Reflexiones

Alejandro Luna Ibarra

Honestos contra corruptos en el 21

Por encima de los discursos audaces, la preparación técnica y las largas trayectorias, deberá ser prioridad la probada honestidad de los aspirantes y quien la tenga deberá explotarla en su campaña, pues elegir “políticos” (deshonestos) implicaría ir contra la transformación del país impulsada por el presidente, por lo que los partidos deberán tener especial cuidado en la elección de sus candidatos y los ciudadanos con la elección de sus gobernantes.

Andrés Manuel López Obrador es un presidente ejemplar. Sus incontables acciones para el reordenamiento de la vida institucional, con un sentido humanista y acción decidida contra la corrupción y la injusticia, confirman un alto nivel de concordancia entre los hechos y su discurso transformador, sin embargo, revertir los daños causados por los gobiernos neoliberales de las últimas tres décadas, no sólo en la economía, sino, también en la cultura, es un proceso largo y complejo que va a requerir más de un sexenio.

Los resultados de la visita del presidente López Obrador a los Estados Unidos, confirma que se están dando pasos importantes hacia la transformación del país y sus relaciones internacionales, lo que le ha valido muchos aplausos y comentarios favorables, sin embargo, para lograr y consolidar la transformación del país, se requiere más que aplausos.

Para transformar el país se requiere de la participación activa de la sociedad en todas las decisiones, de manera honesta y responsable, creativa, tanto en lo político como en la vida cotidiana. Ya sea para seleccionar a quienes habrán de gobernar, como para organizar acciones conjuntas con el gobierno para la atención y solución a problemas sociales, como la pobreza y el desempleo o, incluso, la vigilancia del cumplimiento de la encomienda de los propios gobernantes.

Si bien, en este proceso es muy importante una buena administración, con sentido humano y eficiente, que genere las condiciones para el desarrollo humano de toda la población, la transformación duradera sólo es posible con el cambio de las conciencias y las conductas sociales.

No basta con emitir el voto y esperar que el gobierno haga los cambios. Los verdaderos cambios los debe generar la sociedad con el apoyo del gobierno en un marco de legalidad, equidad y justicia. Algunos de los países con los más altos niveles de vida y de bienestar, como Finlandia, Noruega, Suecia y Dinamarca, tienen altos niveles de participación social voluntaria en la construcción de su realidad social. Su participación va desde la economía a través de un exitoso modelo de cooperativas, hasta la elaboración y aplicación de estrategias para la protección ambiental, pasando por asuntos meramente sociales como la equidad de género. Una participación social que nada tiene que ver con hacer negocios privados con subsidios del Estado y que, por el contrario, distingue a sus países con los más altos niveles de honestidad en el mundo.

En este sentido, la esperanza de México debe situarse más allá de las acciones de un buen hombre al frente del gobierno. Debe fundarse en la formación de una nueva generación de políticos, honestos y responsables, con un profundo sentido humanista, bien preparados, pero, sobre todo, con un alto nivel de honestidad. Una nueva generación de políticos, legisladores, administradores y jueces en la que la honestidad sea la condición prioritaria, por encima de la preparación y la habilidad técnica. Una nueva generación que privilegie la honestidad por encima de cualquier otra habilidad para ser postulado a un puesto de elección popular o de gobierno. Si bien, a diferencia de México, los altos niveles de vida y de ingresos económicos en los países nórdicos pueden estar vinculados a sus mayores niveles de participación social, la honestidad no es un asunto de ingresos económicos, sino de valores.

Los equipos gobernantes egresados de Cambridge, Harvard, Yale o el ITAM sólo demostraron un alto nivel de preparación y eficiencia para saquear al país, para evadir las leyes mexicanas, para evadir impuestos y para inventar nuevas formas de corrupción, de ahí que la preparación o el nivel de ingresos económicos no es garantía de honestidad, por lo que el criterio de honestidad debe pasar a ser prioridad –no sólo un requisito burocrático “salvable”—  en la designación de candidatos y en la elección de gobernantes. ¿Quiénes son los aspirantes más honestos a gobernar?

Hasta hoy, la honestidad aparece con un mero requisito legal no indispensable para ser aspirante a algún puesto de elección popular, de tal manera que la honestidad o deshonestidad de un gobernante se mantiene en secreto o se da a conocer al final de su gestión, una vez que el latrocinio cometido es de escándalo, como es el caso de una gran cantidad de ex gobernadores apresados, investigados o requeridos por la justicia, como los casos de Mario Villanueva, de Quintana Roo, Andrés Granier, de Tabasco, Jesús Reyna, de Michoacán, Flavino Ríos, de Veracruz, Guillermo Padrés, de Sonora, Luis Armando Reynoso, de Aguascalientes, Rodrigo Medina, de Nuevo León, César Duarte, de Chihuahua, Roberto Borge, de Quintana Roo, Fidel Herrera, de Veracruz, Gabino Cué, de Oaxaca, Tomás Yarrington, de Tamaulipas, Jorge Torres, de Coahuila y Javier Duarte, de Veracruz, así como Humberto Moreira, de Coahuila y Eugenio Hernández, de Tamaulipas, además de otros tantos beneficiarios de la impunidad, como Ulises Ruiz, de Oaxaca y Mario López Valdez, de Sinaloa.

Ante esta situación, el nivel de corrupción de impunidad de los políticos en México ha llegado a ser tal que ser “político”, se considera sinónimo de “corrupción” e “influyentismo”, y aunque el presidente López Obrador no se ajusta a ese concepto, no implica que a partir de su elección el concepto haya cambiado. Él es más bien la excepción de la regla, pues el concepto de “político” que tiene la población sigue estando asociado a “corrupción” y, por tanto, que todos los políticos son corruptos o que no hay honestos.

Sin embargo, en el 2021 se elegirán gobernadores, alcaldes y legisladores locales en 15 entidades federativas. De nuevo, las boletas estarán llenas de nombres de “políticos” que aspiran a ser gobierno, a través de distintos partidos, pero ningún partido tiene la patente de candidatos honestos, especialmente los que se han nutrido de cachar conocidos políticos de otras organizaciones partidistas, por lo que los partidos tendrán que priorizar en la honestidad de sus candidatos. López Obrador no ganó ningún debate electoral. Anaya, el “Bronco”, incluso Meade, resultaron más audaces en sus discursos, pero AMLO ganó en las urnas. Su principal arma fue su honestidad.

Y esa deberá ser el arma –claro que no la única— con la que ganen las elecciones los próximos gobernantes de la mitad del territorio nacional en el 2021, para acompañar al presidente en la consolidación de las bases de la transformación del país. Por encima de los discursos audaces, la preparación técnica y las largas trayectorias, deberá ser prioridad la probada honestidad de los aspirantes y quien la tenga deberá explotarla en su campaña, pues elegir “políticos” (deshonestos) implicaría ir contra la transformación del país impulsada por el presidente, por lo que los partidos deberán tener especial cuidado en la elección de sus candidatos y los ciudadanos con la elección de sus gobernantes. La democracia es expresión de la pluralidad ideológica y por tanto es válido elegir a candidatos de cualquier partido político. A quien no hay que postular ni elegir es a políticos deshonestos. Elegir a políticos habilidosos, carismáticos y preparados, pero corruptos, deshonestos o de dudosa honestidad, es ir contra el avance que se ha logrado con el gobierno de AMLO y contra los propósitos de la cuarta transformación del país.

Y aunque sería ingenuo plantear que sólo haya candidatos honestos, los partidos y el propio presidente lo deben de asumir y promover como forma de mejorar el nivel de hacer política en México y para poder elegir, al menos, entre los menos deshonestos, sin tener que llegar al extremo de la degradación y la persecución judicial como en los gobiernos anteriores.

En la coyuntura, Cepeda y Elba Esther

A sólo unos días de que el presidente López Obrador incitara a la maestra Elba Esther Gordillo a hablar del fraude electoral del 2006, para que no se vuelva a repetir, –lo cual implicaba de hecho una invitación que ella definiera su posición en la nueva confrontación entre AMLO y el BOA—, Alfonso Cepeda Salas, el dirigente nacional del SNTE, salió al paso, con un documento en el que manifiesta el apoyo del SNTE al gobierno de AMLO frente a las “resistencias y amenazas de los intereses que fueron beneficiarios del viejo régimen político y del anterior modelo económico, que busca minar el apoyo popular al presidente de la república y la confianza en el país”. Añade Cepeda que “seguiremos impulsando la democratización de las organizaciones gremiales, su responsabilidad y su capacidad de acción para respaldar el crecimiento económico, con justicia y bienestar para todo el pueblo”.

Aunque Elba Esther no ha hecho un pronunciamiento público –habría entrado en una fase de negociación con AMLO antes de cualquier declaración—, es obvio que buscaría vender caros sus servicios político electorales a la 4T rumbo a las elecciones del 2021 y no es difícil suponer que pediría un buen número de diputaciones federales y alguna o dos gubernaturas para el partido Redes Sociales Progresistas, pero también –de nuevo—el SNTE. No es casual, entonces, que Cepeda haya respingado refrendando el apoyo absoluto del SNTE a López Obrador frente a los embates del BOA, y sin ningún costo extra para AMLO (si lo mantiene en la dirigencia). Y, además, “seguir impulsando la democratización de las organizaciones gremiales…”, aunque no precisamente del SNTE, donde el proceso democratizador –es público y notorio— es una mera simulación y el presidente lo sabe.

¿Qué le conviene más al presidente, mantener a Cepeda en el SNTE, confiando en que activará su mermado capital político para favorecer a los candidatos de la 4T en el 2021, a sabiendas de que mantiene sus vínculos y lealtades con el viejo régimen, y que la democratización del sindicato es mera simulación, o entregará el SNTE a Elba Esther –la operadora electoral más eficaz que haya tenido este país—, sabiendo que es una guerrera y no tardaría en convertirlo en un enorme garrote político-electoral para enfrentar a cualquier adversario, incluso, al propio gobierno?

La tercera opción

Sin embargo, el magisterio –no el SNTE— es una beta electoral muy importante que hay que aprovechar en el 2021 y ninguno de los tres actores que subsisten en su interior la representa plenamente, ni la CNTE, ni el SNTE ni MxM, por lo que una tercera opción para el presidente sería no tomar partido en favor de ninguno de los tres, los tres son sus aliados –decantarse por uno generaría conflicto con los otros— y dejar correr libremente el proceso de elección de dirigentes seccionales de todo el país, que cada aliado obtenga las secciones que pueda y capitalizar a los nuevos líderes independientes, pues un esbozo de diagnóstico nacional del sindicato magisterial indica que, la dirigencia nacional sólo ganaría en las secciones en que únicamente se presente la planilla oficial.

Los pronósticos indican que, en la nueva circunstancia, bastará con registrar una planilla diferente de la oficial –históricamente la dirigencia nacional ha forzado a una planilla única “de unidad”—para canalizar el voto de castigo contra la dirigencia oficial del SNTE. Es decir, que no se requerirían candidatos con grandes dotes de liderazgo, sino sólo con capacidad de gestión para organizar y presentar legalmente una alternativa, ya que el sentir común en gran parte del magisterio nacional es de elegir a cualquiera menos al candidato de los que ya están en el poder.

Lista la oposición en la 53

En ese mismo sentido, desde la oposición a la parte oficial de la sección 53 del SNTE se ha expresado que ya tienen lista una planilla con todos los requisitos legales para registrarse en el momento en que salga la convocatoria, y aunque aún hay quienes insisten en la práctica de maratónicas discusiones filosóficas sobre la democracia y la representatividad, queda claro que ninguna de las expresiones sindicales –ni la parte oficial, ni la oposición—, tiene control de más del 10% del magisterio estatal, por lo que carece de sentido desgastarse en la discusión de detalles internos. Lo único que deben asegurar es presentar planilla.

Es decir, no tiene sentido perderse en los vericuetos de la discusión sobre la democracia y la representatividad de diez o veinte líderes opositores, que sólo tienen influencia directa en menos del 10% de los electores, si no son capaces de articular y presentar una planilla alterna a la oficial, porque al final de cuentas, la decisión sobre los nuevos dirigentes será de la mayoría –que no está con ninguna de las corrientes— pero tiene derecho al voto.

Lo que sí tiene sentido es levantar la bandera de las nuevas demandas laborales del magisterio que se han multiplicado en los últimos días ante la incertidumbre de la contingencia, la nueva normalidad y las nuevas determinaciones oficiales (por omisión o por decisión) que están afectando a cientos (quizá a miles) de maestros, y que le abona al rechazo del magisterio a la parte oficial del SNTE.

El método de AMLO

En el plano de la política estatal, de cara la elección del 21, no tiene mucho sentido especular sobre las posibilidades del PRI, el PAN y el PRD, sobre todo si no van juntos –y si se juntan darían la razón a la afirmación presidencial sobre el BOA—, y nadie aquí tiene la fuerza para enfrentar el poder presidencial, por lo que, lo más probable, es que el próximo gobernador provenga de las filas de Morena.

Y aunque se manejan muchos nombres, son en realidad pocos los que tienen con qué competir, pero en cualquier caso la decisión más importante la habrá de tomar el presidente, por lo que hay que identificar es cuál será el método que seguirá AMLO para definir al candidato. ¿La proactividad? ¿La amistad? ¿La disciplina? ¿La negociación?

El senador Rocha Moya es el más experimentado y habilidoso de los prospectos, pero sabe que no tiene la bendición del presidente –su relativo respaldo en la política nacional proviene de su jefe de bancada, Ricardo Monreal—, por lo que su apuesta es a sus conexiones en la clase política estatal y a un arranque anticipado de campaña, para crecer tanto en la simpatía del electorado, que obligue al presidente a tener que apoyarlo. Los miles de likes a sus publicaciones y cientos de comentarios favorables de sus seguidores en redes sociales indican que ya está en campaña y que va a la cabeza en la pre competencia.

El alcalde mazatleco, Guillermo “químico” Benítez, por su parte, tibiamente ha reconocido su interés en participar por la gubernatura y no se le ve una estructura fuerte de respaldo ni de campaña. Su actividad política propiamente es más discreta y apuesta es al reconocimiento de su trabajo en Mazatlán y, sobre todo, a la amistad con el presidente López Obrador.

Tercero en la fila aparece el ex alcalde de Guasave, Raúl Inzunza, quien tiene más experiencia y capital político que el químico pero se ha mostrado aún más disciplinado. Ha sido candidato de Morena en dos elecciones anteriores y su estrategia es esperar los tiempos y las decisiones formales. Su apuesta es a la disciplina.

En cuarto lugar, en busca de la candidatura con la bendición presidencial estaría el candidato del partido Redes Sociales Progresistas de Elba Esther Gordillo. Aunque obviamente esta opción les molesta mucho a los morenistas, sobre todo a los de a pie, no deja de tener posibilidades, pues RSP ya está habilitado y participará con candidatos en la elección del 2021 y lo haría en alianza con el presidente.

Elba Esther tiene capital político propio y una enorme experiencia en procesos electorales por lo que el presidente deberá decidir si en el 2021 la quiere ver de su lado o en la trinchera contraria. Y lo más probable es que la quiera de su lado, aunque no les guste a muchos morenistas. Y en esa posibilidad, surgen los nombres de Fernando González (su yerno) y el de Gerardo Vargas.

¿Cuál será el método de AMLO para designar a sus candidatos para el 2021, la proactividad (indisciplinada pero rentable), la amistad, la disciplina o la negociación?

Comentarios

Recientes

Ver más

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

Reporte Espejo