Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

La lectura, brecha del desarrollo

No hay que olvidar que la falta de lectura en México cuenta con dos ejes importantes; por un lado, la falta de tiempo o interés y, por el otro, la falta de oportunidades.

En un mundo en el que tenemos al alcance de nuestros dedos mucha más información de la que podríamos consumir a lo largo de una vida, es impresionante encontrar cómo prevalece la ignorancia. Esto nos lleva a aceptar que las causas de muchos problemas de la humanidad no se deben a la carencia de accesos a datos importantes, sino de la falta de interés por ampliar nuestro panorama con las herramientas existentes. Se habla de la lectura como una cura en potencia para este mal, un ejercicio que además de estimular diversas áreas cognitivas desde la memoria, el lenguaje, la planificación y la flexibilidad, permite abrir el contexto, especialmente cuando se da de manera libre.

Leer ayuda también a desarrollar la comprensión lectora; es decir, destreza para leer y comprender textos. Esta habilidad mejora nuestro desempeño en la vida, desde la interacción social y en redes hasta en el planteamiento de problemas y su resolución. Una limitada comprensión lectora trunca oportunidades en la vida, lo cual es alarmante porque se trata de algo que se desarrolla con la práctica. En México, las cifras delatan nuestras deficiencias en este sentido. Previo a dejar de participar en 2021 en la prueba PISA, evaluación realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con la que obteníamos información sobre los conocimientos y habilidades que alcanzan los alumnos mexicanos y la comparación en distintos rubros con el desarrollo en otros países, nuestro país quedó en penúltimo lugar entre los 37 miembros de la OCDE en nivel de lectura, solo por encima de Colombia.

De acuerdo con un estudio de hábitos de lectura de la UNESCO, México ocupa el nada envidiable lugar 107 de 108 en índice de lectura, con un promedio de apenas 2 libros al año por persona. Respecto al tiempo de lectura, ocupamos el lugar 25 con 5 horas y media dedicadas a la lectura en una semana, listado encabezado por la India con 10:42 horas. No obstante, en este caso el tiempo dedicado a la lectura no es un indicador positivo por sí solo si se considera que solo 2 de cada 10 mexicanos afirman comprender completamente el contenido que leyeron.

Estos resultados no son sorprendentes si consideramos que la población mexicana que lee cotidianamente es limitada. De acuerdo con información recabada por el INEGI en su Módulo de Lectura 2020, también conocido como MOLEC, si bien el 71.6% de la población adulta alfabetizada leyó algún libro, revista, periódico o página de internet, el 40.5% de los mayores de 18 años declara que no tiene la costumbre de leer. En otras palabras, somos un país en el cual 21.4 millones de personas no leen libros ni revistas ni periódicos; su actividad de lectura se limita al dudoso contenido recabado navegando ociosamente en redes sociales. Al analizar esta cifra por edades, se encuentra que los menores a 24 años son los que más leen, situación relacionada también con sus estudios y disponibilidad de tiempo. Como hallazgo interesante, se tiene que las mujeres leen ligeramente más que los hombres.

En 2015, de cada 100 personas, 50 afirmaban haber leído al menos un libro en los últimos doce meses. En 2020, la cifra bajó a 40. Entre los motivos de no leer reportados, se señala la falta de tiempo o la falta de interés, situación que tristemente se mantuvo a pesar del confinamiento relacionado con la pandemia por COVID-19. En 2021, más del 40% de los que sí leen de manera constante, lo hace por entretenimiento, el 25% por desarrollo profesional o académico, 18.5% por cultura general y 11.6% por religión.

Algunos de estos lectores aprovecharon la ola de digitalización para transitar a leer periódicos, revistas y libros no impresos a los que pudieran acceder con facilidad desde cualquier dispositivo electrónico.

La buena noticia es que, de 2018 a 2021, aumentó el promedio de libros leídos por persona en un año, pasando de 3.1 a 3.7. Se trata de un ligero avance que, de fomentarse, podría ayudar a transformar al mundo en el que vivimos. Fomentar el hábito de la lectura es importante, así como motivar a las personas a consumir contenido de valor. No es tarea sencilla, pues se trata de mantener el delgado equilibrio entre la inspiración y la imposición, esta última ha probado ser poco eficiente para resolver la situación, dado que los niños que se ven obligados a leer en las escuelas o por sus padres tienden a desarrollar rechazo por la práctica, al contrario de aquellos que son incentivados a desarrollar sus hábitos de lectura y a encontrar aquellos géneros literarios que les son de mayor agrado.

No hay que olvidar que la falta de lectura en México cuenta con dos ejes importantes; por un lado, la falta de tiempo o interés y, por el otro, la falta de oportunidades. Considerando que más del 40% de la población vive en situación de pobreza, conseguir libros, tiempo o disposición para leer puede ser todo un reto, situación que se suma con las desiguales condiciones educativas que enfrentamos. Por ello, se requieren de mecanismos que fomenten la lectura sin obligar a ella y que, al mismo tiempo, permitan el acceso a material de lectura de calidad a precios accesibles para la mayoría de los mexicanos.

La lectura es una herramienta que puede contribuir a disminuir la brecha de desarrollo y mejorar la calidad de vida individual y de la sociedad mexicana en general. Está en nosotros aprovecharla de la mejor manera posible para crecer, no solo como personas, sino como miembros activos y empáticos de la sociedad.

Vivimos tiempos difíciles en donde somos asolados por diversos frentes, ¿por qué no adoptar hábitos que nos permitan, si no cambiar las condiciones, transformar nuestra perspectiva ante los problemas y, por lo tanto, las soluciones que necesitamos? Como dijo Abraham Lincoln, “la capacidad y gusto por la lectura da acceso a lo que ya ha sido descubierto por otros”.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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