¿Qué es una ola de calor? La Organización Meteorológica Mundial (OMM) las define “como un periodo durante el cual la temperatura máxima diaria supera durante más de cinco días consecutivos la temperatura máxima normal en 5 °C, definiéndose como periodo normal el comprendido entre 1961 y 1990”, además de que terminan de una forma abrupta.

El problema es que parece que las olas de calor llegaron para quedarse, pues decir que en nuestra entidad “terminan de una forma abrupta” es algo completamente fuera de la realidad. Mas que olas de calor en los últimos dos meses hemos tenido “tsunamis de calor”, y no sólo en esta región; desafortunadamente es algo que afecta a todo el planeta.

Por ejemplo, el mes de julio de este año será recordado como el mes en el que se batieron los récords de temperaturas más elevadas. Un día tras otro, por 21 días seguidos estos récords fueron siendo superados. Para que terminara el mes de julio rompiendo todos los récords referentes a altas temperaturas.

En ese mismo mes de julio, las notas sobre las “olas de calor” que se sintieron en la entidad fueron acompañadas, desafortunadamente, por personas que fallecieron por este tipo de eventos. Por ejemplo, en nuestro país, aun y cuando los datos son confusos, las autoridades de salud reportaron 249 muertes del 19 de marzo al 22 de julio de este año; el 63% de esas muertes se registraron en los estados de Nuevo León, Tamaulipas y Sonora. No es de extrañarse pues los estados norteños fueron los que sufrieron los mayores estragos derivados de las altas temperaturas. Sin obviar que los reportes indicaron que todo el país sufrió los estragos de las temperaturas extremas.

Esto nos obliga a pensar en la declaración lapidaria del Secretario General de las Naciones Unidas António Guterres “la era del calentamiento global ha terminado y ha llegado la era de la ebullición global” y no andaba tan errado. Algunos dicen que fue algo parecido a una estrategia publicitaria para llamar la atención, particularmente de los tomadores de decisiones y del ciudadano común, pues es insostenible el ritmo que lleva el planeta en sus incrementos de temperatura.

Tenemos que entender que el problema ya lo tenemos encima, y no hablamos de que es actual, pues desde 1950, el número de olas de calor a nivel global han sido más frecuentes y/o su duración se ha prolongado. Es más, el récord anterior para el mes de julio fue establecido en el 2019, fue vigente sólo por 4 años, el equivalente a un ciclo olímpico fue fácil el romperlo, fue más difícil romper el récord de salto de longitud establecido por Bob Beamon en 1968, pues ese se mantuvo imbatible por 23 años.

Algunos autores dicen que ya perdimos la batalla contra el cambio climático y todo lo que viene empalmado con esto. Hablamos de anomalías climáticas, que hace más de 20 años los científicos advirtieron que podían ocurrir. Hoy la realidad nos alcanzó. Tenemos una serie de problemas globales atribuidos o magnificados por el cambio climático y aun así nos mantenemos impávidos.

Llamó mi atención el término denominado “ebullición ambiental” del señor António Guterres, me parece que puede sonar exagerada pero para nada fuera de contexto, tanto así que sacudió, y fuerte, a la comunidad internacional, desafortunadamente tiene los datos o información para una declaración de tal magnitud.

No tengo idea si la era de la ebullición se empalme con otras “eras”, pero mientras son peras o son manzanas no podemos tapar el sol con un dedo y no creo que esa sea la solución. Debemos de ser empáticos con lo que en la actualidad ocurre, ya no es por las “futuras generaciones”. Hoy es por el presente. Mirar al futuro es importante, pero actuar en el presente es prioritario.

En la siguiente entrega vemos qué podemos hacer.

Abrazos a los Schiller.

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