Reflexiones

Malú Morales

La lejana Rusia

La literatura rusa es un botón de oro en las letras universales. Las obras de los grandes escritores rusos nos retratan personajes atormentados, viscerales, nacionalistas.

¿Quién no se ha conmovido con “Ana Karenina” que León Tolstoi creó con una implícita crítica al puritanismo y a los convencionalismos sociales? O con su “biblia” histórica y humanística “Guerra y Paz”? o bien, con Antón Chéjov que escribió con sangre su consagrada obra “La Gaviota” entre otras obras para teatro. Seguramente Fyodor Dostoievski fue el último gran genio en grandeza literaria y filosófica que nos marcó una profunda huella con su “Crimen y castigo” o con su terrible novela “Los hermanos Karamazov”. Por cierto, este año 2021, es el bicentenario del  nacimiento de Dostoievski y los 140 años de su muerte.

En uno de mis recorridos (a.p.) antes de la pandemia, por los tianguis de libros de la plazuela Obregón en el bello centro histórico de Culiacán, tuve un encuentro muy grato con un estupendo libro: LOS MAS BELLOS CUENTOS RUSOS, que contiene breves relatos de los grandes creadores del siglo XIX, algunos de corte costumbrista, otros acerca de los grandes señores dueños de las tierras, historias de miserias, de amor y también de humor.

Los ruidos del bosque, es uno de los cuentos del libro. Escrito por Vladimir Korolenko que tenía un gran interés por los problemas del pueblo. Defendió a los judíos rusos hasta su muerte en 1921. Esta historia nos relata la vida de un guardabosque que adoptó un niño huérfano para ahuyentar su soledad. Un día llegó el señor dueño del bosque y sus alrededores para aconsejarle que debía casarse y que ya le tenía elegida una mujer. El guardián se negó, pero el patrón quiso obligarlo y lo mandó azotar repetidamente, hasta que el hombre accedió de mala gana. Sin embargo, la mujer se ganó su confianza con sus buenas maneras y él acabó acostumbrándose a su presencia en compañía del niño adoptado. En una de sus visitas,  el amo llegó acompañado por sus guardianes y un músico para celebrar las bodas. Horas después ordenó al guardabosque que fuera de cacería con sus hombres y que también se llevara al cantor, quien, sin que el señor lo advirtiera, le dijo al guardabosque que las intenciones del amo eran las de abusar de la mujer. Animados por el rencor que le tenían por su tiranía, tramaron asesinarlo, aprovechándose de su embriaguez y de la ausencia de sus guardias. De ese modo lo asesinaron y enterraron en el bosque.

El grandioso Antón Chéjov tenía un estilo alegre y melancólico resaltando los aspectos más tristes y ocultos de la naturaleza humana. Su breve, pero substancioso cuento La tristeza,  nos presenta la figura solitaria de Yona, un viejo cochero que espera tiritando en su trineo, bajo gruesos  copos de nieve. Inmóvil, cubierto de blanco como su caballo, a clientes para ser transportados. Envuelto en tristes recuerdos por su hijo recién muerto, es sorprendido por dos militares que requieren de sus servicios. Yona agita su látigo, agita las manos, agita todo el cuerpo. A pesar de todo, está contento, no está solo. Le riñen: más de prisa, vejestorio… pero al menos, oye voces humanas…se vuelve a sus clientes y dice: Yo, señores, acabo de perder a mi hijo… todos nos tenemos que morir. ¿Puedes ir más de prisa? Yona sólo tiene dos clientes más pero el frío le obliga a retirarse. Siente una necesidad importante de hablar de su desgracia. Decide atender a su caballo y se queda a conversar con su único compañero… Sí amigo, ha muerto ¿comprendes? Es como si tú tuvieras un  hijo y se muriera, sufrirías ¿verdad? Yona, escuchado al fin por un ser viviente, desahoga su corazón contándolo todo.

Sin embargo, quien pone el toque de humor es Arcadi Averchenko, nacido en 1881. Se dice que fue un gran humorista de las letras rusas.  Su cuento Edipo rey, maneja un fino sarcasmo. Narra que el director de una revista recibe la visita de un poeta que llega a reclamarle que no le haya publicado sus poemas, que se identifica con el seudónimo de Edipo rey y que se siente ofendido por la forma en que fue rechazado su trabajo, sobretodo porque se le aconsejó que se dedicara a otra ocupación. El joven escritor se defiende diciendo que no sabe hacer otra cosa y pide al director le dé un trabajo en la editora. Para demostrar su destreza, el joven se acomoda muy desenvuelto en el elegante escritorio, toma el teléfono y hace varias llamadas ante el asombro del director. Asegura que a través de unas importantes amistades resolverá algunos problemas que presenta la casa editora: falta de anunciantes, conseguir material menos caro, suscriptores y hasta consigue un crédito en un banco, cuyo gerente es su gran amigo. El dueño de la revista ve perplejo la facilidad con que el poeta se comunica con aquellas personalidades influyentes. Finalmente le pregunta si entre sus  conocidos está el director de la red telefónica para que envíe un técnico y le arregle el teléfono, pues: Hace tres días que mi aparato no funciona, estoy incomunicado, aislado. Edipo Rey se indigna al verse descubierto. Toma su sombrero y sin decir palabra, se retira.

Posiblemente, la intención de los escritores rusos no era la representación de la vida cotidiana, sino la comprensión de la esencia de la vida. Encontrar una filosofía nueva de vida.

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