Reflexiones

Malú Morales

La lucidez y la ceguera

José Saramago, con su peculiar estilo sarcástico y su elegante prosa, nos comparte, implacable, sus reflexiones: Nosotros ejercemos nuestro derecho para quitar y poner gobernantes, pero no podemos cambiar el poder… éste puede ser un acto de ceguera… o de lucidez.

¿Qué habría pasado en nuestro país si durante las pasadas elecciones, los votantes hubieran depositado su boleta en blanco? ¿Que no marcaran su preferencia  hacia ningún partido? ¿Que el voto en blanco hubiera sido mayoritario?… Este es el tema que trata magistralmente José Saramago (1922-2010) escritor Portugués de grandes alturas narrativas, Premio Nobel 1998, en su novela ENSAYO SOBRE LA LUCIDEZ que si bien, no es una continuación de su anterior Ensayo sobre la ceguera, sí es una similitud ante la ceguera colectiva y el voto en blanco que ocurre en una ciudad imaginaria. Saramago expone sobre este libro: Los mecanismos del poder y la actitud de los gobernantes ante una posible revolución pacífica por un pueblo en medio de elecciones.

Mal tiempo para votar…esa es la queja  que expone  el Presidente de la mesa electoral y con la que comienza la historia en un día de abundante lluvia que justifica la ausencia de los votantes. Son tres partidos los contendientes, estando presentes los representantes de cada uno. Avanzan las desiertas horas; al caer la tarde y tras amainar el aguacero, comienzan a formarse filas de votantes para alivio de los funcionarios de casillas. Al anochecer se hace el primer escrutinio que arroja inesperados resultados: Los votos válidos no llegan al 25% distribuidos entre los tres partidos en pugna. ¡El 83% de la población había votado en blanco! Desconcierto, burla, estupefacción y sarcasmo  envuelven a los escrutadores y barren el país de punta a punta. Tras un largo debate, se anuncia que las elecciones se repetirán el domingo próximo, lo cual se lleva a cabo; sin embargo, el resultado fue el mismo: ¡Abstencionismo total!

Los principales ministro del país se reúnen para tomar medidas de emergencia: Mezclar agentes disfrazados entre los ciudadanos a fin de escuchar conversaciones que puedan develar su posición durante las votaciones, hallar conspiradores en contra de la paz nacional. Las personas abordadas como por casualidad daban respuestas naturales, argumentando la sentencia de que, El voto es secreto… Hubo detenidos, se llegó a usar un detector de mentiras y nada en claro salió más que asustar a la ciudadanía. Por tanto, se impone un estado de sitio sin que esto alterara las actividades de los pobladores. Una mañana, muchas personas amanecieron circulando por las calles con pegatinas en la ropa, en colores rojo y negro, con la leyenda: Yo voté en blanco; así como banderolas que colgaban de los balcones de las casas que anunciaban: Nosotros votamos en blanco. El Primer Ministro, ante tal rebeldía,  propuso y ordenó a los integrantes del gobierno, la retirada inmediata a otra ciudad, con todas las fuerzas del ejército, la policía y todas las instancias de mando para que:  Cuando la vida aquí dentro se convierta en un caos, los habitantes culpables vendrán a implorar nuestro perdón. La noche de la huída en absoluto sigilo, se apagaron las luces de la ciudad al paso de cientos de camionetas negras que marcharon a paso lento con el motor apagado. De pronto comenzaron a encenderse las luces de las casas derramando su luz acusatoria. Nadie apareció en las puertas y ventanas, sólo la luz de los interiores. La sociedad se organizó ante la falta de servicios y la vida continuó. El Jefe de Estado comenzó a enviar mensajes televisivos con palabras contundentes: …el camino torcido de la subversión…el más diabólico desafío al poder legítimo…traición a la memoria de nuestros antepasados…y más frases lapidarias.

Días después, el Presidente de la República recibiría una carta enviada por un ciudadano que argumentaba cumplir con su deber a la patria, informando que, cuatro años atrás, cuando la población por entero se quedó ciega, él había formado parte de un grupo de seis ciegos que fueron guiados por una mujer que no fue contaminada y que los salvó conduciéndolos, consiguiéndoles alimentos y hasta defendiendo a las mujeres amenazadas por violadores y asesinos en pugna por los alimentos. La carta refería que ese grupo había hecho un juramento para no hablar jamás del hecho con la finalidad de proteger a la mujer salvadora, la única que jamás perdió la vista en esa tragedia. El firmante de la carta rompía el silencio para cumplir con su deber en el caso de que la ceguera de cuatro años atrás tuviera semejanzas con la ceguera del voto en blanco. Las autoridades impulsan una profunda investigación, haciendo caso omiso de las palabras del Ministro de Cultura: ..estuvimos ciegos, y ciegos seguimos estando…se nombra a un comisario y a dos ayudantes para localizar al sujeto de la carta y a los demás integrantes del grupo de ciegos guiados por la mujer;  localizan y entrevistan a todos; el inspector es encargado de entrevistar a la mujer guía, esposa de un oftalmólogo, quien impresiona al investigador por su lucidez y valentía, se reúnen en contadas ocasiones sin que salga a relucir culpabilidad alguna o semejanza con la crisis actual. Los ministros impacientes, presionan a los encargados para que encuentren y exhiban pruebas que señalen a la mujer como instigadora del voto en blanco. Ella llega a convertirse en chivo expiatorio y mártir. Perseguida por un fusil automático con mira telescópica.

José Saramago, con su peculiar estilo sarcástico y su elegante prosa, nos comparte, implacable, sus reflexiones: Nosotros ejercemos nuestro derecho para quitar y poner gobernantes, pero no podemos cambiar el poder… éste puede ser un acto de ceguera… o de lucidez.

NOTA:- No es indispensable haber leído “Ensayo sobre la ceguera” para comprender “Ensayo sobre la lucidez”, pero sí es recomendable leerlo.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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