Reflexiones

Malú Morales

Las eternas pandemias

No sé por qué Dios creó la polio…¿qué trataba de demostrar?…Que en este mundo necesitamos inválidos?

Mucho se ha escrito sobre la obra de Philip Roth. Aquí mismo hemos reseñado una de sus novelas cortas; sin embargo es imposible resistirse a comentar uno más de sus extraordinarios textos. Aún cuando se le otorgaron los premios literarios  más importantes, no nos explicamos el por qué le fue negado el más distinguido: El Premio Nobel de Literatura (¿¿¿¿¿????)

Del libro LAS NÉMESIS, que contiene cuatro de sus cortas novelas, destacaremos la última de este volumen, así como fuera la última novela que Roth escribió a los 85 años, poco antes de partir de este mundo, en el 2018.  Si hemos de asumir el significado literal de la palabra NÉMESIS: Castigo o Venganza, inevitablemente tendríamos que cuestionarnos la temática histórica que nos relata una epidemia de poliomielitis que azotó a la pequeña población Estadounidense de Newark en el verano de 1944.

¿Por qué los habitantes, en su mayoría niños, fueron castigados con esta terrible enfermedad? ¿Qué fuerzas invisibles los dejaron lisiados, paralíticos a los que lograron sobrevivir? Los primeros casos se presentaron en el Centro Deportivo de Verano en un barrio Judío, del cual era director el maestro licenciado en Educación Física e Higiene, Bucky Cantor. A los 23 años y debido a una deficiencia visual, el profesor Cantor no fue llamado a la guerra. Excelente atleta, dedica todo su tiempo a sus alumnos adolescentes que lo veían como un súper héroe. Sin embargo, el maestro tenía que vivir con una carga de culpabilidad por no estar en la guerra en la que sus mejores amigos defendían a su país. Un día caluroso de aquel inolvidable verano, no se presentaron dos de sus mejores alumnos. Todos se enteraron que habían sido llevados a una clínica con síntomas de garganta irritada, dolores de cabeza y articulaciones, rigidez en el cuello y fiebre muy alta. Algunos sometidos a un respirador artificial al que llamaban “Pulmón de acero”.

Existía el antecedente de una epidemia de polio que había invadido el país en el año 1916. Se registraba asimismo el caso más relevante en el que una de las víctimas sobrevivientes había sido nada menos el que fuera presidente del país, Franklin Delano Roosevelt, quien contrajo la enfermedad  y sin embargo, fue el hombre que gobernó los Estados Unidos durante 12 años.

Ante el asombro del profesor Bucky, los casos se multiplicaron con rapidez entre sus alumnos, algunos llegaron a fallecer con la pesadumbre de las familias que no sabían cómo combatir el mal. Los médicos  no tenían nociones de cuál era el agente transmisor, cuáles los medicamentos adecuados y mucho menos cómo se podía prevenir. El maestro se sentía culpable por no haber cuidado en forma más adecuada a sus alumnos. Su único consuelo era el contar con su abuela que lo había cuidado desde que perdiera a sus padres y el amor de Marcia Steinberg, hija de un prestigiado médico, educadora, que había aceptado colaborar en un campamento de verano instalado al pie de hermosas montañas, a muchos kilómetros de distancia de aquel mortal lugar. Marcia le hizo una llamada a su novio, alarmada por la situación,  para animarlo a que abandonara la ciudad y se uniera a ella en el campamento en el que se desempeñaba. Le expresaba sus temores de que él se contagiara, comentándole la afortunada coincidencia de una  plaza vacante. La insistencia de Marcia logró convencer a Bucky; habló con su abuela, la dejó a cargo de sus piadosos vecinos y se trasladó al lugar en el que lo esperaba un ambiente con mejor calidad de vida. Fue recibido con entusiasmo por los directores, instructores y monitores; sobre todo por su futura esposa a quien pronto le pediría compartir su futuro. El aire transparente, la comida sana, los ejercicios y la convivencia con los alumnos y maestros, fue un bálsamo para el atormentado maestro que pronto recibió la admiración y solidaridad de sus compañeros. Uno de los jóvenes monitores le suplicó que le enseñara las técnicas de natación y clavados que el maestro había demostrado con gran habilidad y excelencia. Fueron varias las noches en que Bucky asistió al entusiasta joven. Hasta que una noche despertó a todo el personal con vómitos, dolores, náuseas y debilitamiento. El joven fue trasladado a la clínica y mantenido en observación, el diagnóstico fue certero: Había contraído la polio. Desde que Bucky llegó,  Marcia lo llevaría a una isla cercana que había descubierto para compartir su noviazgo con discreción. En una de esas noches de intimidad, Bucky confió a su novia  sentimientos de culpabilidad por haber abandonado  a sus alumnos en plena epidemia de polio. Marcia argumentaba que lo importante era que él se había alejado del peligro de contraer la enfermedad y comenzó a elevar plegarias de agradecimiento a Dios. Bucky respondió enojado con argumentos que asustaron a su novia: No sé por qué Dios creó la polio…¿qué trataba de demostrar?…Que en este mundo necesitamos inválidos?  La muchacha se sintió herida en su religiosidad y el desánimo invadió a la pareja.

Al término de un día de trabajo, el maestro Bucky Cantor comenzó a sentir severas molestias que alertaron a sus compañeros. Inmediatamente lo llevaron a la clínica cercana donde pronunciaron el espantoso diagnóstico: Estaba contagiado de Polio. El maestro se agravó con rapidez; fue aislado con fuerte agotamiento debilitante, dolores musculares atroces, fiebre alta y finalmente, la parálisis de las piernas se presentó contundente. Las autoridades del centro vacacional dieron aviso a los padres que se llevaron a sus hijos, algunos de ellos ya contagiados.

Bucky Cantor se negó a ver a su novia. Nunca se perdonó haber sido él quien llevara el contagio al espléndido campamento que con celeridad, quedó vacío.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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