Reflexiones

Malú Morales

Reflejos en un ojo Dorado

A pesar de la brevedad de la novela, Carson McCullers logra un espléndido juego discurriendo por entre las pasiones de sus protagonistas, lo que la coloca en una autora irrepetible , de la que…El esplendor emana de su escritura

Definitivamente, es un error ver la versión cinematográfica de una novela antes de leer el libro. El cine no supera a la literatura, a pesar del atractivo visual que ofrece. Pongamos por caso la novela Reflejos en un ojo dorado, que escribiera la extraordinaria Carson McCullers (1917-1967) llevada al cine bajo la dirección de John Huston con las actuaciones de Marlon Brando y Elizabeth Taylor de probada calidad artística. Justo es mencionar que la película enfrentó problemas de censura por el tema de la homosexualidad, en los años 60s. En la narrativa cinematográfica hay algunos cambios sobre la historia original como para darle más peso dramático, lo que resulta poco útil, llena de prejuicios al espectador y tiende a tambalear la psicología de los personajes originales. Por todo ello, me quedo con el texto de McCullers.

La novela REFLEJOS EN UN OJO DORADO,  a pesar de su brevedad de poco menos cien páginas, mantiene una tensión soterrada entre sus personajes. Viven en un puesto militar en tiempos de paz. El Capitán Penderton y su bella esposa Leonora mantienen una relación ríspida, las pocas veces que se comunican elevan tonos sarcásticos y palabras violentas. No mantienen relaciones, llevan una vida social activa, reciben a sus amigos, ella prepara exquisitas cenas y hace gala de un carácter alegre y seductor. El marido, retraído, apegado al trabajo militar muy apreciado por los superiores, al parecer se debate en deseos reprimidos, poco claros para él mismo. Conoce y se reserva la verdad sobre las relaciones de su esposa con el Comandante Morris Langdon, casado con una mujer frágil, enfermiza y obsesiva, contrastante con la vital y atractiva Leonora. El personaje clave de la novela, es el soldado Williams que aparece como detonador de las pasiones que configuran a los demás. Una mañana recibió la orden del Capitán para hacer limpieza en el terreno aledaño a la residencia. Pasa todo el día, derribando maleza, limpiando el terreno siendo observado por la señora de la casa, que lo ve desde su hamaca a corta distancia.

Leonora prepara una de sus exquisitas cenas para recibir a sus amigos; el esposo, molesto por la algarabía que impera en la cocina, llama la atención a su esposa y a la cocinera tratando de imponer el silencio necesario para la concentración en su trabajo. La mujer contesta con ironía, enojo y rebeldía. Comienza a desvestirse en la sala, insulta al marido y termina arrojándole su ropa a la cara. El despechado capitán grita… ¡Me das asco!… ¡Te mataré! Sin que logre alterar el paso de ella luciendo su espléndida desnudez … su cuerpo resultaba magnífico frente al fulgor dorado del fuego. El soldado Williams, entregado al trabajo encomendado, se retiraba al descanso. Teniendo que pasar por la iluminada residencia del Capitán, sus ojos se detuvieron en la figura exultante de Leonora que subía lentamente por las escaleras… Era la primera vez que aquel muchacho veía una mujer desnuda.

A partir de ese acontecimiento, el soldado Williams se dedicó a espiar la casa del Capitán. Una noche se acercó sin ser visto, para observar a Leonora, quien… no temía a los hombres, ni a los animales, ni al diablo. A Dios no le había conocido nunca… La única debilidad de la mujer, era su caballo blanco, pura sangre, de gran belleza, que estaba al cuidado del soldado. El marido, con el afán de hacer enojar a su mujer, decidió un día montar a la bestia ante el asombro de su cuidador. El animal, no acostumbrado al desconocido jinete, comenzó a galopar a una velocidad que el Capitán no pudo controlar. Fue derribado y arrastrado sin control, hasta que el caballo se agotó. La respuesta del hombre fue golpear con la fusta al asustado e involuntario tirano. El soldado Williams que había estado nadando en un lugar cercano, se acercó a la violenta escena, defendió al animal rescatándolo del castigo. Penderton contempló asombrado la figura desnuda del soldado que se retiraba  sosteniendo las riendas, sin reparar en las heridas de su superior, quien apenas logró distinguir entre la humillación, la rabia y el deseo que el joven le provocaba.

Alison Langdon descubrió la infidelidad de su marido con Leonora, lo que deterioró aun más su salud. Había perdido a su hija recién nacida, acontecimiento que  la transtornó… Carson la describe con una frase lapidaria: …se había cortado los tiernos pezones con las tijeras de podar… A los pocos días de estar internada, Alison falleció. El viudo fue consolado por la solícita Leonora.

El soldado Williams había decidido entrar a la casa del Capitán, sin ser visto ni oído. Permanecía largas horas, sentado en la alfombra de la recámara, contemplando el sueño de la señora Penderton. Acostumbrado a trabajar hasta altas horas, el Capitán escuchó aquella noche, pasos furtivos en la escalera… Entonces salió al vestíbulo y vio, recortado sobre la claridad gris de la ventana, a aquel a quien andaba buscando (…) sacó una pistola de su cuarto, cruzó el vestíbulo y encendió la luz del cuarto de su mujer…. Leonora dormía apaciblemente. El soldado, sobresaltado, alcanzó a mirar el agujero de la pistola. A pesar de la brevedad de la novela, Carson McCullers logra un espléndido juego discurriendo por entre las pasiones de sus protagonistas, lo que la coloca en una autora irrepetible , de la que…El esplendor emana de su escritura.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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