Reflexiones

Malú Morales

Aura y las veleidades del tiempo

Carlos Fuentes (1928-2012) creó AURA, una novela colmada de símbolos, trampas, pistas, que la convierten en una historia perturbadora

Existen novelas que se quedan adheridas en la mente como un recuerdo de vida. No pasan al olvido porque nos marcaron con su historia, su contexto, sus personajes, su ambientación. Ese es el caso de AURA, la novela de Carlos Fuentes, que con apenas 64 páginas envuelve al lector en su ambiente obscuro, húmedo, de pegajosas paredes y amarillentos papeles que contienen historias de un brillante pasado.

Carlos Fuentes (1928-2012) creó AURA, una novela colmada de símbolos, trampas, pistas, que la convierten en una historia perturbadora. El plus radica en que entrelaza con inusitada destreza, el presente con el pasado. 

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Narrada en segunda persona, nos cuenta la historia del joven Felipe Montero, que una mañana vio un anuncio en el periódico en el que solicitaban a un historiador con conocimientos de francés. Él había sido becario en la Universidad de la Sorbona. El pago era bueno, ofrecían comida y una recámara para trabajar. No aparecía ningún número de teléfono, únicamente la dirección en pleno centro de la ciudad de México. Felipe Montero, con curiosidad y entusiasmo tocó varias veces el portón de la vieja casona, hasta que éste cedió con un leve empujón. Le recibió un obscuro patio con un fuerte olor a humedad, no alcanzaba a ver claramente, hasta que escuchó una voz femenina que lo fue guiando con claras señales para evitar tropiezos pasando por escaleras de fierro, obscuros pasillos y finalmente, la voz le pide que entre a la habitación apenas iluminada con velas. Le dice que se acerque a la cama en donde descubre la figura pequeña y enjuta de una anciana. Al tomar la mano que se le ofrece, Felipe nota la sequedad y falta de temperatura. Se recupera al escuchar las indicaciones de su trabajo que consistirá en ordenar, recuperar y completar las memorias del General Llorente, esposo de la señora Consuelo, fallecido 60 años atrás, con el fin de publicarlas.

La voz enronquecida de la anciana menciona el nombre de Aura, en el momento en que aparece una muchacha parada al lado del joven, con los ojos cerrados que sólo se limita a inclinar la cabeza ante las instrucciones de la vieja. Es mi sobrina. En la medida en que la joven abre los ojos, Felipe ve, sin resistencia, los ojos verdes, como un paisaje reservado para él. Me quedo, dijo. Es conducido a la recámara que le es reservada, en donde se sorprende de la luminosidad y los muebles cómodos. Después de la cena que disfruta sólo con Aura, le indica que debe recibir los folios que la tía le entregará para comenzar a trabajar en ello. La lectura de los documentos le remiten a Francia en el tiempo del círculo íntimo de Napoleón III, las vivencias del matrimonio Llorente con una Consuelo joven y hermosa, según las fotografías que también le son confiadas.

La entrega al trabajo hace que el historiador ignore las rarezas que ocurren en el caserón. La única vez que la anciana cenó con ellos, observó cómo ambas hacen los mismos movimientos como títeres articulados. Él piensa que la joven está sometida a un dominio absoluto, por lo que surge en él la idea de liberarla llevándosela a otro lugar menos sombrío. Una noche es despertado por el maullido ensordecedor de gatos. Al asomarse por la ventana contempla horrorizado a varios animales atados ardiendo en un fuego enloquecedor. Al día siguiente lo comenta con  la señora Consuelo, quien niega el hecho. Felipe va enamorándose de Aura y proyectando planes para huir con ella. Decidido, se dirige a la recámara de la muchacha que lo recibe como si supiera de sus intenciones. La belleza de Aura en su bata verde, con los muslos color de luna, excitan al joven. Déjame hacerlo todo a mí…  escucha él, que se pierde con besos apresurados sobre el cuerpo de la muchacha. Se envuelve con la voz tibia en sus oídos. Al despertar, descubre a la señora Consuelo sentada en un sillón, Aura sentada en el suelo al lado de su tía. Ambas se sonríen con él como agradeciendo. Se levantan al mismo tiempo, con los mismos movimientos y salen de la recámara. Felipe vuelve a dormir soñando con el cuerpo que cree haber poseído.

El relato nos va llevando a definir la personalidad de Consuelo, el marido ha escrito sobre la esterilidad de ella, de las hierbas que cultiva en su jardín, de los resultados de los bebedizos y de la exaltación de la mujer: ¡Sí, he podido, la he encarnado… puedo darle vida con mi vida!.. Felipe confunde las fotos de la tía con la imagen de Aura…Son idénticas. 

Carlos Fuentes, reconoció la influencia sobre él de Charles Dickens, de Henry James, de Luis Buñuel con su cine surrealista. Lo cierto es que  a pesar de la brevedad de la novela, alcanza una perfección circular, contundente en su elipsis. Una ficción contenida y deslumbrante.

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Esta novela –que releí con deleite y que llegó a mis manos de manera sorprendente- apareció publicada completa, en un suplemento del periódico El Sol de México, de 1994. Se llamaba “El Periolibro”. Surgió en la década de los 90, gracias a un acuerdo entre la UNESCO y el Fondo de Cultura Económica, del cual era director el ex presidente don Miguel de la Madrid Hurtado, hombre de gran cultura. Excepcional por entre los gobernantes mexicanos de los últimos tiempos.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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