Reflexiones

Alejandro Luna Ibarra

En Sinaloa, ¿los ricos contra los pobres en 2021?

En algunos estados como Sinaloa existe un amplio segmento de población intermedio que no se puede ubicar propiamente en ninguno de los dos extremos (ricos o pobres), pero cuya decisión político-electoral sí depende en gran medida de su representación social más cercana a los pobres o a los ricos.

En la década de los 80s del siglo pasado arribó al poder en México una élite de jóvenes brillantes con una visión globalizadora, formados en universidades inglesas y norteamericanas para gobernar y controlar a los países del tercer mundo bajo la égida emergente del neoliberalismo impulsado por los gobernantes de esas potencias –Ronald Regan en EU y Margaret Tatcher en Inglaterra—, que planteaba disminuir al mínimo las regulaciones del Estado a las empresas y dejar todo a las fuerzas del mercado. Así, Carlos Salinas de Gortari vendió todas las empresas estatales que tenían potencial económico formando con ello una nueva casta de poderosos, en la que se incluyó.

La nueva casta del poder denominada “los tecnócratas” –los nuevos técnicos aristócratas del poder (para distinguirlos de “los políticos”) —, se apropió del PRI como el vehículo de acceso al poder por excelencia y se enriqueció con el uso de información privilegiada. Era soberbia, sin más ideología que el poder y sin más religión que el dinero, totalmente desarraigada y desvinculada de los sectores sociales. Los tecnócratas gobernaban como haciendo un favor a los mexicanos, vendiendo “espejitos” de grandeza mientras se ocultaba el saqueo de los recursos y las riquezas del país.

La pobreza extrema creció a niveles alarmantes y estrategias como el rescate bancario del FOBAPROA terminaron por provocar un rechazo generalizado al PRI propiciando la llegada del PAN a la presidencia de la república. Sin embargo, la nueva casta del poder, con acceso a información privilegiada, iba un paso adelante y se había apropiado también del PAN, por lo que tuvieron que pasar y tres sexenios para que la sociedad entendiera que ambos partidos eran representantes del mismo poder y decidiera sacarlos del gobierno a través de las elecciones.

Así, Andrés Manuel López Obrador, quien desafió al sistema de poder en el 2006 y en el 2012, se convertiría en el “héroe” de los mexicanos en el 2018, dejando claro, desde la propia presidencia de la república, que no se trata sólo de una lucha entre partidos, sino, en esencia, de una confrontación entre dos visiones: una que privilegia la ganancia económica, por encima de las necesidades sociales y otra que prioriza en el bienestar social y una mejor distribución de la riqueza, la cual que se concreta en la confrontación entre los representantes y defensores de los intereses de las élites económicas y los representantes y defensores de los pobres.

Y aunque no se puede hacer una clasificación mecanicista, porque no todos los que tienen más ingresos económicos están de un lado y los que tienen menos ingresos están del otro, en términos generales si se podría aventurar que la mayoría de los que están a favor de López Obrador y la 4T son “pobres” y que la mayoría de los están en contra, son quienes tienen más recursos.

Tiene mucho sentido, por ello, la máxima de AMLO “primero los pobres”, bajo la lógica de que los pobres son mayoría en este país y de que éstos serán definitorios en las elecciones del 6 de junio para seguir apuntalando la 4T.

Sin embargo, la pobreza no es sólo la carencia o la escasez de recursos económicos, sino, a riesgo de que me corrija el doctor Fidencio López, una representación social de sí mismos, de ahí que muchos pobres pueden no pensarse pobres y algunos ricos pueden no pensarse ricos. Además, en algunos estados como Sinaloa existe un amplio segmento de población intermedio que no se puede ubicar propiamente en ninguno de los dos extremos (ricos o pobres), pero cuya decisión político-electoral sí depende en gran medida de su representación social más cercana a los pobres o a los ricos.

Es decir, no es la realidad la que determina las acciones de las personas, sino la representación que éstas tienen de la realidad, como diría Gregory Bateson recuperando a Korzybski, sobre todo en esta coyuntura político-electoral donde no hay punto medio, por lo que los segmentos sociales intermedios, más cercanos a la clase media que a los extremos, tendrán decidir a quién apoyar: a los candidatos de los pobres o a los candidatos de los ricos.

En este esquema, las elecciones del 6 de junio de este 2021 bien podrían definirse en función de la asociación de los candidatos con estos dos extremos: ¿quién es el candidato identificado con los pobres y quien es el candidato identificado con los ricos?

EL ALAZAN Y EL ROSILLO

En Sinaloa, en este proceso electoral no es difícil distinguir quién es quién. El candidato de la alianza PRI-PAN-PRD, Mario Zamora Gastélum, es un empresario próspero, hijo de un empresario agrícola con inclinaciones políticas, del norte del estado, fiel representante del sector empresarial, muy vinculado a la élite que gobernó el país del 2012 al 2018, bajo la presidencia de Enrique Peña Nieto. Ahijado político del ex candidato presidencial priísta y ex secretario de hacienda, José Antonio Meade, fue la carta del senador Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de gobernación con EPN, y cabeza del grupo Hidalgo, quien lidera la gran alianza PRI-PAN-PRD contra el presidente López Obrador y la 4T. No es difícil deducir que sería el candidato de los ricos.

En la contraparte, el candidato de la alianza Morena-PAS, Rubén Rocha Moya, originario de Batequitas, en la sierra de Badiraguato, es profesor de educación primaria, maestro universitario y ex rector de la UAS. Desde su juventud militó en organizaciones de izquierda que lo llevaron a ser legislador local y hasta fue candidato a gobernador en 1998 por el PRD, hasta que se integró al gobierno de centro izquierda de Jesús Aguilar Padilla. Rocha logró vincularse al sector empresarial durante su participación en el gobierno, pero su mayor capital político está en el sector universitario ligado a la UAS, identificada históricamente con las causas populares y los sectores más desprotegidos de la sociedad sinaloense, a los que la universidad les ha dado oportunidad de formarse profesionalmente y lograr mayores niveles de vida y de bienestar, lo que lo colocaría en esta elección como el candidato de los pobres.

Queda claro que la próxima elección del 6 de junio en Sinaloa será entre el candidato de los ricos y el candidato de los pobres, como la carrera de San Benito, Mocorito, entre el Alazán y el Rosillo (el Rosillo de los pobres y el Alazán de los Ricos), porque, esta vez no hay puntos medios, sin embargo, habría que ver como se piensa así mismo ese gran sector más cercano a la clase media que a los extremos y con cual candidato se siente mejor representado.

¿Cómo se piensa la mayoría de los sinaloenses que van a votar el próximo 6 de junio: rico o pobre? ¿Con quién es su mayor identificación? La pregunta es válida, sobre todo, para ese gran segmento intermedio que no es rico pero tampoco vive en la pobreza extrema y que forma parte de ese gran 34% que aparece en la encuesta de UPAX y Polls.mx como electores indecisos.

CANDIDATOS Y GOBERNANTES DE SINALOA

En la historia más reciente de los últimos 20 años, Juan S. Millán Lizárraga fue gobernador de Sinaloa de 1999 al 2004, identificado con los pobres. Había sido líder de la Federación de Trabajadores de Sinaloa, representación estatal de la CTM. En las urnas venció al empresario, ex presidente de la CONCANACO, Emilio Goicoechea, el candidato de los ricos, postulado por el PAN, y al candidato de la izquierda, Rubén Rocha Moya, que representaba a un pequeño sector de los pobres, vinculado a la ideología de orientación socialista.

Jesús Aguilar Padilla heredó el gobierno de Juan Millán. Aguilar también estaba identificado con los pobres. Era originario de Cosalá y avecindado en la Colonia Agrícola México, mejor conocido como “Palmitas” –comunidad formada por once organizaciones de tierras ejidales, en el corazón agrícola de Angostura— y había sido dirigente de la Federación de Trabajadores de Sinaloa cuando gobernó a Sinaloa del 2005 al 2010.  En las elecciones del 2004 venció al empresario, Heriberto Félix Guerra, representante de los ricos, postulado por el PAN y respaldado por el presidente empresario Vicente Fox, en una ajustada contienda electoral que casi terminó en empate, lo que ya anuncia el empoderamiento del sector empresarial. Aguilar sumó a la campaña –y a su gobierno— a destacados personajes que militaron en la izquierda, como José Domínguez, Cenobio Ruiz, Joel Hernández y al propio Rubén Rocha.

Durante los gobiernos federales panistas cobraron fuerza inusitada, en Sinaloa, los aspirantes a ser gobierno, de extracción empresarial, de tal forma que, en pleno auge del neoliberalismo, que se presentaba como el sistema perfecto en las estadísticas macroeconómicas, frente a la ineficiencia y corrupción de los gobiernos priístas, en el 2010 no hubo candidatos de los pobres. Ambos candidatos, Jesús Vizcarra Calderón y Mario López Valdez eran empresarios provenientes del PRI, con la diferencia de que el segundo capitalizó el desprestigio priísta para extraer el voto de los pobres al “brincarse las trancas” del PRI y –en señal de rebeldía—, postularse por la oposición encabezada por el PAN, encarnando el espíritu de Chico Che y Jesús Malverde, pero pronto regresaría a su esencia pragmática para terminar haciendo lo contrario que el “bandido generoso” que “robaba a los ricos para ayudar a los pobres”.

Ante la gran decepción por el desempeño del gobierno malovista –inverso del “bandido generoso”; ante la debacle de los gobiernos panistas, y sin un candidato identificado con los pobres, en el 2016, la mayoría de los sinaloenses votó por el desconocido candidato de los ricos, Quirino Ordaz Coppel, postulado por el PRI y respaldado por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Al menos no cargaba con el desprestigio de los políticos. Quirino, carta de Peña Nieto, con el 41% de los votos venció al también candidato de los ricos, Martín Heredia, apoyado por el ex presidente Felipe Calderón, postulado por el PAN, que apenas logró el 17% de los votos. La novedad fue la aparición del ex rector de la UAS, Héctor Melesio Cuén Ojeda, que surgió como un candidato intermedio, postulado por el emergente Partido Sinaloense, que alcanzó el 26% de los votos.

Los excesos de los neo tecnócratas itamitas que llegaron al poder en el 2012, en el periodo de Enrique Peña Nieto, la injusticia, los abusos de poder y el evidente enriquecimiento de unos cuantos a la sombra y protección del gobierno, mientras aumentaba el número de pobres en “pobreza extrema”,  recrudecieron las diferencias entre ricos y pobres y llevaron a la presidencia a López Obrador y a la mayoría de sus candidatos a través del partido Morena.

El proceso electoral del 2018 generó una “ola lópezobradorista” que sigue influyendo en la mayoría de los mexicanos, lo que influirá de manera determinante en las elecciones del 6 de junio, sin embargo, hay algunas circunstancias diferentes. Ya no estará AMLO en las boletas, la evaluación del desempeño de algunos los gobernantes morenistas no les favorece, hay división en las filas morenistas derivada de las pugnas internas por las candidaturas a alcaldes y diputados federales y locales, se postuló a muchos candidatos atendiendo más la presión de sus grupos que su rentabilidad electoral, lo que permite suponer que Morena tendría una disminución importante en su votación en la próxima elección, por lo que los resultados podrían variar en función del perfil y el desempeño de los candidatos en las campañas.

El inicio de la campaña electoral permite identificar claramente dos discursos, considerablemente distintos, de los candidatos, que refrendan la filosofía y los intereses de los sectores que representan. Habrá que esperar ver si esta vez el Alazán de los ricos cambia la historia y logra remontar al Rosillo – al momento de arranque de la carrera la intención de voto no le favorece—, o hay que “formarle al cuadro” al diablo Higuera si pierde la carrera.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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