Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Madre y CEO, el reto moderno

Es un gran momento para recordar la importancia de ser incluyentes, de transmitir a nuestras niñas, adolescentes y mujeres que ser madres no significa el fin de nuestra vida individual.

La vertiginosa velocidad a la que evoluciona y se modifica nuestra sociedad no ha dejado lugar a dudas, son tiempos de adaptarse o quedarse en el intento. La reinvención constante ha sido nuestra mejor aliada para intentar seguir el paso de un mundo tan sistematizado que parece que sigue adelante sin que nadie lo azuce. Nos lleva a pensar incluso, en si podríamos detenerlo si lo intentáramos. El resultado es que, hoy más que nunca, la nueva rutina es el cambio, el cual permea cada uno de los aspectos de nuestra vida, desde lo más banal hasta lo más profundo, pasando por los roles sociales y los arquetipos… entre ellos, los de ser madre.

Ser madre y ejercer el papel en su totalidad, con toda la dicha y pena que conlleva, es un reto que se ha enfrentado durante milenios, a tal grado que la madre se ha consolidado como un ícono, un actor crucial de la sociedad, protagonista de cientos de historias, canciones y expresiones artísticas. Ser madre en el siglo XXI, es una decisión de valientes, un parteaguas en la vida de las mujeres que desean la maternidad en un contexto de transformación… y una situación que solemos romantizar terriblemente, especialmente en las vísperas del 10 de mayo.

Celebrar es importante, por supuesto, pero también es importante recordar y concientizar sobre las situaciones que enfrentan las madres en México y el mundo, además de mantener en mente a aquellas madres que no se encuentran en las situaciones idóneas que vemos todo el tiempo en la publicidad; es decir, la otra cara de la maternidad. Por ello, este 10 de mayo, considero relevante reflexionar sobre el cambio en el rol de las madres que han transitado de un papel tradicional a uno multifacético propiciado por los avances tecnológicos y la inmersión de las mujeres en el mundo académico y profesional.

Socialmente, por bastantes años, ser madre era considerado “suficiente” para cumplir con el rol de una mujer. Su papel de esposa y madre era la base con la que sería evaluada y juzgada en ojos de los demás, con poca importancia de la autopercepción y las necesidades de superación que podrían llegar a tener. Actualmente, estamos aprendiendo como sociedad que no se vale vivir encadenado en prejuicios o concepciones sociales del deber ser, sino en lo que nosotras queremos ser o lograr.

Lentamente, ser madre se vuelve un tema de decisión individual y de pareja, ya no de la presión e imposición social… y, con ello, se abren las oportunidades a las mujeres multifacéticas, aquellas que ven en la maternidad una arista más de su éxito, en conjunto con su carrera profesional, sus estudios, su espiritualidad y su desarrollo individual. También se encuentra la otra cara de la moneda, mujeres que trabajan al mismo tiempo que son madres por necesidad, más que por deseo. Ambos casos vuelven latente el reto que conlleva para la sociedad eliminar los obstáculos que en ocasiones llevan a las mujeres a sentir que ser madres es truncar su desarrollo como individuo o un factor de discriminación profesional.

Esta noción se encuentra ligada con la equidad en el lugar de trabajo y el equilibrio entre la vida profesional y la individual, con condiciones que potencialicen un desarrollo holístico e integral, sin necesidad de sacrificar la vida personal en aras de la profesional o viceversa. Adicionalmente, requiere de opciones dignas y accesibles para el cuidado de los niños mientras sus madres y padres trabajan que coadyuven a romper con paradigmas que nos llevan a pensar que siempre será la madre la que se quede en casa a cuidar a los hijos mientras el padre sale a proveer. El resultado sería disminuir la brecha de género en materia profesional, aumentando las capacidades y habilidades que se encuentran en desarrollo para generar un crecimiento de la economía. Incluso, el Banco Mundial estima que, si las mujeres participaran en el mismo porcentaje que los hombres, el ingreso per cápita podría aumentar alrededor de un 20%.

Sin embargo, en México las cifras no respaldan que vayamos en la dirección correcta. En 2019, la participación laboral de las mujeres en México fue significativamente menor que la de los hombres, con 45% en comparación al 77% para el sector masculino. Claro, uno de los impedimentos para que más mujeres accedan al mercado laboral es el ser madres, dado que aunque el INEGI estima más de 15.7 millones de madres trabajadoras entre la población femenina económicamente activa, hay muchas más que quedan fuera del juego por completo o limitadas a condiciones laborales precarias dentro de la informalidad con tal de obtener ingresos para sacar adelante a sus familias.

Es un gran momento para recordar la importancia de ser incluyentes, de transmitir a nuestras niñas, adolescentes y mujeres que ser madres no significa el fin de nuestra vida individual. Los avances tecnológicos, especialmente aquellos relacionados con las tecnologías 4.0 que han permitido la hiperconexión y digitalización, permiten innovar constantemente y reducir las barreras del tiempo y del espacio, ¡es hora de usarlo a nuestro favor!

Es un gran día para recordar que podemos soñar con, algún día, ser madres y CEOs de importantes empresas o bien, que podemos ser madres y sentirnos plenas con las facetas que decidamos implementar en nuestra vida.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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