Reflexiones

Alejandro Luna Ibarra

¿Entregará AMLO su poder en Sinaloa al “viejo PRI”?

El dinero no tiene ideología. El sello del ex gobernador Millán y su filosofía dominó el escenario. Hay que ganar sin importar por cual partido.

En Chihuahua se enfrentaron violentos a las fuerzas federales llevando un compromiso internacional establecido, al terreno electoral; en la ciudad de México tomaron calles y montaron casas de campaña ocupadas con paquetes de más casas de campaña –para que no se las llevara el viento— para simular un movimiento social; en Sinaloa, más sutiles, usan una casaca morada sobre la tricolor para ir a venderle sus cuadros, pero al final el objetivo es el mismo. Frenar al presidente Andrés Manuel López Obrador; hacerle “manita de cochi” para mantener los privilegios que les dio el viejo régimen ¿Ya lo doblaron en Sinaloa?

El informe del senador Rubén Rocha Moya fue todo un éxito. Cumplió su compromiso formal con los morenistas y le envió un mensaje contundente al presidente López Obrador al proyectar que no sólo tiene el respaldo del líder del senado, Ricardo Monreal –quien encabeza una fuerza política nacional en busca de su postulación a la presidencia en el 2024—, sino que cuenta con el apoyo unificado de los dueños del dinero y del poder político en Sinaloa.

El mensaje del jefe del senado, Ricardo Monreal, a Rocha, en su informe, fue muy efusivo, extásico, al referirse a “mi amigo”, el senador Rocha, trasluciendo un interés que trasciende con mucho al mero compañerismo de bancada y que se asemeja más al de complicidad.

Previo al informe de Rocha ya habría definido su apoyo el ex gobernador Juan S. Millán, el más audaz y astuto de los políticos de las últimas décadas en Sinaloa, que supo controlar tanto a los líderes priístas como a la oposición (panista y perredista); que se adelantó a los tiempos de la degradación política al advertir que ya no importaban las siglas ni las ideologías de partidos, sino los intereses económicos. Millán no ha perdido ninguna elección estatal desde su mandato.

Al final de su gobierno, postuló a su secretario de desarrollo social, Jesús Aguilar Padilla, como su candidato a gobernador por el PRI, y a su secretario de desarrollo económico, Heriberto Félix Guerra, por el PAN, después de haber convencido al candidato natural –entonces icónico— Manuel Clouthier, de que no se lanzara, advirtiéndole que si ganaba su cuñado Heriberto, él podría hacer los negocios que quisiera y sin arriesgar nada, pero si él se lanzaba y perdía, perdería mucho dinero que no iba a recuperar. Clouthier cayó en el juego, se hizo a un lado y Heriberto perdió.

Así, Millán ganó con Jesús Aguilar Padilla y volvió a ganar en el 2010, pero esta vez con la oposición al PRI, al vencer al candidato priísta de Aguilar, Jesús Vizcarra Calderón, postulando a Mario López Valdéz, el célebre Malova, quien pasó a la historia por encabezar el peor gobierno de la historia de Sinaloa y cuyos efectos aún se sienten en el bolsillo, las deudas y las demandas que les dejó a miles de trabajadores del gobierno, al birlarles sus abonos a proveedores y sus fondos de ahorros. Juan venció al PRI con el propio PRI.

Junto con Millán –como siempre en casos de definición de proyectos políticos— también estaría Enrique Coppel y el gobernador Quirino Ordaz Coppel, quien encabeza su propia fuerza política articulada en Puro Sinaloa y el ex gobernador Jesús Aguilar Padilla, jefe del grupo político priísta en el que milita el senador Rocha Moya, y quien lo metió a las esferas del poder, primero como jefe de asesores de su gobierno, luego en el gobierno federal en el sexenio pasado y posteriormente como jefe de asesores del actual gobernador Quirino Ordaz, demostrando que el senador es un cuadro útil y confiable para ese grupo de poder.

Rocha forma parte del grupo político de izquierda que coptó Juan S Millán en los tiempos de Alfonso G. Calderón a finales de los 70s para impedir la llegada de Antonio Toledo Corro al gobierno de Sinaloa. Aunque la encomienda fracasó –sí llegó Toledo— la relación entre Millán, en ese tiempo líder obrero de la Federación de Trabajadores de Sinaloa, filial de la CTM, y los ex izquierdistas, se mantuvo, aunque con bajo perfil y fue hasta la llegada de Jesús Aguilar Padilla a la gubernatura en el 2004, cuando el grupo ex izquierdista se instaló en el poder en el estado. Cenovio Ruiz, Joel Hernández, José Domínguez, Rubén Rocha, fueron algunos de los nombres más relevantes en el sexenio aguilarista.

Y por gestiones del gobernador Quirino, también estarían con Rocha los principales íconos del poder económico, Jesús Vizcarra, Joel Valenzuela, Carlos Verdegué, Leovigildo Carranza, Guillermo Aguirre, Sabastián Arana, Juan Manuel Ley Bastidas, Ernesto Coppel, dueños del dinero y uno de los principales respaldos históricos de los candidatos priístas al gobierno del estado.

El dinero no tiene ideología. El sello del ex gobernador Millán y su filosofía dominó el escenario. Hay que ganar sin importar por cual partido. Y el PRI ahora está en la lona, por lo que apostar a sus candidatos sería muy riesgoso. Sergio Torres, Jesús Valdez, Aarón irízar, o incluso, Rosy Fuentes, garantizan lealtad y compromiso, pero no votos, así que es más seguro postular un candidato morenista, pero leal a la cultura y al sistema priísta, confiable y probado defensor de sus intereses económicos.

Sin embargo, lo mismo se hizo, en buena medida, con el candidato Malova. Se le vendió esperanza a la sociedad con un priísta “rebelde” encabezando una coalición opositora, para llegar al gobierno, pero se gobernó con muchos cuadros priístas de dudosa calidad moral, encabezados por Gerardo Vargas; se ejerció el gobierno sin ética y con un estilo gansteril y desaseado en sus fianzas –al terminar el gobierno su tesorero fue a dar a la cárcel— y se defendieron los mismos intereses económicos. Los trabajadores fueron los más lastimados en ese sexenio “de cuotas y de cuates”. Ganó Millán, ganó Malova, ganaron los dueños del dinero. Perdió la coalición ganadora, perdió la oposición y perdió la sociedad que depositó su esperanza en un candidato priísta con un discurso “rebelde”.

La oposición que consideró que había ganado, sólo recibió migajas y la “quemada” de haber sido parte del gobierno más corrupto de la historia. Juan Guerra y Eduardo Ortiz no fueron incluidos para representar a sus partidos, sino como puentes con potenciales candidatos a la presidencia de la república, Marcelo Ebrard (jefe del gobierno del DF) y Heriberto Félix Guerra (secretario de SEDESOL federal en el gobierno de Felipe Calderón). El dirigente estatal del PRD, clave en la promoción del voto para el triunfo de Malova, sólo mereció la dirección del CONALEP (posición de cuarta) donde luego le pusieron un “cuatro” para correrlo acusado de hacer mal uso de recursos.

Hoy el experimento parece estar a punto de reeditarse, con otros candidatos, pero con el mismo sistema. ¿Quién gana si gana la gubernatura el senador Rocha Moya? ¿Tienen la fuerza los morenistas para influir en el nombramiento del equipo y las decisiones de gobierno si llega el senador Rocha? ¿La experiencia de haber sido excluidos de facto en el gobierno municipal de Jesús Estrada Ferreiro les habrá enseñado suficiente o están condenados a festejar el triunfo y a padecer, excluidos, los gobiernos de sus candidatos?

El mensaje que envían las fuerzas políticas tradicionales al presidente López Obrador en favor de Rubén Rocha Moya, es contundente en momentos en que están por decidirse las candidaturas a los gobiernos estatales. Sí a un morenista, pero leal al sistema priísta y defensor probado de los intereses económicos empresariales históricos de Sinaloa. Al fin que el discurso del candidato no importa, lo que importa son las decisiones del gobernante, ya que, una vez que llega al gobierno, nadie puede obligarle a cumplir legalmente sus compromisos de campaña, ni siquiera el presidente de la república, porque el estado es “libre y soberano”.

Es decir, le están haciendo saber al presidente que las fuerzas económicas y políticas priístas de Sinaloa ya decidieron ir con Morena en el 2021, siempre y cuando el candidato sea el senador Rocha Moya, que les ha probado su lealtad y compromiso. De lo contrario, si el presidente López Obrador se decantara por otro candidato morenista, podrían jugarle las contras, ofreciendo su apoyo al candidato del PRI o, incluso, postulando al senador como su candidato por otro partido. Es decir, le quieren hacer “manita de cochi” al presidente para obligarlo a decidirse por el senador monrealista, ofreciéndose como sus aliados potenciales, especialmente en momentos de efervescencia mediática de las acciones del FRENA.

¿Le entregará López Obrador su poder al viejo PRI en Sinaloa? ¿Los ocupará tanto en el 21 como para darles todo? ¿Les tiene miedo? ¿Les tiene confianza? ¿Lo pueden doblar para imponerle a su candidato? ¿No tiene otro candidato el presidente? ¿Representa el senador la única opción de triunfo y gobernabilidad para AMLO? ¿Estarán condenados los morenistas a festejar el triunfo de sus candidatos y a padecer la discriminación y exclusión de sus amigos gobernantes?

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