Reflexiones

Malú Morales

Gringo Viejo

Yo no me mataré nunca a mí mismo, porque así murió mi hijo y no quiero repetir su dolor.

Escribir sobre la obra de un escritor de la talla de Carlos Fuentes, me parece una osadía, siendo uno de los autores mexicanos más prolíficos del siglo XX, con más de 50 libros publicados dentro de una visión universal entre lo real y lo fantástico; Carlos Fuentes (1928-2012) recibió los reconocimientos más prestigiados del mundo literario, menos el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca se lo quedó a deber.

GRINGO VIEJO  es la historia de un escritor y periodista norteamericano llamado Ambrose Bierce, quien: En 1913 se despidió de sus amigos con una carta en la que se declaraba viejo y cansado. Quería morir y elegir cómo. La enfermedad y el accidente le parecían indignos; en cambio, ser ajusticiado ante un paredón mexicano… Este texto aparece en la contraportada de la edición Alfaguara. Bierce es un personaje real. Él decidió su muerte cuando se aventuró a cruzar la frontera para llegar a un México en plena revolución. Llevaba en mente la idea de que: Ser un gringo en México: eso sí es eutanasia… Cuando bajó del tren en El Paso, vestido de negro con una pequeña maleta, algunos libros escritos por él y un ejemplar de El Quijote, lo primero que hizo fue comprar un caballo. Su estatura y su delgadez, la mirada clara, su cabeza plateada, sus arugas como surcos de maizal, llamaron la atención hacia aquel viejo de 72 años. Le fue informado que Chihuahua era el territorio de Pancho Villa y hacía allí se dirigió pensando que: México era un gigantesco cadáver con huesos de plata, ojos de oro, carne de piedra y un par de cojones duros de cobre… En Chihuahua atravesó  el campamento de las tropas; un guía espontáneo de 11 años lo condujo hacia un hombre con autoridad, quien  escuchó las palabras del viejo: Quiero pelear. Vine a pelear… la respuesta fue: Anda, vete, éste es un ejército, no un asilo de ancianos…el viejo con tono frío: Ande, pruébeme. El hombre con cargo de general sacó su pistola aventándosela al gringo, que la agarró en el aire para enseguida sacar un enorme peso de plata reluciente, echarlo al aire y ver al viejo disparar a la moneda en el momento preciso, de tal modo que le hizo un hoyo perfecto. El general, guardando su admiración acepta al viejo en su tropa. Ambos se identifican: General Tomás Arroyo de las tropas del General Francisco Villa y el viejo: General en el Noveno Regimiento en la guerra civil Norteamericana; así, sin nombre. El gringo es conducido al tren en el que viajan y en el que recorren las grandes extensiones de tierra de la familia Miranda que había huido de la revolución hacia Europa, dejando abandonadas sus posesiones.

Al llegar a la hacienda de los Miranda, el gringo descubrió a una joven mujer norteamericana que se atropellaba por entrar a la parte de la enorme construcción que aún no había sido incendiada. Allí estaba ella, terca y poco realista argumentando que había llegado a ese lugar contratada por los dueños como institutriz de sus hijos; con sorna le dieron a entender que los señores habían huido por lo que ya no tenía razones para estar ahí. Sin embargo, Harriet Winslow, orgullosa, venida desde Washington para enseñar a unos niños ausentes, se defiende: He recibido mi pago y permaneceré aquí hasta que la familia regrese… comentarios que desataron la risa de todos. Ella se dirige al gringo viejo: Ayúdeme… El general Arroyo le pide al viejo que se ocupe de ella. La mujer determina que se quedará a enseñar a los hijos de la tropa y ambos gringos se unen reflejando su desolación en los ojos del otro. Los planes de los soldados eran los de unirse con el Gral. Villa en Zacatecas, por lo que continúan su camino instalando a la maestra en el tren. En el camino, el gringo viejo demuestra su valentía ante un grupo de soldados federales que los atacan, arrebatándoles una ametralladora que es lazada con precisión. El gringo es aclamado por la hazaña. Él piensa: No es muy difícil ser valiente cuando no se tiene miedo a la muerte… Miss Harriet y el viejo se hacen confidencias durante los escasos paseos mientras la tropa descansa. Se entera de la decisión del hombre de morir en esa revolución. Se abren las confidencias y él le declara: Yo no me mataré nunca a mí mismo, porque así murió mi hijo y no quiero repetir su dolor. La muchacha le habla de su madre que se quedó viuda esperando en su país a la hija y al esposo perdido en una batalla en Cuba.

El Gral. Arroyo, hijo de madre violada por el patrón de la hacienda, con sueños de apoderarse de las propiedades abandonadas, enamorado de la gringa sin destino, se deja subyugar por el atractivo de la joven. Ella se deja seducir por él, ante la mirada reprobatoria del viejo que le reclama el haberse entregado al revolucionario; él la ve como hija-esposa-amante. En la revuelta, Arroyo captura a un grupo de soldados federales a quienes manda a fusilar; ordena al gringo que le dispare al de más rango, pero el viejo se niega a matar por la espalda, lo que desata el rencor del general y una especie de rivalidad a causa de la joven maestra. Motivos que Arroyo acumula para pensar en  matar al viejo.

Esta historia está sostenida por cuatro pilares: La historia de la revolución mexicana; la muerte; un explosivo erotismo y la poesía brutal de Carlos Fuentes.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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