Reflexiones

EDITORIAL

En Sinaloa la gente decretó el “no pasa nada” frente al Covid-19

El panorama de la emergencia sanitaria va en sentido contrario de la actitud despreocupada de la población.

Es un hecho que una parte considerable de la población de Sinaloa que había respetado el aislamiento domiciliario y la sana distancia, ha regresado a las actividades normales conservando solo algunas medidas de prevención como el uso de cubrebocas y lavado de manos. El movimiento citadino en las calles, sitios de reunión, vialidades y transporte urbano manifiesta el relajamiento de las disposiciones sanitarias tendientes a evitar la propagación del coronavirus.

Esto a contrapelo de la insistencia de autoridades de salud que, como lo enfatizó ayer el jefe de las acciones nacionales anti Covid-19, Hugo López Gatell, remarcan que siguen vigentes en el país, estados y municipios los ordenamientos establecidos para contener los contagios. La gente, en tanto, ha dispuesto por decisión propia asumir los riesgos y quebrantar las reglas.

Tampoco los datos oficiales abonan a esa rebelde confianza que los ciudadanos han tomado respecto al desarrollo de la pandemia, pues a 12 días de que acabe la estrategia de sana distancia ayer los números de enfermos y fallecimientos causados por el virus Covid-19 seguían en fase preocupante: 5, 332 fallecimientos y 51 mil 663 casos de contagios confirmados en México y 297 fallecimientos y 716 casos activos en Sinaloa.

El panorama de la emergencia sanitaria va en sentido contrario de la actitud despreocupada de la población, pero sin duda al gobierno le corresponde una cuota considerable de tal apatía social que significa arriesgar bastante en lo que respecta al control del Sars Cov-2 e inicio de la recuperación. La deficiente coordinación entre las instituciones de salud federal y estatales, que se refleja en contradicciones sobre la ayuda, disposición de camas en hospitales y el estado en que se encuentra la curva de contagios, contribuye a la confusión.

Ahora se impone el doble reto de detener la propagación y establecer los pasos de la reactivación económica aun sin la certeza plena de cómo se comportará el nuevo coronavirus en las próximas semanas. La reanudación de la venta de bebidas alcohólicas y el inicio el 1 de junio de la llamada “nueva Normalidad” propiciarán mayor desobediencia a las medidas de prevención y prueba de ello es que en Culiacán, la ciudad sinaloense con mayor número de contagios y muertes por Covid-19, los habitantes decretaron “el no pasa nada” por disposición popular.

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