Reflexiones

Malú Morales

Lecturas muy recomendadas | Los renglones torcidos del cine mexicano

Apenas tuve tiempo de depositar unas flores junto a la tumba de mi madre y de saquear, para pagar el pasaje, la caja fuerte de mi padre…

Torcuato Luca de Tena va a dar mucho de qué hablar en el próximo 2021. Es posible que hasta se ponga de moda entre los lectores debido a que el cineasta español Oriol Paulo (Premio Goya a la mejor dirección de cine. Director de películas como: “ Contratiempo”, ”El cuerpo” y muchas más) pues bien, Oriol Paulo se encuentra trabajando sobre la adaptación para el cine español de la novela “Los renglones torcidos de Dios” de la autoría de Torcuato Luca de Tena (1923-1999) monárquico, periodista, poeta, dramaturgo, novelista y miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Lamentablemente, a este grandioso escritor se le conoce muy poco en México por su literatura, pero  destacaremos que fue reconocido en nuestro país, en el año de 1983, en que se hizo la adaptación de su novela “Los renglones torcidos de Dios”, para hacer una película dirigida por el argentino radicado en México, Tulio Demichelli, con un reparto espectacular entre los que figuraban: Gonzalo Vega, Manuel Ojeda, Alejandro Camacho y la preciosa jovencita Lucía Méndez. El filme fue un intento fallido, tanto por su caricaturesco planteamiento, su acartonada dirección, así como la ineficaz actuación de un elenco que más bien buscaba destacar por su galanura y belleza que apostarle a una historia interesante. Esperamos que esta otra versión Española para el 2021, guarde mayor respeto hacia uno de los mayores escritores del habla hispana. No se duda.

He tenido la suerte de leer algunos  libros de Torcuato Luca de Tena, (que además, dicho sea de paso, contaba con el título nobiliario de Marqués) por lo tanto, me he de referir a una de sus novelas:  “Escrito en las olas”, que tiene como soporte un  hecho real como  fue la construcción de un ferrocarril sobre el océano que unía a La Florida de Miami, con el islote llamado Cayo Hueso, muy cercano a Cuba, de 160 millas sobre 29 Cayos; sueño de Henry Morrison Flagler que se hizo realidad;  visionario empresario  a quien se le considera fundador de las ciudades de Miami y de Palm Beach,  Flagler pensaba que el entorno pantanoso que era Florida, podría convertirse en un área turística de grandes proporciones. Todo esto a principios del siglo XX.

Sin embargo, el autor de esta novela nos advierte que la construcción del ferrocarril sobre el mar, no es más que un telón de fondo en el que destacan amores contundentes que perviven durante generaciones, ambiciones, obstinación por el trabajo, peligros de muerte, decepciones, riquezas, y mucho más que hacen entrañable  esta gran novela.

Germán Hargüindey abandona su natal Coruña y se embarca con rumbo a América huyendo de su familia. Apenas tuve tiempo de depositar unas flores junto a la tumba de mi madre y de saquear, para pagar el pasaje, la caja fuerte de mi padre… Eso dice el protagonista al comenzar a escribir sus memorias. Ante el temor de ser perseguido por su padre, decide cambiar su destino que era Cuba, por una isla desconocida que le pareció el refugio perfecto. Era el 15  de enero de 1904. Ese día cumpliría 18 años. Ante la amenaza del encargado de la aduana de correrlo de la isla si no consigue trabajo, Germán recorre las calles en busca de empleo. Pasa por una residencia en la que figura un cartel que anuncia: Se precisa un jardinero, un mozo de cuadra y un mozo de comedor. Esperanzado a conseguir cualquiera de esas vacantes, toca el timbre y es atendido por un estirado mayordomo que lo lleva ante la señora de la casa. Después del interrogatorio, ella le comenta que es pintora y admirada por la apostura del joven, le pide que sea su modelo. Los pensamientos que Germán anota en sus memorias, lo dicen todo: Si mi excitación de hombre era grande, mayor era mi estupor ante el comportamiento de esa mujer. Jamás se imaginaría que ella, su hija y su nieta, se verían envueltas en un amor que él les despierta en el transcurso de los años.  Sale de la residencia con los bolsillos llenos de billetes que le obsequia su seductora, pero sin trabajo alguno. Se da cuenta que hay una fila muy extensa de hombres solicitando trabajo y se forma con la idea de emplearse en lo que sea. Es contratado como peón en un proyecto que se llevará a cabo en unos pantanos lejanos y hacia allí son transportados los hombres que tendrán que sobrevivir en islotes pantanosos, entre caimanes, tiburones, víboras, plagas hostiles,  para trazar una línea férrea sobre el océano. Germán va moldeando su carácter en plena lucha por la supervivencia con miles de peligros. En ese contexto transcurren 33 meses; consigue un permiso para descansar en la isla y recuperar su parte humana que él creía adormecida por el sufrimiento. Al encontrarse con un antiguo maestro de su universidad, su suerte cambia; de modo que al coincidir con su antigua seductora, se percata  de la hija adolescente de ella, que se ha convertido en una bellísima mujer de la que se enamora. Germán se asocia con unos empresarios, comienza a hacer fortuna y va postergando la boda que había planeado hasta  que la novia se cansa y lo deja. El hombre deja pasar los años en soledad pero conserva su galanura y fineza que aún desata pasiones.

El protagonista se pregunta: ¿Es el hombre juguete del destino, o es él mismo quien lo elabora?

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