Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Energías limpias, el siguiente paso para el progreso

El progreso y la sustentabilidad no tienen por qué ser enemigos, ¡podemos lograr ambos con las herramientas adecuadas!

La Revolución Industrial fue vista como un parteaguas en la historia de la humanidad; un cambio absoluto de paradigmas que transformó para siempre la manera de producir… y la de consumir. En su galopante avance, poco conocíamos sobre el nefasto precio que pagaríamos en nuestro medio ambiente: extinción masiva de especies, cambio climático, la cuenta regresiva del agua potable y, en general, un tremendo desequilibrio en la distribución de los recursos y los privilegios.

Ahora, con el conocimiento empírico y científico que hemos obtenido y el desarrollo tecnológico, uno pensaría que hemos corregido el rumbo y ajustado nuestro estilo de vida tomando como referencia conceptos como la economía azul, la ecotecnología o, al menos, el desarrollo de ciudades más verdes. No obstante, no ha sido así. Hemos priorizado el progreso por encima de todo, a costa de nuestra biodiversidad y enfrentamos el enorme reto de generar cambios definitivos y notorios en menos de siete años para sobrevivir como especie, con el mundo que ahora conocemos.

Incluso, hemos politizado y desairado un tema clave para transformar nuestro entorno y las condiciones de vida: las energías limpias. Estas fuentes de energía se consideran prácticamente inagotables, no contaminan y se pueden integrar al entorno de una manera respetuosa con las comunidades y las personas. Entre ellas, se encuentran la energía eólica, la energía solar y la mareomotriz, las cuales han proliferado en algunas partes del planeta.

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Si bien implementarlas no es barato y requiere de esfuerzos colectivos para transitar de esquemas tradicionales a limpios, podemos encontrar cada vez más testimonios de ciudades que lo han logrado con éxito, como es el caso de Babcock Ranch, Florida, un pueblo de energías verdes y cableado subterráneo, pletórico de sol y palmeras que sobrevivió al devastador huracán Ian sin un solo apagón gracias a su inmenso panel solar con 700 mil secciones que genera más que suficiente energía para las dos mil casas a su alrededor.

Mientras el resto del mundo avanza en el tema, en México sigue siendo una asignatura pendiente. Es una ironía que roza la ridiculez, por un lado, el sector energético es la segunda actividad productiva en el país con mayor aportación en la emisión de los gases de efecto invernadero, por el otro, contamos con tremendo potencial para las energías verdes. 

En primer lugar, nos encontramos en el conocido como “cinturón solar”, lo que, en conjunto con la geografía mexicana, nos permite que más del 80% de nuestro territorio sea óptimo para la producción de energía solar. En segundo, contamos con amplias áreas del país que son idóneas para la producción de energía del viento, con especial consideración a las costas, pues estas cuentan con corrientes de aire constantes. Tan solo en Sinaloa, se cuenta con áreas marítimas que podrían generar suficiente energía para surtir al país entero. En tercer lugar, pero no menos importante, la energía mareomotriz, que depende del movimiento de las mareas, podría implementarse en el Golfo de California con éxito.

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Por lo anterior, no es sorprendente que el territorio y recursos posicionaron a México entre las 10 naciones más atractivas para invertir en energías limpias en el mundo… hasta que, en 2021, caímos catastrófiamente en un estudio de EY que nos posicionó en el lugar 33 de 40 debido a políticas gubernamentales, obstáculos regulatorios e incertidumbre. Esto nos debilitó frente a una oportunidad histórica que podría ayudarnos a solucionar diversas problemáticas, desde el daño a nuestro medio ambiente hasta la crisis económica, pasando por la falta de acceso a servicios básicos que aun aqueja a zonas marginadas. 

En las energías limpias podría encontrarse la fórmula ideal para remontar en mercados internacionales, generar empleos, dar paso a nuevas trayectorias profesionales, innovar, especializarnos e invertir en un proyecto que, de llevarse a cabo adecuadamente, mejoraría las condiciones socioeconómicas de millones de mexicanos. Con ellas, podríamos posicionarnos como una potencia mundial con autosuficiencia energética que lidere los esfuerzos por un mundo donde el progreso humano no implique el deterioro de nuestro planeta y nuestra calidad de vida.

El progreso y la sustentabilidad no tienen por qué ser enemigos, ¡podemos lograr ambos con las herramientas adecuadas! Ya basta de medidas marginales para cambiar al mundo… la humanidad necesita avanzar hacia una existencia más limpia y amigable con su entorno, donde pueda realmente coexistir con la naturaleza de manera responsable. Las energías limpias son una pieza fundamental e indispensable para realmente ralentizar el cambio climático y evitar el cataclismo. Si el proyecto de Babcock Ranch surgió como un emprendimiento independiente y ahora es ejemplo mundial, piensa lo que podríamos lograr en conjunto.

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¿Te imaginas si nuestro país lidere los esfuerzos, trabajando en conjunto por un verdadero bien común? 

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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