Reflexiones

Malú Morales

La sangre de los libros

En un libro de escasas 150 páginas, aparecen los nombres de 30 escritores; esos que a través de los siglos han entregado al conocimiento universal, su pensamiento, filosofía, anécdotas e historias que tanto han alimentado el conocimiento de diversas generaciones.

Santiago Posteguillo, escritor español (1967) ha publicado un buen número de novelas de corte histórico; sus libros se convierten en “superventas” apenas salen a la luz. Aunque también es reconocido por sus ensayos y de eso se trata, de comentar un libro de este autor, que se compone de breves relatos o ensayos sobre la obra de autores universales de todos los tiempos, cuyos libros se han escrito con sangre, sudor y mucho talento: LA SANGRE DE LOS LIBROS. Desde el inicio, el autor nos conduce a un viaje apasionante hacia la vida y obra de grandes literatos, 30 en total… además, nos hace una  advertencia:

Para leer este libro no importa el grupo sanguíneo del lector. Sólo importa dejarse llevar por la pasión de la lectura y, eso sí, tener mucha sangre en las venas.

Ante la imposibilidad de dar cuenta de todos los autores de que trata este libro y habiendo elegido al azar a unos cuantos, comenzaré con la novelista inglesa Charlotte Brönte. Autora, entre otras novelas de alta calidad humanista,  de Jane Eyre, Charlotte se dedicó a escribir cartas amorosas que se quedaron sin respuesta. Se había enamorado del hombre que la contrató como institutriz para sus hijos y ante el impedimento de ser correspondida, decidió renunciar al cargo y volverse a su hogar desde donde le escribió ardientes misivas, las que, harto  del  engorroso asunto, el hombre decidió romperlas   dejando los pedazos en un cesto de basura, de donde las rescató la esposa, percatándose con afortunada sensibilidad, de la calidad literaria de aquellas cartas; decidió guardarlas y tuvieron que pasar muchos años para ser rescatadas por los biógrafos de las Brönte y publicadas en 1913. Charlotte fue la última sobreviviente de 6 hermanos que fueron muriendo poco a poco de tuberculosis,  incurable ante la falta de recursos de la familia. Emily, una de las hermanas mayores de la familia Brönte, alcanzó la fama, a pesar de su solitaria y enfermiza vida, con su impresionante novela Cumbres borrascosas que se lee y se seguirá leyendo por siempre jamás y de la que se han hecho buenas versiones cinematográficas.

Seguramente muchos conocen las terribles circunstancias en las que falleció el llamado maestro americano del relato de terror, Edgar Allan Poe. Se dice que un caminante de un parque de Baltimore se detuvo al escuchar los quejidos de un hombre tirado en un banco, que, a la vez que se convulsionaba, repetía un solo nombre: Reynolds. El desconocido tuvo el acierto de pedir ayuda y el moribundo fue traslado a un hospital en donde, en medio de delirios y convulsiones, no dejó de pronunciar el nombre de Reynolds. Las causas de la muerte fueron varias; Alcoholismo, sífilis, locura, hambre…lo cierto es que el tan leído autor de El gato negro, El cuervo, El corazón delator, La máscara de la muerte y tantos relatos más que aún se siguen disfrutando, Edgar Allan Poe, llevaba puestas, al momento en que lo hallaron, unas ropas que no eran suyas. Jamás se investigó si fue envenenado, si estaba alcoholizado y mucho menos de quién era el tantas veces repetido nombre de Reynolds.

Sin duda muchos hemos disfrutado de las novelas de ciencia ficción de Isaac Asimov, pero quizá pocos sabíamos de las causas de su muerte. Yo Robot, ha sido una novela muy leída y adaptada varias veces para el cine. Variados son los premios que alcanzó otra de las novelas cumbres de Asimov, El hombre Bicentenario, cuyo tema es sobre un robot de 200 años de edad que comienza a tener sentimientos humanos y lucha por convertirse en un hombre normal. La adaptación para el cine con el estupendo actor Robin Williams, ha sido vista con gran beneplácito. Lamentablemente Isaac Asimov falleció de SIDA en 1992, contagiado por una transfusión de sangre. Sus  familiares y seguidores le lloraban mientras el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos y el Instituto Pasteur de Francia,  se disputaban las glorias sobre quién había sido el primero en identificar el virus del VIH.

Ángeles Mastretta, una de las más importantes escritoras mexicanas, también aparece en este volumen, en donde el autor nos participa un episodio de dolor que padeció cuando su joven hija estuvo en estado de coma por varios meses y ella, confiando en que  se aferraría a la vida con el aliento de sus palabras. Comenzó a escribir día a día un relato acerca de las mujeres de su familia que veían la vida con la lucidez del corazón. Acudía diariamente a leerle a su hija cada historia que terminaba, llegando a crear 37 relatos en una recopilación que tituló: Mujeres de ojos grandes y que según palabras de Posteguillo: “Es una de las mejores colecciones de relatos de la historia de la literatura en lengua española”. Ángeles Mastretta siguió leyendo a su hija que permanecía inconsciente, aquellos cuentos creados para devolverla a la vida, hasta que un día su hija abrió sus ojos grandes. Y se recuperó.

Con ese estilo desenfadado, Santiago Posteguillo se dio a la tarea de rescatar el trabajo de grandiosos escritores a los que conocemos por sus obras, pero que ignoramos la sangre con que las crearon para hacerlas llegar, hoy en día, hasta sus ávidos lectores.

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