entre un 6% y un 9% anual desde 1995, mientras que el promedio ha aumentado un 3.2% anual. Desde 1995, la participación de la riqueza mundial propiedad del 0.01% más rico creció del 7% al 11%. Así, la participación de la riqueza en manos de multimillonarios también se disparó durante este período (del 1% al 3%) y este aumento se exacerbó durante la pandemia de COVID. De hecho, 2020 marcó el aumento más pronunciado registrado en la participación de los multimillonarios en la riqueza del mundo.

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El Informe del Laboratorio de Desigualdad Mundial también aborda la desigualdad de género y las grandes desigualdades asociadas a la emisión de carbono relacionadas con el cambio climático. En el primer caso, se destaca que en general la participación de las mujeres en los ingresos laborales totales (ingresos laborales) se acercó al 30% en 1990 y se sitúa en menos del 35% en la actualidad. Se señala que la desigualdad de ingresos de género actual sigue siendo muy alta. Con respecto a las desigualdades asociadas con la generación de contaminantes, se dice que las desigualdades mundiales de ingresos y riqueza están estrechamente relacionadas con las desigualdades ecológicas y con las contribuciones al cambio climático. En promedio, los seres humanos emiten 6.6 toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2) per cápita por año, pero la base de datos que se tiene sobre las desigualdades en las emisiones de carbono revela importantes diferencias en las emisiones de CO2 a nivel mundial. Se encontró que el 10% superior de los emisores es responsable de cerca del 50% de todas las emisiones, mientras que el 50% inferior produce el 12% del total.

De la desigualdad en México ¿Qué se dice?

Se dice que México es uno de los países más desiguales del mundo. Para tener una idea, en México, el ingreso nacional promedio de la población adulta es de 17,300 € PPA (o 232,790 MXN), pero mientras que el 50 % inferior gana 3,200 € PPA (MXN 42,700, 9% del total), el 10% superior gana más de 30 veces más (€99.400 PPA o MXN 1,335,030, 57% del total).

Se observa también, que a diferencia de las grandes economías europeas, asiáticas y norteamericanas, los datos disponibles sugieren que México no ha experimentado una reducción importante en los niveles de desigualdad durante el siglo XX, por lo que podría decirse incluso que en México esta ha sido extrema tanto en el siglo pasado como en el presente.  El 10% superior de participación en los ingresos ha oscilado alrededor de 55%-60% durante ese período, mientras que el 50% inferior ha sido constante en alrededor del 8-10%, haciendo de México uno de los países más desiguales en la tierra.

En cuanto a la desigualdad de riqueza, se tiene que en México la riqueza promedio de los hogares asciende a 62,000 €PPA (833,660 MXN) pero la mitad más pobre de la población está privada de ella ya que su riqueza neta es negativa, lo que significa que este grupo tiene en promedio más deudas que activos. Esto está en marcado contraste con el 10% superior de la población, que posee un promedio de €488,000 PPA (o MXN 6,561,490, 62% del total).

Por lo que corresponde a la desigualdad de género, se observa que la participación laboral femenina en el ingreso en México se ha mantenido en alrededor del 33%. Esta cifra ubica a México por debajo del promedio en América Latina. (35%) y en particular de países como Brasil (38%) y Argentina (37%). Así, aunque la participación del trabajo femenino en el ingreso ha aumentado significativamente en alrededor de un nueve por ciento a partir de 1990, apenas se ubica ligeramente por encima el promedio en África subsahariana (28%) y significativamente por debajo de los niveles en Occidente y Oriente Europa (38% y 41% respectivamente).

El estudio revela que las desigualdades de carbono también son muy altas en México. Para darnos una idea, las emisiones de carbono promedio son iguales a alrededor cinco toneladas per cápita, pero mientras que el 50% inferior de la población emite menos de 2 toneladas per cápita, las emisiones del 10% superior de la población son más de 10 veces mayor (20t). Estos niveles de las desigualdades son significativamente más altas que en Brasil (donde el 10% superior de la población emite ocho veces más que el 50% inferior) y comparable con China (12).

Dado que ya me extendí demasiado solo digo que pese a los esfuerzos que se están haciendo por reducir la desigualdad en México estos parecen insuficientes. El estudio que se ha analizado revela con crudeza que México sigue siendo un país con grandes desigualdades lo que se evidencia en las cifras globales que se han señalado, pero que también tiene expresión en las grandes disparidades regionales, la impresión de que tenemos un México en el norte y otro en el sur sigue estando presente. Recupero, ahora sí para terminar, una reflexión que en este espacio he compartido. En México y en el mundo, el problema es entonces más grande que la desigualdad o la concentración misma del ingreso, en tanto de ella se derivan un conjunto de desigualdades asociadas a la educación, la salud, la vivienda, las oportunidades de trabajo, el conocimiento, la cultura, el deporte, el transporte, la tecnología y el acceso a los servicios, entre otras.

Aunque las causas que explican la expansión de la brecha entre los que menos y más tienen son diversas, se encuentran principalmente en la globalización y el cambio tecnológico, que fundamentalmente se ha acompañado de un proceso de privatizaciones, de exenciones impositivas y de falta de protección al trabajo. Sobre eso habría que trabajar.  

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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