Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Home office, radiografía de la desigualdad mexicana

Una de las transformaciones sociales más profundas producto de la pandemia ha sido la transición a un esquema de trabajo distinto que permite la colaboración de equipos remotos aprovechando las tecnologías digitales: el home office.

De la noche a la mañana, los mexicanos alcanzamos lo que parecía un sueño lejano: trabajar sin tener que salir de casa. Sin embargo, la realidad nos sorprendió al mostrarnos que, si bien es un modelo lleno de bondades, no todo es de color de rosa, llevando a un porcentaje de personas a cuestionarse si realmente deseaban retener un esquema de trabajo remoto de manera permanente.

Mientras algunos de nosotros nos entretenemos debatiendo si la modalidad de trabajo remoto es o no una bendición, para millones de mexicanos aún parece totalmente inalcanzable considerarla siquiera como una opción. Para otras, ha evidenciado aún más la enorme brecha de género, demostrando que la desigualdad en nuestro país no siempre se relaciona con el ámbito económico.

En efecto, las nuevas tecnologías nos han permitido revolucionar nuestra manera de interactuar… pero ¿qué hay de todos aquellos que no cuentan con la tecnología mínima indispensable para trabajar desde casa? ¿qué hay de aquellas que, sí cuentan con la infraestructura mínima necesaria, pero, por el hecho de ser mujeres ven obstaculizado su desempeño profesional?

La desigualdad económica es quizá la más visible en momentos de crisis como el que enfrentamos actualmente. Como resultado, es más fácil de medir y analizar. De manera general, el Home Office requiere, al menos, de los siguientes insumos: electricidad, acceso a internet, computadora o tableta y un espacio mínimo para habilitar como oficina; es decir, aunque sea una mesa sobre la que puedas trabajar libre de distracciones.

Si comenzamos por lo más básico, el acceso a la electricidad, tendríamos que descartar de la posibilidad de realizar Home Office al ¡1.8% de los mexicanos que aún no cuentan con este servicio tan básico! Además, el 35% de los mexicanos aún no cuenta con acceso a internet, ya sea móvil o en su hogar, cifra que se concentra principalmente en las zonas de mayor pobreza económica en el país.

En pleno siglo XXI, la penetración de internet es aún un sueño lejano, pues se estima que 49% de los hogares sin acceso a la red se concentran en siete estados: Veracruz, Puebla, Oaxaca, México, Jalisco, Guanajuato y Chiapas. Mientras en zonas urbanas la difusión del internet es alta, en Chiapas solo 25 de cada 100 viviendas cuentan con acceso a la red.

Ahora bien, aún queda un porcentaje significativo de mexicanos que podrían hacer Home Office… hasta que consideramos los resultados de la última Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (Endutih) en 2019, 56% de los hogares no cuentan con computadora.

Si encima de todo, recordamos que, según estimaciones recientes de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, el 38.4% de la población habita viviendas en condiciones de hacinamiento y sin servicios, lo que implica que no cuentan con un espacio mínimo para habilitar como oficina, la perspectiva sobre el trabajo remoto en México se vuelve aún más desilusionante.

Meramente por requerimientos técnicos, se podría descartar de la posibilidad del Home office a prácticamente la mitad de la población por reunir una o varias de las características anteriormente mencionadas. Si analizáramos además los requerimientos de escolaridad o profesionales, el panorama sería aún más desalentador.

El trabajo desde casa además nos ha enfrentado a la otra desigualdad: a pesar de que las mujeres hemos logrado conformar el 40% de la Población Económicamente Activa, aún queda un largo camino por recorrer. En muchos casos, tanto los hombres como las mujeres de una familia cuentan con la posibilidad de trabajar de manera remota. Sin embargo, las condiciones de trabajo en casa son muy diferentes.

De acuerdo con estimaciones de Aequales, una organización especialista en brecha de género en el ámbito laboral, por cada hora que dedica un hombre a labores domésticas, en promedio, la mujer dedica tres horas. Esta desproporcionada carga en las labores del hogar y el cuidado de la familia, que recae en gran medida sobre las mujeres, ha afectado en gran medida el desempeño profesional durante la pandemia pues constantemente ven interrumpidas sus actividades laborales por la necesidad de atender las necesidades de los demás, realizar labores de limpieza o de cocina.

Bajo estas condiciones, la jornada laboral de una mujer que trabaja desde casa puede verse hasta triplicada en comparación con la de un hombre que realice sus mismas funciones.

Esta situación no es exclusiva de quienes tienen un empleo: tener a la familia en casa durante todo el día ha impactado también la vida de las mujeres y hombres que se dedican a labores no remuneradas en casa; debido a que deben dedicar más tiempo y energía a labores que anteriormente podían realizar en la tranquilidad de sus hogares mientras los demás se encontraban en sus actividades cotidianas; escolares o profesionales.

La pandemia es un enorme reto como sociedad que ha permitido reflejar realidades sociales de una manera nunca antes vista. Es momento de generar pequeños cambios que impacten en una transformación social para equilibrar el campo de juego. Adicionalmente, ayudarnos unos a otros y, sobre todo, ser empáticos y comprender que no todos cuentan con las mismas facilidades que nosotros.

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