Reflexiones

Malú Morales

La tortura de la infidelidad

La mujer vuelve decepcionada y llorosa a su hogar participando a su marido que le acompañará al lugar en el que la muerte es lo único seguro que le espera.

William Somerset Maugham (1874-1965) Novelista y dramaturgo Inglés, de los más leídos en el siglo XX, nos dejó, entre muchas más, su novela EL VELO PINTADO, ubicada en Londres, Hong Kong … y el interior de una China asolada por el cólera… Maugham nos da una pista acerca del título, poco sugerente para una historia que pone de relieve unas candentes relaciones humanas; quizá la pista la podríamos ver en el epígrafe de entrada: …el velo pintado al que quienes viven llaman Vida.

La primera página de EL VELO PINTADO, nos instala en el diálogo íntimo de una pareja: Ella soltó un grito de temor… ¿Qué ocurre? Preguntó él…Alguien ha intentado abrir la puerta…Bueno, debe de haber sido el ama, o uno de los criados…Nunca vienen a estas horas. Saben que después del almuerzo siempre duermo la siesta… ¿Quién iba a ser, si no?…Walter –susurró ella con labios trémulos-.

Kitty Garstin es una bella joven inglesa de clase media alta cuya madre se encuentra empeñada en buscar un buen matrimonio para sus dos hijas; aunque Kitty, la mayor, merece su mayor esfuerzo; ningún pretendiente le parece lo suficiente. Así, va pasando el tiempo entre fiestas, bailes, paseos, durante los cuales desfilan los pretendientes; los años  se acumulan, la muchacha llega a la “peligrosa” edad de 25 años y la hermana menor, Doris, de apenas 18 años, es solicitada para un ventajoso matrimonio. La hermana mayor se llena de temor ante la boda de la hermana que “no puede” casarse antes que ella y se arrepiente de haber rechazado a los innumerables hombres que la han pretendido. Es entonces cuando aparece el médico Walter Fane, el cual vive en Oriente pero se encuentra en Inglaterra de permiso. De un discreto atractivo, callado, caballeroso, sobrio y dueño de sí mismo, coinciden en algunos bailes que los lleva a conocerse mejor hasta que un día, el Dr. Fane declara su amor en lacónicas palabras, ante el asombro de Kitty. Ella piensa que pronto, Doris será una mujer casada y ella seguirá siendo soltera, esto la lleva a pensar: Sería un matrimonio poco satisfactorio, pero un matrimonio al fin y al cabo. La boda se realiza en poco tiempo, dado que el médico especializado en Bacteriología, trabaja en Hong Kong, lugar al que debe regresar, esta vez con su flamante esposa. La vida social en el nuevo lugar de residencia de la pareja, resulta  intensa; cenas, cocteles, tenis, polo, golf y demás. El matrimonio es invitado a una cena en casa del Vicesecretario colonial y su exquisita esposa, acontecimiento que es determinante para Kitty. El diplomático  Charles Towsend resulta ser el hombre más atractivo que Kitty jamás conociera, dueño de un encanto social, elegante, moderno y desenvuelto, causa una gran impresión en ella. Los encuentros sociales se repiten hasta que, tres meses después se desata una relación pasional. Los amantes se encuentran en insospechados lugares, hasta que Charles decide un mediodía ir a visitar a Kitty a su domicilio, encerrarse en su recámara y dar rienda suelta  al enamoramiento, de manera despreocupada. Jamás imaginó Kitty que llegara su esposo a remover la perilla de su puerta. Al paso de los días, la actitud mesurada del Dr. Fane no se ve alterada, hasta aquella mañana en que él le comunica la necesidad de viajar a un lugar llamado Mei Tan Fu en el interior de la China, en donde hay una epidemia de cólera matando a cientos de personas. El anterior médico misionero había sido víctima del mal y Walter se ha ofrecido para encargarse de la situación. La esposa trata de disuadirlo, a lo que el médico le indica: Iremos tú y yo…ella se niega haciéndole ver el peligro al que se enfrentaría y cientos de razones más, a lo que el Doctor, con toda la calma le informa que si se niega a acompañarlo, él pondrá una demanda de divorcio teniendo como codemandado a Charles Towsend.  Kitty ignoraba que él estuviera enterado de su infidelidad. Los reproches, confesiones y duras palabras brotan esa mañana, hasta que finalmente, Kitty acepta su parte: Él es lo más importante del mundo para mí, y me alegro de que por fin lo sepas… El médico, haciendo uso de su acostumbrada templanza, medita por un tiempo para proponer a su envalentonada compañera: Si la esposa de Charles me garantiza concederle el divorcio y él me da su promesa por escrito de que se casará contigo en el momento en que ambas sentencias de divorcio, la nuestra y la de ellos, queden confirmadas, me sujetaré a irme solo a ese lugar…

Kitty, perturbada por la inesperada propuesta, acude de prisa a la oficina de su amante, a plantearle la situación. La respuesta del futuro Secretario de la Colonia Británica, en medio de un dudoso titubeo, le hace ver que no puede echar por la borda su prometedora carrera diplomática con un divorcio que le perjudicaría. Súplicas, llantos y amenazas no consiguen cambiar la postura de Charles. La mujer vuelve decepcionada y llorosa a su hogar participando a su marido que le acompañará al lugar en el que la muerte es lo único seguro que le espera: Supongo que no necesito llevar más que algunos vestidos y una mortaja ¿no es así?  La respuesta de Walter es contundente y fría: Ya dí indicaciones para que te hagan la maleta. Salimos mañana por la noche… La bella mujer hallará un insospechado destino.

Esta es una novela con un profundo sentido psicológico en donde las pasiones, el amor, el adulterio y un afán de redención, en medio de un exótico ambiente oriental, le han concedido el beneplácito de millares de lectores.

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