Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Huertos de peces | ¿solución al hambre?

La situación que vivimos ha dejado claro que debemos optar por modelos de producción y consumo más responsables y sustentables si queremos evitar una gran hecatombe en el futuro cercano.

Consumimos más rápido de lo que el planeta regenera sus recursos, además de que utilizamos indiscriminadamente los recursos no renovables y generamos cantidades de desechos físicos y gaseosos que nuestro planeta no puede procesar por sí mismo. El hambre y la escasez afectan a sectores específicos de la población mundial – se estima que más de 800,000 millones de personas padecen hambre – al tiempo que entre 42 individuos acumulan más riqueza que la mitad de los habitantes del planeta, de acuerdo con estimaciones de Oxfam.

Adicionalmente, por los mismos patrones de consumo, el 15% por ciento de la población genera más de una tercera parte del total de la basura del planeta. En México, entre el desperdicio de alimentos y la producción indiscriminada de basura producto de la mala distribución de los recursos, se generan 53.1 millones de toneladas al año. Además, contamos con la segunda metrópolis del mundo que más basura acumula al día: la Ciudad de México, ¡con 13 mil toneladas de basura diarias!

Es claro que se requieren de acciones sustantivas para generar un cambio, pero también de un cambio de mentalidad hacia una convivencia más sana con la naturaleza. En un panorama a nivel macro, cuesta imaginar que las acciones individuales puedan producir un cambio, pero es posible.

Entre las opciones que tenemos de contrarrestar poco a poco los efectos del cambio climático y construir un mundo más equitativo donde haya menos carencia, hay dos que pueden ser combinadas y aprovechadas para cambiar, no solo nuestro estilo de vida, sino la huella de carbono que producimos: la acuariofilia y los huertos urbanos.

Por un lado, la acuariofilia lleva a millones de personas a construir ecosistemas sustentables dentro de su casa para dar un espacio digno a cientos de especies marinas. Permite conocer sobre los diversos ecosistemas acuáticos y generar una relación más estrecha con la naturaleza. En México, de acuerdo con CONAPESCA, el acuarismo genera ingresos por 140 millones de pesos anuales. Además de ayudar a comprender y empatizar con el medio acuático, cuando se hace de manera responsable, puede ayudar a preservar especies al tiempo que genera empleos y fortalece la economía.

Por otro lado, los huertos urbanos han sido adoptados como tendencia ya que permite consumir productos naturales y cuidar el medio ambiente al tiempo que, en el mediano plazo, se reducen los costos de llevar una alimentación sana y balanceada. De igual manera, contribuyen a equilibrar la mala gestión de alimentos que lleva al desperdicio masivo en los mismos lugares donde la gente muere de hambre y desnutrición. Un huerto urbano en el sitio correcto puede cambiar la vida de una familia e, incluso, de una comunidad entera al coadyuvar el equilibrio entre las necesidades de las personas y la producción de alimentos.

En estos huertos se pueden cultivar desde hierbas medicinales y decorativas hasta frutas y hortalizas, permitiendo consumir alimentos a menores precios y sin necesidad de utilizar plásticos u otros contaminantes. De acuerdo con la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas, cada vez más ciudades en Latinoamérica están utilizando la agricultura urbana tanto para combatir la pobreza como para rehabilitar áreas peligrosas de las ciudades. En Antigua y Barbuda, por ejemplo, ya han logrado que el 10% de la población consuma alimentos producidos en hogares. En Managua, Nicaragua, se busca implementar hasta un cuarto de millón de huertos domésticos, programa que ha permitido a las familias aumentar su consumo de comida saludable sin afectar su bolsillo.

Ahora bien, estas dos tendencias son excelentes en lo individual… pero, si las combinamos, tenemos una maravilla que utilizaban nuestros ancestros en México: la hidroponía. La hidroponía, si bien actualmente requiere de una inversión inicial mediana al ser un sector aún muy especializado, permite combinar los acuarios con el huerto, de tal forma que se crea un sistema orgánico y autosustentable: las plantas, usualmente hortalizas, se siembran encima de una pecera resistente con especies de peces a los que cuidas y alimentas de tal forma que llenan el agua de bacterias y otros elementos benéficos para las plantas. Los peces también pueden ayudar limpiando las raíces, dependiendo del estilo de hidroponía.  Las plantas, a través de sus raíces, absorben dicha agua nutritiva para ellas al tiempo que devuelven el líquido limpio, filtrado y oxigenado a los peces. De esta manera, los peces ayudan al crecimiento veloz y saludable de las plantas, y estas sirven de filtro y enriquecedor natural para el agua en un círculo virtuoso que, una vez puesto en marcha, se vuelve prácticamente autosustentable.

Estos “huertos de peces” pueden ser la respuesta a la hambruna, pues las familias podrían aprovechar tanto el producto del huerto como el ocasional pescado para fortalecer su nutrición y, con ello, mejorar su salud. Es una alternativa ancestral que podemos incorporar a la modernidad y, de hacerlo correctamente, solucionar algunos de los problemas de escasez y mala distribución de los recursos, así como la epidemia de obesidad que se fortalece cada que la comida chatarra es económicamente más accesible que una fruta o verdura.

En un mundo ideal, cada comunidad podría cuidar y encargarse de su huerto para alimentarse y complementar con el ecosistema económico sus necesidades, eliminando intermediarios, reduciendo contaminantes y reduciendo la desigualdad.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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