Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Infodemia: el otro lado de la pandemia

La información es una herramienta que salva vidas cuando se usa adecuadamente. No obstante, también puede quitarlas si se usa de manera irresponsable.

Una de las consecuencias directas más notorias de la pandemia es el aumento en el uso de las redes sociales y los medios digitales para conectarnos, pues para muchos han sido la única forma de contacto con el mundo exterior desde el mes de marzo.

En medio del distanciamiento social buscamos mantenernos conectados y en sintonía. Buscamos mantenernos informados e identificar en la información algún atisbo de esperanza sobre la situación actual, navegando las redes buscando certeza cuando la incertidumbre se ha alargado por meses.

De acuerdo con Global Web Index, en los últimos meses ha aumentado en más del 70% el uso de redes sociales en el mundo, sobre todo de YouTube, Facebook e Instagram. Además, se ha registrado una marcada tendencia en los intereses de los usuarios, que se enfocan en las noticias y actualidad como la categoría de mayor consumo.

El resultado ha sido un enorme flujo de información en general, especialmente de aquella relacionada con el coronavirus. En un periodo de treinta días, ¡se registraron más de 550 millones de tuits y 330 millones de videos relacionados con el covid! Desgraciadamente, esto ha ocasionado un fenómeno masivo conocido como infodemia, el cual dificulta que la gente encuentre fuentes confiables al tiempo que se satura de información de dudosa procedencia.

El término infodemia se refiere a un aumento exponencial en el corto plazo del volumen de información relacionada con un tema en particular, que usualmente va acompañada por rumores y desinformación, lo cual resulta especialmente dañino en la era digital donde las redes sociales permiten que se difundan en todo el planeta a gran velocidad.

Conforme el virus se expandió por el planeta, se volvieron relevantes cientos de teorías de conspiración entre las cuales destacan varias que llegan al extremo de negar la existencia del virus. Muchos de nosotros decidimos compartir información que considerábamos relevante sin revisar los textos completos o verificar la confiabilidad de la fuente, creyendo que ayudábamos a los demás sin caer en cuenta del enorme daño que podíamos hacer.

Esta situación jamás es deseable, pero se vuelve aún más nociva al referirse a un asunto que es, literalmente, de vida o muerte: ¡nuestra salud!  Un ejemplo de esto han sido las docenas de personas intoxicadas en América Latina con productos desinfectantes: se puso de moda en redes sociales su uso terapéutico en contra del COVID-19 sin respaldo médico o sustento de algún tipo. Sin embargo, se volvió viral. Millones en algún punto leímos que beber, inhalar o inyectarse esas sustancias los mantendría a salvo del virus… los que lo creyeron terminaron en una cama de hospital, algunos al borde de la muerte con daños irreversibles a su organismo.

Somos ciudadanos del mundo, nuestra presencia en las redes conlleva una gran responsabilidad. Todo aquello que compartimos, retuiteamos o reenviamos puede tener consecuencias y jamás sabremos hasta dónde será el alcance de dicho contenido. Al compartir sin verificar la fuente, la información y cotejarlo con otras notas, nos volvemos parte del problema.

Como lo escribí en mi artículo “Pandemia en la era de la información”, el poder de la información mezclada con el internet y las redes sociales es inconmensurable. Si nos organizamos de manera consciente, logramos hacer maravillas: en estas semanas he visto el hermoso impacto en el bienestar de otros que podemos tener a través de las redes, a veces solo necesitamos pedir ayuda en los medios correctos para recibirla a montones.  Tenemos el potencial y las herramientas para realmente generar cambios.

Existen cientos de perfiles confiables y verificados de personal de la salud y expertos en distintos temas que nos proveen, desde su trinchera, de información fidedigna y confiable para conocer más sobre esta amenaza a la salud, así como herramientas para disminuir la probabilidad del contagio. ¡Acerquémonos a ellos en el ámbito digital! Pongamos un alto a las noticias falsas, de broma o con dobles intenciones que confunden y ponen en peligro a las personas.

Hace algunos años, esto habría sonado imposible porque solo los que estudiaban un tema en particular podían comprender sus tecnicismos. En esos tiempos, aun en medio de una epidemia era difícil mantener a todos informados sobre los nuevos descubrimientos y avances, esto se encontraba reservado para los médicos y el personal de la salud. Afortunadamente, ¡ya no es así! Los expertos a los que me refiero en el párrafo anterior están dispuestos a resolver nuestras dudas, además de compartir sus experiencias y conocimientos con nosotros de una manera digerible y comprensible para los demás.

La información es una herramienta que salva vidas cuando se usa adecuadamente. No obstante, también puede quitarlas si se usa de manera irresponsable. La mayoría de nosotros no podemos aportar en descubrir una cura para el virus o atender a los pacientes… pero, así como podemos contribuir evitando nuevos contagios al quedarnos en casa y utilizar cubrebocas, podemos contribuir impidiendo que la desinformación se propague y tenga fuertes consecuencias en la vida ajena. La desinformación es otro rostro de la ignorancia… y la ignorancia es más peligrosa que cualquier virus.

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