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Letras Sustentables | Albert K. Owen el visionario de Topolobampo

Alberto K. Owen llegó a la bahía de Topolobampo en septiembre de 1872. La primera impresión del joven ingeniero fue la que se grabó en su mente para siempre…

El doctor Sergio Ortega Noriega escribió el libro “El Edén Subvertido, la colonización de Topolobampo 1886-1896” en el año de 1978, del cual hago uso para escribir esta pequeña aportación sobre el ingeniero Albert Kimsey Owen, el visionario ferrocarrilero que pretendió establecer una colonia agrícola en los fértiles valles de lo que hoy es el municipio de Ahome y construir un ferrocarril que partiría del puerto de Topolobampo para unirse en algún punto del estado de Texas.

Los datos de Ortega Noriega nos dicen que Albert k. Owen nació un 17 de mayo de 1847 en el poblado de Chester, Pennsylvania, cerca de la ciudad de Filadelfia en el seno de una familia de “cuáqueros”. Sus padres fueron Joshua P. Owen y Harriet Maffit, quien falleció a temprana edad, dejando huérfano a Albert y su hermano Alfred, quien abrazó la medicina como su padre. Albert fue un ingeniero que a los 25 años ya tenía experiencia en la construcción de ferrocarriles y estaba empleado por la compañía constructora “Denver and Rio Grande Railroad Company”, este joven ingeniero y sus patrones viajaron a la ciudad de México para proponer la construcción del ferrocarril desde Texas a la ciudad de México.

En las pláticas con el gobierno mexicano se le encomendó al joven Owen que explorará en el noroeste de México la posibilidad de unir esa despoblada región con el centro y la frontera del país para potencializar su crecimiento económico. Impetuoso, soltero y con ganas de trabajar ni tardo ni perezoso este aventurero se montó a “lomo de su caballo” para cumplir la encomienda, se sabía ya de Mazatlán y el puerto de Guaymas como sitios potenciales, sin embargo, le indicaron que buscara otras opciones.

En Mazatlán nuestro personaje conoció al exconsul y médico Benjamín Carman, quien le informó que sabía de una bahía escondida que era utilizada por ladrones gringos que bajaban de la sierra de Chihuahua con metales de las minas para su venta. Carman se interesó e investigó sobre la misteriosa bahía que resultó ser verdadera. Como buen informante el médico Carman negoció con Owen algunos tratos y le facilitó los datos y el camino para que fuera en busca de la famosa y misteriosa bahía escondida.

Alberto K. Owen llegó a la bahía de Topolobampo en septiembre de 1872. La primera impresión del joven ingeniero fue la que se grabó en su mente para siempre: el sitio más adecuado para la construcción del ferrocarril y el desarrollo económico de toda la zona por su alto potencial agrícola con tierras planas y vastas que estaban a la espera de personas laboriosas no holgazanes como los mexicanos, tanto que decidió dedicarle toda su vida, influencias y dinero para alcanzar ese sueño.

Las bahías de Topolobampo y Ohuira fueron calificadas como “mares interiores” que en su totalidad tenían 12 millas cuadradas (3,106 Has) y una profundidad de 21 pies (6.4 metros). Inmediatamente comparó su potencial con las bahías de San Diego y de Nueva York, con un canal de navegación de aproximadamente 6 a 7 brazas (10.03 a 11.70 metros), por lo que podrían atracar barcos de gran calado.

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La desolada región costera fue descrita como un sitio en donde no existía suficiente fondo en las riberas de las dos bahías, y los alrededores eran terrenos “yermos y desolados. Cerros pedregosos carentes de vegetación, marismas y esteros que dificultaban el acceso por tierra y hacían insalubre el sitio”.

El informe que realizó Owen a sus patrones fue por demás entusiasta, dando pormenores del potencial de esa región, no solo como un destino para el ferrocarril sino como un puerto que tenía un enorme potencial de carga por todas las bondades que la zona presentaba. Contrario a lo que esperaba su propuesta fue rechazada por estos empresarios, más no sus sueños y planes. Con esa negativa y una cabeza llena de sueños y planes Owen inicia una aventura que tendría como objetivo principal el unir por ferrocarril la costa Atlántica con el Pacífico para mover mercancías. Este primer intento lo llamó el “Great Southern”, las ventajas eran muchas, algunas de ellas se describen a continuación.

Las riquezas naturales por donde cruzaría este ferrocarril eran incalculables, oro, plata, entre otros minerales, forestales, además de lo que ya visualizaba como la gema de la corona: los vastos y fértiles valles de la región costera de Sinaloa, en particular de Ahome. Otros beneficios eran la interconexión de la cuenca del Mississippi con el Pacífico para sacar los productos de esa región, el ahorro de tiempo y distancia entre el puerto de Norfolk, que se estimaba era menor en 600 millas (965 kilómetros) y estaría disponible todo el año, contrario a la que ya se tenía del mismo puerto de Norfolk a San Francisco, California pero que en el invierno se interrumpía por las nevadas. Otra más se refería al potencial de la bahía como puerto, pues era semejante al de Nueva York, y por último el que México con ferrocarriles podría ser la fuente inagotable de recursos naturales que ocupaba un voraz país como los Estados Unidos de Norte América.

Owen fue un incansable escritor con un poder de convencimiento que más adelante lo describiremos, por ahora llegamos hasta este punto.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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