Reflexiones

Óscar Fidel González Mendívil

Las brujas sí existen

De todas las mujeres que murieron a causa de los procesos de brujas, tanto en países católicos como protestantes, ninguna era como las de Halloween, muchas fueron mujeres viejas, o vivían solas, o bien prestaban servicios de curación herbolaria.

Te digo que por fin vas a ganar una Filiberto. ¿Cómo que ya ganaste en el asunto de los ovnis? Esa no vale, hiciste trampa. Mejor te explico. No, no estoy haciendo mansplaining… pero ahí te va. Tengo evidencia de que las brujas sí existen. Hay miles de casos documentados en todo el mundo, principalmente en Europa. Se trata de juicios por brujería en los cuales hay confesiones, testigos, papeles que prueban que las mujeres acusadas fueron declaradas brujas y castigadas como tales.

¿Qué cómo le hicieron? Bueno, pues el papa Inocencio VIII, en 1484, encargó la persecución de la brujería a la Inquisición, que ya tenía experiencia combatiendo herejes, o sea, a quienes voluntaria y persistentemente sostienen un error religioso que se opone a la verdad declarada por la Iglesia. Un claro ejemplo de la lucha para acabar con la herejía fue la cruzada contra los albigenses en Francia entre 1209 y 1229. Poco a poco la batalla para coger a los herejes se fue transformando hasta llegar a la caza de brujas a fines del siglo XV (Baschwitz, Brujas y Procesos de Brujería, 1968).

Otro elemento de la cacería de brujas son las herramientas jurídicas de los inquisidores. Estas llegaron en 1486 con la obra de los frailes dominicos Kramer y Sprenger, el famoso Martillo de las Brujas, el Malleus Maleficarum, un verdadero manual para interrogar y obtener las confesiones de las brujas empleando la tortura. Es bueno que sepas que después de confesar ser bruja, la mujer era torturada de nuevo para que diera los nombres de las demás brujas. Al final le esperaba la hoguera o la horca, pero el castigo no lo aplicaba la Inquisición sino los verdugos del rey.

Por último, la Iglesia involucró a los abogados tanto laicos como sacerdotes, quienes se dieron cuenta que la mejor manera de cazar brujas es tener una definición que puedan aplicar. Jean Bodin, jurista francés y teórico del Estado, escribió en 1580 su libro Demonomanía de las brujas, en el cual nos dice que son aquellas que conociendo la ley de Dios intentan realizar acciones mediante un pacto con el diablo (Donovan, Historia de la brujería, 1989). Aunque la definición tardó en llegar, eso no significó que dejaran de actuar, pues al fin y al cabo la brujería se trataba de una herejía.

Todo esto ocurrió en pleno Renacimiento, en época del descubrimiento de América, al tiempo que Da Vinci y Miguel Ángel revolucionaron las artes y se daban científicos de la talla de Francis Bacon. La belleza, la razón y la barbarie se presentaron juntas. Se calcula que alrededor de sesenta mil personas murieron a causa de los procesos de brujería, de ellas, el 80% fueron mujeres.

¿Qué dices? ¿Qué lo bueno es que fue en Europa? También en América se dieron los juicios contra brujas. Recuerda el de Salem en 1692, en lo que hoy es Estados Unidos. Y en México tuvimos los nuestros. Bueno, en la Nueva España.

Por ejemplo, gracias a Lara Semboloni sabemos que entre 1748 y 1751 se dio una verdadera cacería de brujas en Coahuila, que inició en la villa de Monclova cuando encontraron una bolsa azul de seda en cuyo interior había una piedra imán envuelta en cabello, restos de hierbas, más cabello de distinta clase al primero, papelitos cortados y un hilo con muchos nudos.

Total que la dichosa bolsa era de una mujer española de nombre María Antonia de Inojosa (32 años), quien reconoció que el imán era suyo, los cabellos pertenecían a un tal Pedro Xavier y el trabajo era ¨para que la quisiera”. Se trataba de lo que hoy se conoce como un amarre de amor. El resto de los objetos eran para diferentes hechizos de otras personas. Se consultó a la Inquisición en la ciudad de México y esta instruyó que se mantuviera en prisión a la señora Inojosa “hasta descubrir la verdad, si son chismes o maleficios verdaderos”.

De todas las mujeres que murieron a causa de los procesos de brujas, tanto en países católicos como protestantes, ninguna era como las de Halloween, muchas fueron mujeres viejas, o vivían solas, o bien prestaban servicios de curación herbolaria. ¿Por qué el afán de castigar brujas si no representaban peligro? Marvin Harris dice que la pregunta correcta es ¿por qué los inquisidores estaban obsesionados con producir brujas? Su respuesta: “¿Aumentó el precio del pan, se elevaron los impuestos, disminuyeron los salarios, escaseaban los puestos de trabajo? Obra de las brujas… La Iglesia y el Estado montaron una denodada campaña contra los enemigos fantasma del pueblo”. Todo para evadir enfrentar los problemas que los cambios geopolíticos producían en la época (Vacas, cerdos, guerras y brujas, 1989).

¿Cómo que es lo mismo que hacen ahora? Te lo advertí Filiberto. ¡General Robles! ¡General Robles! ¡Lléveselo al bote mi general!

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