Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Indígenas y, de ellos, las mujeres y los jóvenes, los más pobres en México y América Latina

En el mundo, América Latina y México, se tiene todavía una deuda histórica con los pueblos indígenas

Cifras de la Organización del Trabajo (OIT), revelan que en América Latina y el Caribe los pueblos originarios representan más del 8.5 por ciento de la población y esta constituye la proporción más elevada de todas las regiones del mundo. Pero reconoce también, que esta población es la que tiene la mayor proporción de personas en situación de pobreza extrema. Por eso, a la luz de estos indicadores, consideré pertinente dedicar las reflexiones de esta entrega a la situación de pobreza y pobreza extrema en la que vive la población considerada indígena en nuestro país.

En México el 6.1 por ciento de la población es considerada indígena, estamos hablando de cerca de 7 millones 400 mil habitantes. Los estados con el mayor porcentaje de su población en condición de etnicidad son Oaxaca (31.2%), Chiapas (28.2%), Yucatán (23.7%), Guerrero (15.5%) e Hidalgo (12.3%).

La población indígena mayormente vive en comunidades rurales. La población rural en México es de poco más de 27 millones y representa el 21.4 por ciento de la población total del país. En estados como Chiapas (50.8%) y Oaxaca (50.5%) más de la mitad de la población vive en comunidades rurales, mientras que, en Hidalgo, Tabasco y Guerrero, 4 de cada 10 habitantes vive en la zona rural. Ser parte de la población rural e indígena es una circunstancia que condiciona a sus integrantes a vivir en condiciones precarias. Según cifras del INEGI, de la población indígena en el país, 21 por ciento son analfabetas, mostrando las cifras más altas de su población indígena en condición de analfabetismo los estados de Chihuahua (33.0%), Guerrero (31.0%), Chiapas (25.0%), Veracruz (25.0%) y Nayarit (24.0%).

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Los datos de CONEVAL para la medición de la pobreza en 2020 revelan que el porcentaje de la población que se encuentra en condiciones de pobreza es mucho mayor cuando se trata de la población indígena. De acuerdo con las mediciones de la pobreza, en el caso de la población no indígena el 41 por ciento se encuentra en condición de pobreza, mientras que para la población indígena los datos muestran que poco más del 73 por ciento se encuentra en esta condición. El contraste es mucho mayor cuando se trata de la población en condición de pobreza extrema, el 6.4 para la población no indígena contra 29.2 por ciento para la población indígena.

Las grandes diferencias también se observan cuando consideramos la información que corresponde a la llamada privación social. En la población indígena, prácticamente nueve de cada diez personas tienen al menos una carencia social y más de la mitad (55.2%) tiene al menos tres carencias sociales. Las cifras en la población no indígena son de siete de cada diez y 19.7 por ciento, respectivamente.

Por lo que toca a los indicadores de carencias sociales, que incluyen el rezago educativo, la carencia por calidad y espacios de la vivienda y, la carencia por acceso a los servicios de salud, a la seguridad social, a los servicios básicos en la vivienda y a la alimentación nutritiva y de calidad, observamos que en todos los renglones la población indígena se encuentra en desventaja. Las mayores brechas se encuentran en carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda (57.9% vs 13.9%) y en carencia por acceso a la seguridad social (77.2% vs 49.5%). Los indicadores del llamado bienestar económico tampoco favorecen a la población indígena, ya que en este caso el porcentaje de la población con ingreso inferior a la línea de pobreza extrema por ingresos es de 41.3 por ciento (14.8% para la población no indígena), mientras que el porcentaje de la población con ingreso inferior a la línea de pobreza por ingresos es de 76.2 por ciento (50.4% para la población no indígena).

Hemos hablado de la población considerada como indígena, pero puede también hacerse un análisis de los indicadores de pobreza para la población que no habla una lengua indígena, comparada con la población que habla alguna lengua indígena. La situación es muy similar a lo que observamos cuando las diferencias eran entre población indígena y no indígena, es decir, todos los indicadores revelan una mayor marginación en el caso de la población que habla alguna lengua indígena, apreciándose las mayores brechas en los casos de carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda (67.4% vs 14.8%), población con al menos tres carencias sociales (63.9% vs 20.5%), población en situación de pobreza (76.8% vs 41.5%) y población con ingreso inferior a la línea de pobreza extrema por ingresos (46.4% vs 15.3%).

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En cualquiera de los casos que hemos contemplado, población indígena y población que habla una lengua indígena, la situación empeora si consideramos la condición de las mujeres. Por ejemplo, cuando nos referimos a los hombres que pertenecen a la población indígena, el porcentaje de la población que se encuentra en situación de pobreza es de 72 por ciento, pero para las mujeres el porcentaje es de 74.3. También el porcentaje de la población en condición de rezago educativo evidencia una peor situación de las mujeres, ya que la cifra es de 32.8 por ciento cuando se trata de hombres y de 37.3 cuando corresponde a las mujeres. Una situación similar, mayor pobreza y marginación en el caso de las mujeres, se observa en todos los indicadores que son utilizados por el CONEVAL para la medición multidimensional de la pobreza.

Otro dato relevante para evidenciar el rezago social que caracteriza a la población indígena, es el que se refiere al nivel de ingresos que perciben sus integrantes en comparación con quienes son parte de la población no indígena. Lo que se observa es que independientemente del decil de que se trate, el ingreso percibido por la población indígena siempre es menor. Si nos vamos a los extremos, tenemos que el ingreso promedio que corresponde a alguien que no es parte de la población indígena y su ingreso pertenece al grupo con los ingresos más altos (decil X), sería aproximadamente 52 veces más grande que el ingreso que recibe una persona indígena cuyas percepciones corresponden al grupo de los ingresos más bajos (decil I). 

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Por todo lo que hemos encontrado en este análisis, sigue presente la afirmación que se hizo en la inauguración del Foro Permanente de la ONU para Cuestiones Indígenas, en el sentido de que, en el mundo, América Latina y México, se tiene todavía una deuda histórica con los pueblos indígenas.

Se trata de respetar sus derechos colectivos, sus derechos culturales y de identidad, pero también se trata de atender sus derechos a un trabajo digno, a la salud, a la educación y al desarrollo.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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