Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Movilidad sostenible y los costos del congestionamiento vial

En la economía urbana, el sistema de transporte, el uso del suelo y la configuración de la estructura urbana se determinan simultáneamente y su interacción ha de ser tomada en cuenta de forma explícita.

La movilidad y el transporte urbano constituyen una pieza esencial del desarrollo sostenible, considerando el impacto medioambiental, social y económico que los actuales patrones de movilidad presentan, principalmente en forma de emisiones, siniestralidad, consumo energético u horas de trabajo y ocio perdidas en los desplazamientos. El reto del transporte en relación con la sostenibilidad consiste, por tanto, en minimizar sus repercusiones negativas sobre el medioambiente, la salud pública, el sistema productivo y el consumo, sin alterar sus efectos favorables en el crecimiento, el empleo y la competitividad de la economía.

La sostenibilidad en el transporte precisa de una nueva forma de concebir el desplazamiento: prestar atención al movimiento de pasajeros y mercancías y no al movimiento de vehículos. Es decir, maximizar la accesibilidad (capacidad de llevar a cabo una serie de actividades diarias con un mínimo de viajes), en lugar de maximizar la movilidad o capacidad de moverse libremente. En el ámbito urbano tiene lugar parte importante de los efectos negativos del transporte, a causa de la concentración de población en las ciudades y de las diversas actividades que en las mismas se realizan de forma recurrente, incluso cotidiana, como trabajar, estudiar, comprar, visitar a amigos o parientes, actividades que requieren de la realización de desplazamientos. Ello, sumado a la acusada densidad de movimiento (tráficos por unidad de superficie) y el elevado uso del vehículo propio, explica la especial magnitud de los efectos negativos del transporte en las ciudades, en forma de consumo energético y de emisiones de gases y partículas en suspensión, con un gran impacto sobre el calentamiento global, la calidad del aire y, en relación con ésta, la salud pública.

La separación espacial de los diferentes usos urbanos conduce a la necesidad de desplazarse, haciendo uso del sistema de transportes en su condición de servicio intermedio y esta separación es mayor en ciudades en donde el espacio urbano se ha zonificado dividiéndolo en distintas áreas especializadas en usos urbanos concretos (residencia, trabajo, recreo, comercio, etc.). El resultado es un agregado de zonas urbanas interdependientes para la realización de las diversas funciones o actividades urbanas, que junto con la suburbanización han alejado los distintos usos urbanos entre sí, introduciendo, por ello, mayores necesidades de desplazamiento en recorridos más largos, que se suman a las debidas a la propia dimensión demográfica y diversidad funcional de las ciudades.

Es por ello que el espacio urbano requiere especial atención en la definición de estrategias de movilidad sostenible, involucrando a las entidades locales, y a los niveles superiores de la administración pública. Recientemente, como resultado de un estudio en el que han participado más de 20 mil personas de 31 ciudades de todo el mundo, junto con 53 expertos en movilidad, se ha dado a conocer que de acuerdo a un Índice de Movilidad Urbana, Berlín (Alemania), Auckland (Nueva Zelanda), Moscú (Rusia), Nueva York (Estados Unidos) y Múnich (Alemania), son las ciudades con mejor gestión de movilidad en el planeta. El top 10 lo completan Milán, Montreal, Varsovia, Londres y Paris. En otro informe elaborado por la empresa Arthur D Little, en el mundo, las ciudades con mejor movilidad son Singapur, Estocolmo y Ámsterdam. De América Latina, las ciudades mejor ubicadas son Santiago de Chile, Ciudad de México, Curitiba, Lima y Buenos Aires.

El estudio también ha valorado las diferentes ciudades según su reputación medioambiental, mediante el Índice de Transeúntes Ecológicos que ubica a las ciudades según la proporción de habitantes con un perfil más ecológico a la hora de desplazarse internamente, es decir aquellos que no usan métodos de transporte con una alta huella de carbono. De acuerdo con el estudio, las ciudades asiáticas encabezan la lista con Tokio en la primera posición, seguida por Beijing Singapur, debido a la baja proporción de conductores individuales frente a la gran cantidad de personas que se mueven por la ciudad caminando, en bicicleta o en transporte público. En Europa, Londres es la ciudad con la mejor posición en esta categoría, ubicándose en quinto lugar, seguida por Copenhague

Para México, el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) elaboró en 2018 un estudio para cuantificar en el país y, en sus principales ciudades (32), los costos de traslado y los costos de los congestionamientos. Partiendo de que la excesiva movilidad y la congestión vehicular cuestan tiempo, calidad de vida, competitividad e impacta el desarrollo económico, el estudio revela que los mexicanos, especialmente quienes vivimos en las ciudades, gastamos mucho tiempo en los traslados que tenemos que realizar para dirigirnos a la escuela o a nuestros centros de trabajo. El IMCO, estima que quienes nos movilizamos en automóviles dedicamos 11 días (264 horas) al año exclusivamente para movernos de un lugar a otro, mientras que quienes lo hacen en el transporte público, el tiempo dedicado al traslado es de aproximadamente 18 días (432 horas).  

El estudio en mención, precisa que en México, el congestionamiento vial cuesta anualmente 93 mil 867 millones 687 mil pesos (93,867,687,000), presentándose las mayores cifras en el Valle de México con 47 mil 44 millones de pesos (mdp), Monterrey con 9 mil 839 mdp y Guadalajara con 8 mil 68 mdp. En Culiacán, el costo total de la congestión vial es de 179 mdp (70 mdp por viajes en automóvil y 109 mdp por viajes en el transporte público) ocupando en el país la posición 28, con un costo per cápita anual de congestionamiento de 410 pesos y un total de 10.41 horas per cápita perdidas al año en congestionamientos viales. Para tener una referencia, se estima que el mexicano promedio, pierde 3 mil 875 pesos y 100 horas al año debido a los congestionamientos.      

En Culiacán, considerando fundamentalmente las personas que se movilizan para dirigirse a la escuela o al trabajo, se estima que diariamente se realizan un promedio de 608 mil 593 viajes y que las horas totales gastadas en traslados por año es de 92 millones. La congestión genera que en Culiacán, en términos per cápita, se pierdan 10.41 horas al año, una cantidad afortunadamente todavía pequeña, considerando que en el Valle de México, son 146.45 las horas per cápita perdidas al año, debido al congestionamiento vial. Se sabe también, que en la capital del estado, el índice de tráfico promedio anual es de 1.04 (mientras mayor es esta cifra, significa que mayor es la extensión del tiempo de traslado debido al congestionamiento). En el Valle de México este indicador es de 1.47, la más alta del país.

Pero la excesiva movilidad urbana no solo significa mayor estrés y pérdida de tiempo que se podría dedicar al trabajo o al ocio, sino que además, la excesiva cantidad de automóviles en circulación, genera contaminación y en consecuencia efectos negativos sobre la salud. Al respecto, en 2018, la Secretaria de Desarrollo Sustentable del Gobierno del Estado de Sinaloa, presentó un estudio titulado Programa de Gestión para Mejorar la Calidad del Aire del estado de Sinaloa. ProAire Sinaloa 2018-2027, en donde se reconoce que el crecimiento de las zonas urbanas se ha dado de una forma dispersa y expansiva, fragmentando el espacio urbano y aumentando las distancias y los tiempos de traslado. En el documento, se precisa que esta tendencia ha implicado un aumento de los impactos negativos como un mayor consumo de combustible de uso vehicular, la emisión de contaminantes atmosféricos de impacto local y global, congestión y ruido, accidentes, entre otros.

Se menciona también que el sector autotransporte utiliza cerca de una tercera parte de la energía generada a partir de combustibles fósiles y emite una quinta parte de los gases efecto invernadero, además de consumir el 8 por ciento del tiempo de traslado de los habitantes de las grandes metrópolis del país. El estudio en mención revela que del total de los vehículos que circulan en Sinaloa, el 58 por ciento son automóviles, el 35 son camiones y camiones de carga, el 7 motocicletas y el 1 por ciento camiones de pasajeros foráneos. La mayor parte de esta flota vehicular se concentra en Culiacán (40%), Ahome y Mazatlán (15%) y Guasave (8%). Como dato preocupante, se señala que el índice de motorización, que es un indicador que expresa el número de vehículos de motor registrados en circulación por cada mil habitantes, muestra que en Sinaloa se ha registrado una tendencia constantemente creciente la cual es incluso superior al promedio nacional. La información corresponde al periodo 2000-2015, pero se aprecia que esta tendencia se ha mantenido dado que recientemente en el Semanario Río Doce se dio a conocer que Culiacán ocupa el segundo lugar a nivel nacional en el índice de motorización por cada 100 mil habitantes, con casi medio millón de vehículos circulando en la ciudad. Al respecto, el Plan Municipal de Desarrollo 2018-2021, reconoce que la alta tasa de motorización en Culiacán, podría ser consecuencia de la operación de un sistema de transporte público deficiente y costoso para los usuarios.

Como consecuencia, los vehículos automotores que circulan en la entidad contribuyen principalmente con la emisión de monóxido de carbono (CO) (71%), óxidos de nitrógeno (NOx) (66%) y compuestos orgánicos volátiles (COV) (29%). Culiacán es el principal emisor de este tipo de contaminantes. Específicamente, la flota vehicular de Culiacán aporta el 28% de PM10 (partículas menores o iguales a 10 micrómetros), 23% de PM2.5 (partículas menores o iguales a 2.5 micrómetros), 32% de CO, 28% de NOx y 29% de COV. En términos del impacto en la salud, el estudio de la Secretaria de Desarrollo Sustentable evidencia que la presencia conjunta de partículas suspendidas y de ozono, potencia el riesgo en la población de presentar efectos agudos y crónicos, que van desde irritación de ojos, cefaleas, dolor de garganta, hasta incrementos en la mortalidad por influenza, neumonía y, enfermedades cardiovasculares, cardiopulmonares, cerebrovasculares y cáncer de pulmón. En Culiacán, tan solo en el 2015, dice el estudio, las tasas de mortalidad por cada cien mil habitantes, fueron de 152 en el caso de las enfermedades cardiovasculares, de 310 en las cardiopulmonares y de 12 por cáncer de pulmón. De la mayor relevancia resulta saber que de acuerdo con la evaluación de impactos en la salud realizada en Culiacán, si se cumpliera con la norma mexicana de partículas suspendidas para la protección de la salud, se podrían evitar 33 casos de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, 27 por cardiopulmonar y 2 por cáncer de pulmón. El valor económico asociado a los casos evitables de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y de cáncer de pulmón alcanzarían los mil 82 millones de pesos.

Como medidas para enfrentar esta problemática, la Secretaria de Desarrollo Sustentable plantea el desarrollo de un sistema integral sustentable de transporte público. Específicamente, se propone evaluar e implementar el desarrollo de infraestructura que permita el uso de un sistema de transporte público eficiente, seguro, confortable y amigable con el medio ambiente, así como la implementación de infraestructura para la promoción de sistemas no motorizados de transporte como la bicicleta y caminar. Se establece que la implementación de un sistema integral de transporte permitiría reducir el consumo de combustibles de uso vehicular, así como mejorar la movilidad en la ciudad, lo que se traduciría en una reducción en la emisión de contaminantes atmosféricos y en consecuencia una mejor calidad del aire y salud de la población.

Otra medida consistiría en desarrollar planes de movilidad sustentable. Se trata delestablecimiento de criterios de diseño, zonificación y planeación para tener una movilidad sustentable, priorizando la implementación de un sistema integral de transporte urbano, considerando la movilidad no motorizada, el uso racional del automóvil particular y el respeto al espacio público; así, como potenciar la inversión en infraestructura de transporte urbano (mejora en la semaforización y señalización vial, así como el desarrollo de libramientos). Lo que se buscaría es reducir el consumo de combustible y los tiempos de traslado, lo que se reflejaría en una menor emisión de contaminantes atmosféricos y en una mejoría en la calidad del aire y salud de la población.

En abono a estas medidas, para una ciudad en crecimiento como Culiacán, proponemos retomar las experiencias europeas señaladas por un servidor, Pablo Martín Urbano y Juan Ignacio Sánchez, en el artículo Investigación y Planificación integrada. Un recurso esencial para impulsar las estrategias locales de movilidad sostenible en la UE, en el sentido de que para el impulso de una movilidad sostenible, se requiere de un enfoque global que contemple programas integrales de actuación, entre los que identificamos la integración de la movilidad sostenible en la ordenación del territorio y la planificación urbanística y el impulso de un urbanismo de movilidad y un espacio público multifuncional, que impliquen menores necesidades de desplazamiento en modos privados motorizados. Entender que en la economía urbana, el sistema de transporte, el uso del suelo y la configuración de la estructura urbana se determinan simultáneamente y su interacción ha de ser tomada en cuenta de forma explícita. Como resultado, la planificación del transporte a largo plazo, no debe separarse de la planificación urbana en general, ya que la planificación de los transportes es y debe ser una parte de un sistema más amplio de planificación, que tenga en cuenta el mercado de trabajo, la localización industrial, la elección residencial, las relaciones sociales, los hábitos de compra y de ocio, etc., así como las relaciones entre ellos, con el propósito de recuperar la ciudad como un espacio de calidad para el ciudadano.

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