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Dr. Xicoténcatl Vega Picos

Letras Sustentables | El uso de tecnologías en el manejo de la basura. ¿Por qué no?

Administraciones vienen, administraciones van. Seguimos enterrando dinero. Peor aún, seguimos enterrando un cúmulo de materiales que se podrían reintegrar perfectamente en las cadenas productivas

Sin lugar a duda el manejo inadecuado de los Residuos Sólidos Municipales (RSM) en el país y, probable, a nivel global sigue siendo una asignatura pendiente y en ella reprobamos todos. La tendencia es generar basura para que termine en un “relleno sanitario”, cuando nos va bien, o en tiraderos a cielo abierto, barrancas o cualquier sitio en donde se pueda esconder el problema.

Todo lo referente a construcción y manejo de los rellenos sanitarios se encuentra en la Norma Oficial Mexicana (NOM 083 SEMARNAT 2003 y modificaciones subsecuentes), con ello se pretende el minimizar el impacto ambiental. Por tanto estos espacios destinados a la disposición final deben de cumplir a rajatabla con dicha normatividad.

Basurón de Culiacán. FOTO: Rolando Carvajal.

Ya somos más de tres millones de sinaloenses. Cada uno generamos poco más de un kilo de basura diaria. En los grandes centros poblados se “recolectan” más de tres mil toneladas por día, repartidas de la siguiente manera: mil toneladas son de Culiacán, 800 de Mazatlán, y las dos ciudades del norte, Mochis y Guasave, se levantan otras 500 toneladas. Aquí faltan 700 toneladas de las cuales no sabemos de ellas. Hablamos de cuatro municipios de los 18 que tenemos. Navolato también tiene relleno pero no tengo los datos de cuánto se recolecta.

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El “recolectar” no necesariamente implica que su disposición final sea de una manera adecuada, pues en Mazatlán tenemos un vertedero o basurón a cielo abierto, en donde se tiran 292 mil toneladas al año de basura en una cañada. Mientas que en Culiacán una parte se deposita en un relleno sanitario concesionado y el resto en uno que medio cumple la normatividad. En Sinaloa generamos un poco más de un millón de toneladas anuales, con una disposición final alejada de la normatividad ambiental, y sus consecuentes impactos ambientales.

El impacto de la basura es invisible y por tanto no valoramos su magnitud. Veamos un ejemplo, los “lixiviados”. La manera más fácil de describirlos es “el caldito apestoso que chorrea de los camiones recolectores cuando compactan o recogen la basura”. Es un coctel de contaminantes que pueden rayar en peligrosos, pues en la basura doméstica también se generan ciertos contaminantes que caen en la “categoría de peligrosos”. Como tenemos un servicio deficiente los lixiviados eventualmente llegan a los cuerpos de agua, sean estos superficiales o subterráneos provocando con ello su contaminación. Una contaminación constante, invisible y tóxica.

Un servicio deficiente, contaminante y oneroso que encima de ello acumula cantidades considerables de basura en un solo punto (rellenos sanitarios) que eventualmente se convierte en un foco altamente contaminante debido a que incumple con la normatividad.

Alejados estamos de un manejo integral de los desechos sólidos. Falta un buen tramo para que las poco más del millón de toneladas dejen de ser un problema y se conviertan en una solución. Esto no es lo más adecuado. La mejor opción, creo yo, es voltear a ver a las tecnologías modernas que permitan su aprovechamiento, su reincorporación a los procesos productivos o, por que no, su transformación en energías.

Administraciones vienen, administraciones van. Seguimos enterrando dinero. Peor aún, seguimos enterrando un cúmulo de materiales que se podrían reintegrar perfectamente en las cadenas productivas.

Basurón de Culiacán. FOTO: Rolando Carvajal.

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Por ejemplo, el promedio de vidrio que tiramos ronda en el 5.9%, esto representan más de 59,000 toneladas de este material anual, que en el mercado actual serían como 29.5 millones de pesos. Buena lana. Así le pueden seguir con el papel y cartón, plástico, aluminio, otros metales, etc. Seguimos generando basura y pagando por un manejo y disposición final fuera de la normatividad. Se tiene que romper ese círculo vicioso para entrar en un círculo virtuoso. Tenemos una gestión arcaica en el manejo de los residuos.

Por otro lado la industria del reciclado y aprovechamiento de los residuos se ha desarrollado científica y tecnológicamente para coadyuvar en la solución a este reto socioambiental por demás complicado y contaminante. En Europa y otros países están aprovechando estos desechos, un porcentaje elevado se recicla, otro más se incinera para generar electricidad, entre otras cosas.

Explorar este tipo de proyectos es una buena oportunidad. Las tecnologías ahora son más sofisticadas, cumplen estándares ambientales muy elevados. O lo otro es no generar basura. Ese lo veo difícil.

Ahome parece que quiere dar un paso al frente. Se hablan de gestiones y viajes a Europa para ver empresas que ya están operando y que podrían implementar tecnologías para su aprovechamiento. En Culiacán se vienen realizando las gestiones con otras empresas, pero desafortunadamente se encuentran empantanadas. Lo de Mazatlán sin comentarios.

Bien por Ahome, faltan 17 municipios.

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