Reflexiones

Malú Morales

Mujeres que no tocan el suelo con la cara

Lo único que se preguntó en su primera infidelidad fue: ¿así será ser hombre? Y piensa … mi cuerpo y el del Gringo ambicionan ser uno. Sin embargo, la rutina en la vida matrimonial de Blanca continúa sin tropiezos.

PARA QUE NO ME OLVIDES. Título de una de las novelas con temas feministas de las que escribe la Chilena Marcela Serrano (1951) Los personajes de esta escritora son mujeres recias, débiles a su conveniencia, sufridas pero no vencidas, aquellas que no conocen términos medios. Marcela Serano tiene una obra abundante, varios premios importantes y es parte de la nueva literatura femenina de los últimos años.

La trama está ubicada en el Chile posterior a la dictadura de Augusto Pinochet en donde habita Blanca,  una mujer de 40 años, hermosa, dulce, delicada, de clase alta, casada con un hombre protector, tienen dos hijos, un adolescente y una niña pequeña. La vida tranquila de Blanca da un giro estremecedor durante una reunión con sus hermanos y dos de sus grandes amigas. Ella atiende a sus invitados en su mansión, alegre y desenfadada cuando de pronto comienza a sentir un hormigueo que se apodera de la mitad de su cuerpo y su boca se contrae en una mueca grotesca. Cae sin perder la conciencia pero con la mente en blanco; en la clínica a donde la trasladan la someten a exámenes extenuantes; ella escucha por primera vez la terrible palabra: Afasia. El médico comunica a todos que se trata de un accidente vascular que provoca impedimento del cerebro para articular el lenguaje, la lectura, la escritura. Se informa que tiene dormido uno de los hemisferios del cerebro. Ella que escucha todo, sin poder hablar, piensa: Una cárcel en blanco. Las visitas, las miradas misericordiosas, las dolorosas terapias, las pocas esperanzas para su recuperación, la llenan de un hartazgo rabioso, por lo que se niega a continuar con los tratamientos médicos. Es entonces cuando se refugia en sus recuerdos.

Blanca tiene el título de profesora guardado en un cajón; nunca ha tenido la necesidad de ganarse la vida y se ha dedicado a dar clases gratuitas en una parroquia. Cuida de su hogar y sus hijos, viaja constantemente con su esposo. Un día, Sofía su cuñada, le pide se haga cargo de un niño de 10 años con problemas de aprendizaje, la madre es paciente de Sofía que es sicóloga. Blanca acepta, se traslada una tarde hacia un barrio de extrema pobreza, encuentra la casa, para su sorpresa el niño recomendado se encuentra solo, la madre trabaja todo el día. La joven mujer asiste con agrado al niño solitario, hasta que una tarde llega Victoria, la madre, enojada porque la han corrido del trabajo, se desahoga con la maestra para contarle que ha sido despedida por negarse a tener relaciones con su jefe. De esa manera comienza una sólida amistad entre las dos mujeres, sin que las diferencias sociales sean un obstáculo. Uno de los días en que Blanca atiende al niño, llega la visita de El Gringo, amigo de Victoria; la belleza triste e imponente del hombre logra impresionar a Blanca.

El lenguaje que utiliza Marcela Serrano es poético,  impregnado de términos chilenos poco entendibles para los lectores de otros países,  comprensible en la medida en que denota situaciones universales como la pasión que surge entre Blanca y El Gringo; ella se entera que Victoria y el hombre fueron compañeros de prisión durante la dictadura, escucha las torturas por las que tuvieron que pasar, lo que  los ha hermanado. La educada señora atesora su vida lujosa y sin contratiempos, sin ser molestada jamás por el régimen anterior.

Blanca y el Gringo se entrevistan fuera del entorno amistoso; él le habla de su vivir sin raíces, sin compromisos y de su choque con quienes gobernaron el país, le cuenta de su amor a los libros, a la música y de su captura por los carabineros. La mujer se va atando a él en una pasión desconocida. Lo único que se preguntó en su primera infidelidad fue: ¿así será ser hombre? Y piensa … mi cuerpo y el del Gringo ambicionan ser uno. Sin embargo, la rutina en la vida matrimonial de Blanca continúa sin tropiezos. El Gringo le informa un día que tendrá que ir a declarar a la recién creada Comisión de Verdad y Reconciliación en la cual las víctimas del mandato anterior debían dar testimonios de la tiranía pasada. El Gringo se presenta a declarar y esa noche de encuentro amoroso, Blanca se percata que El Gringo está hecho pedazos. Ni siquiera su hermosura se mantiene en pie esta noche…. Asimismo,  Victoria, su nueva amiga, se presenta ante la Comisión para denunciar la desaparición de su padre. Blanca se conmueve ante la verdad de sus amigos, tratando de no crearse conflictos.

El esposo viaja por razones de trabajo. A su regreso  le anuncia con brillante semblante que le han asignado una importante plaza en Nueva York, por lo que se tendrán que trasladar a ese lugar e iniciar una nueva vida más progresista. Blanca asimila que el traslado significa la separación de su amante; sin embargo, la alegría de sus hijos y la satisfacción del esposo le impiden pronunciar palabra alguna. Decide decirle la verdad al Gringo, por lo que le invita a su casa de campo para pasar la última noche juntos. El amante le pide se quede con él pero el cansancio los vence, se quedan dormidos suspirando la despedida. Esa madrugada, la mujer escucha el auto que se detiene en la puerta de la casa, percibe a su esposo con su hijo que van en su búsqueda, alarmados por su desaparición. Inevitable será que todo quede al descubierto y que la vida de Blanca se derrumbe. La enfermedad viene después.

Marcela Serrano es una de las voces literarias más interesantes de América Latina. Se lee mucho en Europa.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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