Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Los hongos: aliados naturales contra la contaminación

¿Te imaginas lo que podríamos lograr si además de generar mayor consciencia nos aliamos con lo natural para rescatar a la naturaleza?

Si bien la ciencia ha logrado describir alrededor de 1.5 millones de especies vivas en nuestro planeta, la creencia es que podría haber 8.7 millones o más, entre animales, plantas y hongos, con un apabullante 86% de las especies terrestres que aún permanecen desconocidas para nosotros y un 91% de las especies marinas sumidas en el misterio de las profundidades. Al año, miles de especies nuevas son descubiertas, pero nuestro aislamiento de la naturaleza ha vuelto este proceso increíblemente tardado.

Ahora, nos encontramos alejados de la naturaleza no solo físicamente, sino que, como humanidad, nos hemos acostumbrado a pensar en nosotros como la especie central de nuestro planeta, con un antropocentrismo en el que nos concebimos como criaturas con derecho de disponer de otras a placer. Ciertas creencias e ideologías modernas nos han reforzado esta postura: cuando desde la infancia nos repiten que los humanos fuimos creados a imagen y semejanza divina, poco espacio nos queda para pensarnos iguales a los seres con los que compartimos la Tierra. Esto se enfatiza si nos detenemos a considerar que hemos reemplazado cosmovisiones animistas, que giran en torno a la igualdad de todos los seres, el respeto y la coexistencia, por filosofías enfocadas en los seres humanos.

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Hemos habitado la tierra ínfimos segundos en comparación con los millones de años que ha existido, con el mayor impacto del que se tiene registro o conocimiento. Gracias a la ciencia y la tecnología los humanos nos hemos vuelto creadores, asumiendo un rol dominante y prácticamente dictatorial sobre los recursos naturales. A nuestra voluntad, destruimos bosques y salvamos lagos, permitiendo que se extingan especies para después focalizar nuestros esfuerzos en traerlas de vuelta y vanagloriarnos de estar salvando al mundo que nosotros mismos lastimamos. Nos encauzamos más en la clonación como esperanza para recuperar ecosistemas que en medidas para no tener que recuperarlos.

Aun a pesar de la irresponsabilidad e insostenibilidad de nuestros patrones de consumo, hemos tomado también la totalidad de la carga de regenerar lo que hemos dañado, sin detenernos a considerar a los aliados inesperados que se encuentran en distintos rincones de la naturaleza. Los animales, quienes más han sufrido el desplazamiento y la pérdida de sus territorios como consecuencia de nuestra desenfrenada expansión, son quizás en los que más nos detenemos a pensar. En las plantas, no tanto, pues las consideramos más pasivas y que no sufren de la misma forma que el resto de las criaturas sintientes. Existe un tercer grupo de seres en quienes pensamos todavía menos, aunque son aquellos que más podrían ayudarnos a regenerar a nuestro planeta y contrarrestar nuestra dañina huella: los hongos.

Los hongos son mucho más que alimento, veneno, psicodélicos y medicina alternativa; podrían también contar con la solución a algunos de nuestros graves problemas de contaminación. Desde las sombras de lo poco conocido, destacan los impresionantes micelios: la parte vegetativa de los hongos que crece debajo del suelo o dentro de los árboles para formar una impresionante red viva que dejaría en ridículo al mismo internet, pues se trata de una suerte de red neuronal que transmiten información y nutrientes para regular la salud de la biósfera y descomponer la materia orgánica. Lo sorprendente es que, dado que cuentan con facilidad de disolver aquello que contiene carbono, podría coadyuvar para procesar hidrocarburos, entre ellos, los derivados del petróleo que tanto contaminan actualmente y que por sí solos llegan a tardar siglos en degradarse.

Es así como los hongos y su red de micelios pueden ser nuestra línea de ataque contra la basura al actuar como filtros biológicos para descontaminar los suelos y mantos acuíferos. Para lograrlo se requiere también enfocarnos en reducir el nivel de desperdicio generado y trabajar en conjunto con el resto de las especies, para que logremos procesar, reducir y transformar nuestros desechos a un ritmo igual o superior al que los producimos. Ya ha habido descubrimientos muy interesantes al respecto: entre las aproximadamente 70 mil especies de hongos identificadas en el planeta, de las cuales un 10% se encuentra en nuestro territorio nacional, se encontró un hongo con la capacidad de degradar un aditivo de los plásticos en 60 horas.

Siendo que los microplásticos ya se posicionan como un enorme problema, por estar presentes en el aire, el mar, la tierra, y ¡hasta la lluvia! No solo son un problema para nuestro entorno, también para nuestra salud; se estima que ingerimos un promedio de 50 mil partículas de plástico al año. Nos encontramos invadidos por los plásticos y seguimos produciéndolos a ritmo acelerado. En el punto en el que nos encontramos, no basta con transitar al uso de alternativas biodegradables, adoptar modelos de economía azul y optar por energías limpias, necesitamos aliarnos con los demás seres del planeta para salvar nuestro hogar.

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La naturaleza también evoluciona, se adapta a las crisis. Podemos encontrar soluciones a nuestros problemas si tan solo nos detenemos a explorarla con respeto y una mente abierta que nos permita aceptar que no tenemos que desarrollar tecnológicamente todas las respuestas: algunas se encuentran entre nosotros: en pequeños insectos en los que no reparamos, en algas comunes y, por supuesto, en los hongos y sus redes neuronales que cubren la tierra.

¿Te imaginas lo que podríamos lograr si además de generar mayor consciencia nos aliamos con lo natural para rescatar a la naturaleza?

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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