Reflexiones

Malú Morales

La generación del crack

El autor sugiere en la novela que algunos personajes con altos cargos fueron suplantados por sus dobles para protegerlos, tal podría ser el caso de Adolf Eichmann, responsable directo del plan para el exterminio de judíos, que una vez terminada la guerra, es hallado en Argentina y capturado para ser juzgado y ahorcado en Israel.

Siempre he sostenido que los libros llegan a mí en forma misteriosa, de diversas maneras: préstamos, regalos, hallazgos en tianguis y algunas más; no los busco ni soy asidua visitadora a las librerías y bibliotecas. Los libros llegan a mí, se me presentan como invitados de papel para llenar mis horas lectoras, invadir mi cerebro y despertar mis neuronas y mis emociones en forma avasalladora.

En una de esas formas llegó a mí, de manos de una bondadosa amiga y experta lectora, (con el extraordinario agregado que llegó hasta mi casa en un Uber) para entregarme un libro sencillamente impactante,  que hoy quiero comentar: AMPHITRYON, escrito por Ignacio Padilla (1968-2016) nacido en la ciudad de México, lamentablemente fallecido  víctima de un cruel accidente de tráfico hace apenas cuatro años a la temprana edad de 47 años. Ignacio Padilla dejó una abundante obra literaria en novelas, cuentos, cuentos infantiles, ensayos, crónicas y más que le merecieron premios y reconocimientos nacionales e internacionales y la traducción de su obra a varios idiomas.

AMPHITRYON me aisló del mundo real desde la primera página hasta la 292 que contiene este breve libro, con una historia dentro  del impacto novedoso de una narrativa sobre la primera y segunda guerras mundiales, barbaries que cambiaron el destino del mundo. Padilla nos cuenta la historia de un joven de menos de veinte años que es enviado, desde una provincia de Austria, a la guerra en refuerzo del imperio austro-húngaro; es despedido en la estación de trenes por su padre que apenas puede disimular el orgullo de entregar a la patria a un hijo. El muchacho aborda el tren con el pánico de saber que va a matar y a morir en una batalla que le es ajena. En el tren, acompañado solamente por sus miedos, conoce a un hombre joven, alto y robusto, seguro de sí mismo que se le acerca formándole una plática intrascendente para, momentos después de identificarse en sus respectivos quehaceres, el personaje le propone jugar una partida de ajedrez en una vieja tabla que lleva consigo, a la vez que le explica que él había podido evitar ir a la guerra gracias a las influencias de un familiar que le había conseguido un puesto de encargado de una estación de trenes, cuya responsabilidad sería el manejo las de vías en estricta disciplina para el cambio de agujas, destino al que se dirige en ese viaje. Las reglas del juego las expone así: Si el joven vencía, el hombre tomaría su lugar en el frente y le cedería su puesto de guardagujas en la línea ferroviaria; si por el contrario el intimidado joven fuera  derrotado, se obligaría entonces a pegarse un tiro antes de que el tren llegara a su destino. La importancia sagrada que les concedía a ambos, el ajedrez, hizo que el juego se emprendiera. El joven destinado a ir a la guerra salió victorioso, lo que conllevó al cambio de identidades entre los dos que al instante se entregaron sus documentos, de manera que el hombre del tablero no tuvo más remedio que ir a enfrentarse al campo de batalla.

Thadeus Dreyer que es quien pierde la partida, con su nueva identidad enfrenta su destino y sobrevive con la suficiente valentía que le permite ocupar altos puestos en el engranaje de la guerra, mientras aquél que se queda encargado del puesto ferroviario, continúa con su vida, se casa y tiene un hijo, el que años más tarde y conociendo la historia del trueque de personalidades que vivió su padre, se dedica a buscar a Thadeus Dreyer. Pasada la primera guerra mundial y ya dentro del seno del Partido Nacional Socialista Austriaco que albergaba a los jóvenes alemanes, Dreyer se une al Tercer Reich en donde ocupa importantes cargos; de ahí nace la propuesta  del proyecto Amphitryon, destinado a crear personas que serían los dobles, mediante entrenamientos y cirujías plásticas para proteger a los altos funcionarios nazis. El autor sugiere en la novela que algunos personajes con altos cargos fueron suplantados por sus dobles para protegerlos, tal podría ser el caso de Adolf  Eichmann, responsable directo del plan para el exterminio de judíos, que una vez terminada la guerra, es hallado en Argentina y capturado para ser juzgado y ahorcado en Israel. Lo que nos lleva a plantearnos preguntas como ¿Fue Hitler aquél que se suicidó? O… ¿fue su doble? y quizá ¿el Führer llegaría a envejecer tranquilamente en algún secreto lugar? Cuestiones que la buena literatura nos hace machacar en siniestras deducciones. Esta breve pero  espléndida novela fue ganadora del opulento “Premio Primavera de Novela 2000” otorgado en España. Ignacio Padilla recibió el doctorado en letras hispanas en la Universidad de Salamanca, fue agregado cultural de México en Gran Bretaña,  catedrático y  miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Ignacio Padilla formó parte  de cinco escritores mexicanos que integraron la “Generación del Crack” en 1996 y que hoy representa a la nueva literatura mexicana como propuesta estética con experimentos lingüísticos de mayor exigencia, la cual nació después del boom latinoamericano que tanto nos hizo vibrar bajo las plumas de García Márquez, Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges y tantos más; autores de los que esa generación del Crack se nutrieron.

Muy lamentable la muerte temprana de este brillante escritor. Por fortuna dejó una obra considerable de espléndida calidad.

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