Reflexiones

Dr. Xicoténcatl Vega Picos

Las peripecias en el SAT por la firma electrónica

Pobre de los que estamos clasificados como “aspiracionistas” o aquellos que tenemos que emitir facturas para que nos paguen nuestros honorarios.

El pasado día primero de julio se me venció la E-Firma, por ese motivo, me comentó mi contadora que no podía emitir una factura. Ahora tendría que hacer un trámite por internet para obtenerla de nuevo, cosa que hicimos en el mismo rato. Necesidades económicas siempre se tienen y eso no íbamos a dejarlo “para mañana”.

Raudos y veloces hicimos el trámite, me sorprendió que hasta un video me hicieron grabar como parte de la autenticidad de que pues era yo el que estaba haciendo dicho trámite por internet. Guapo que digamos no salí, pero no era una audición o concurso de belleza, lo que quería era que me renovaran ese documento para hacer la factura. Finalmente, se me otorgó el folio correspondiente vía correo electrónico.

En alguna parte de la página del SAT decía que dicho papeleo dura un plazo de 5 días hábiles, ni modo, a esperar estos días. Menos mal que los esperamos sentados y con otras actividades por hacer, porque llegó el tan esperado quinto día y ni sus luces. El correo o notificación del trámite no llegó.

Le comenté a mi contadora el viernes, con un “qué raro, lo voy a checar, dame el número de folio”. Hoy ya es lunes y me propuse hablar a un número que aparece en el correo que recibimos de confirmación.

A las 10:12 de la mañana inició el viacrucis. La primera llamada con una contestadora automática: que si quiere información, que si ya le entendí, que pícale al uno, que pícale al cero y que no ocupo ir a la oficina. Por fin me contestó un operador, ufff qué alivió pensé, me contestó Martín, le comenté lo que quería y muy amablemente me dijo que me transfería con un operador para que me atendiera. Y que me transfiere. Qué eficiente -pensé-, lo malo fue que en esa transferencia ya no pusieron música, y “así pasan los días y yo desesperado”, no pasaron los días, pero sí pasaron diez minutos en un completo silencio.

El “por favor espera, en breve serás atendido” nunca llegó. Marqué de nuevo, después de todo la música no estaba tan mal y me pongo a leer algo, fue lo que pensé. ¡Qué equivocado estaba!

Ya son siete las llamadas y pasan de las 11.00 de la mañana. es hora de que no puedo hacer la consulta, los dos operadores después del Martín hicieron lo mismo, me transfieren con otro asesor para que me atienda, el teléfono se queda mudo y valiendo mmmm. Ahora no soy yo el que cuelga, pero después de unos siete minutos se termina la llamada.

Luego me salieron que la llamada se cortaba, y bolas que cuelgan. Ahora estoy con el inalámbrico y seguimos esperando, la música pasó de ser agradable a desagradable, ya es más de una hora. Por fin alguien me vuelve a contestar, ya para este momento mi voz suena más a suplica, los trato con pinzas y casi diciendo “hazme el paro loco”, y el viacrucis sigue.  

La lectura pendiente ya la terminé, el operador, me dice que ellos hacen la transferencia con sus compañeros, me comentó que se ven desocupados dos de los que me pueden atender ¿y qué creen? valiendo mmmmm otra vez. Sigo con el pi……e teléfono pegado a la oreja y nada.

Ya me contestaron y parece que vamos por buen camino…, están validando mis datos, me pidieron el número de folio y el RFC. Ahora me dice la operadora que mi trámite está en proceso de “ratificación”. Alguien va a ver el video que mandé, va a comparar mi cara con el IFE que envié el día primero de julio y decidirá si soy yo o es alguien más. El problema que tengo es que en la foto del IFE pesaba más de 100 kilos, ahora peso menos de 85 kilos. Mi cara ya no es la misma, el que escribe tiene la cara enjuta y en la del IFE salgo cachetón. Alguien va a decidir si me valida o no y si me entregan la ansiada “liga de autorización”, en el inter a seguir comiendo tortillas.

Pobre de los que estamos clasificados como “aspiracionistas” o aquellos que tenemos que emitir facturas para que nos paguen nuestros honorarios. Luego el trajín de las facturas, comprobar cada una de ellas, hacer cheques para que coincidan, que está factura no te sirve, que no puedes ir a un restaurante de la ciudad a comer con tu familia o hacer un negocio (antes de la pandemia) y pedir una factura porque estás en la ciudad. Que tienes que ir “bichi” al trabajo porque ni los calzones puedes facturar. Que no comes porque tampoco se factura.

Un sistema de recaudación de IMPUESTOS por demás ineficiente y diseñado para fregar a los aspiracionistas y que conste que no fueron ellos los que hicieron todo este embrollo de las facturas, pero por el “bien de todos” ¡hagan algo a favor de aquellos que emitimos facturas para que nos paguen los honorarios!, no es mucho lo que pedimos: déjenos, facilítenos el proceso para facturar, ¡hagan algo!.

Por cierto, no arreglé nada y duramos más de 1:45 minutos para que finalmente me contestaran y me dijeran que “le va a llegar por correo la notificación”, ¿cuándo? pues que tienen mucho trabajo. Ni molo.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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