Reflexiones

Leónidas Alfaro Bedolla

Mi hermano el Médico

Allí está su espíritu humanista lo ha puesto en el lugar adecuado, ejerce su profesión con entusiasmo y, según concibo, es muy estimado por sus colegas y pacientes.

El entusiasmo de humanidad es el respeto y reverencia a los seres humanos como tales, y no por las buenas cualidades de que estén adornados.

José Méndez Herrera.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador, acompañado del Secretario de Salud, Doctor Jorge Alcocer Varela, el Sub-Secretario Doctor Hugo López-Gatell y el Director del Instituto Mexicano del Seguro Social, Maestro Zoé Robledo Aburto, en el marco de la conferencia de prensa que de lunes a viernes se da al pueblo de México, ofreció el 23 de octubre homenaje y reconocimiento a Médicos y Médicas, para celebrar su día, pero esta vez también para enaltecer y reconocer a todo el personal, que en toda la nación mexicana está librando una heroica lucha en contra de la pandemia del Covid-19. Allí estuvieron también 15 Médicos, Médicas, enfermeras y enfermeros que también fueron reconocidos; cada uno de ellos expresó sus sentimientos en relación a sus valiosos aportes.

Se exaltó al Doctor Guillermo Soberón Acevedo -1925-2020-, y se le recordó como una eminencia de la medicina, impulsor incansable de la docencia, la cultura y su desempeñó con entrega y acierto en la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM-.

Sin vítores, palmas, música, estridencias, ni discursos fofos e insulsos, el Ciudadano Presidente expresó respecto a los homenajeados, dijo: son héroes que están entregando todo, hasta sus vidas, por el otro. Son humanistas. El Secretario de Salud: Este reconocimiento es bien merecido por estos profesionales que se han entregado a jornadas intensas, que les exige la pandemia del covid 19. El Director del IMSS: ante el temor y la incertidumbre, se enfrentan exponiendo la vida; es una enseñanza de entrega total por la vida; son actos de humanidad.

En palabras rescatadas del mar de letras de Carlos Dickens: El sentimiento médico va directo al corazón. Los hombres y mujeres que han decidido entregar sus esfuerzos, desvelos y preocupaciones en aras de salvar vidas, son seres que se han despojado de todo egoísmo, para darse con el alma en la mano a una labor humanista. Es una lección que nos brindan días y noches sin fin a miles en el mundo.

Esta vez me voy a aprovechar de la ocasión. Quiero presumirles, a la vez cumplir con algo que desde hace tiempo quería abonar. De mis nueve hermanos, Juan Francisco abrazó la carrera de Médico. Con el apoyo de mi padre, señor Leonides Alfaro Gutiérrez y doña Ramona Bedolla Parra, se fue a la ciudad de México a estudiar para Médico en la UNAM. Esto fue el año de 1974, en 1980 se graduó. Fuimos a la fiesta: mi madre, mi hermana Leonor, mis hermanos Isidoro y Enrique, nuestros amigos Emir Angulo Romo, Miguel Amarillas y yo. Nos sentimos muy orgullosos cuando el maestro de ceremonias anunció a Juan Francisco para que dirigiera un discurso, lo hizo a nombre de sus compañeros de generación para agradecer a los padres, madres y maestros el valioso apoyo de que fueron objeto. Por cierto, al terminar pidió al maestro Venus Rey, Director de la orquesta, que tocaran El Sinaloense; desde ese momento la fiesta aumentó de alegría, pues siguieron: Sonora querida, el Corrido de Monterrey y otras más. Don Venus se contagió, e hizo que sus músicos se entregaran con entusiasmo a la escandalosa algarabía norteña. Todo un acontecimiento.

El Doctor Juan Francisco Alfaro Bedolla, en una cochera de la casa de nuestros padres, acondicionó un consultorio. Pronto empezó a tener pacientes, pero me di cuenta de que mi hermano no mostraba avance económico, la causa era que a la mayoría de sus clientes no les cobraba, y había algunos que se aprovechaban y hasta le pedían para las medicinas. Decidí auxiliarlo.

Visité a un amigo médico que estaba asociado en una famosa clínica de la ciudad; le expuse de la posibilidad de ayudar a mi hermano. Me dijo que sí, pero era necesario que aceptara entregar una cantidad como socio, aunque un poco fuerte, le dije que eso era posible. Con entusiasmo di la noticia a Juan Francisco. Sin pensarlo, me dijo: Estudié medicina para aliviar y ayudar a la gente, no para esquilmarla..

Después de algunos años de sufrimientos y limitaciones, mi hermano ingresó al consorcio del Doctor-Simi; allí está, su espíritu humanista lo ha puesto en el lugar adecuado, ejerce su profesión con entusiasmo y, según concibo, es muy estimado por sus colegas y pacientes. La vida lo ha premiado, pues su hijo, Juan Francisco Alfaro Romero, también ha abrazado la profesión. El pasado mes de mayo, este joven médico fue solicitado por la Secretaría de Salud, para reforzar el enfrentamiento contra el covid 19 en el Estado de México; durante 45 días participó en un hospital de enfermos afectados. Su trabajo le fue reconocido con un diploma y un modesto estímulo de 25 mil pesos.

En las familias Alfaro Bedolla y Romero, estamos contentos por esa demostración de humanismo. Pero el más orgulloso, sin duda es mi hermano; su mayor satisfacción es ver que su primogénito le sigue los pasos.

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