Reflexiones

Eduardo Valdez Verde

No son sólo cifras…

Hay luto y dolor para donde apuntemos porque la pandemia no sólo nos ha robado la libertad de movilidad, sino que nos ha quitado hasta la forma de llorar y despedir a nuestros difuntos.

Los efectos negativos de esta pandemia no preocupan sólo por la cantidad de muertos que se contabilizan diariamente ni por la grave crisis económica que ha sumido en el desempleo a más de 12 millones de mexicanos.

Preocupan por la gran insensibilidad e indiferencia que como sociedad estamos mostrando ante tanta muerte. Pareciera que estos ocho meses de pandemia nos han blindado contra tanto dolor. Mientras no nos llegue al cuero, no importa. Vemos las cifras como algo muy distante, algo que le pasa a otros, pero no a nosotros.

Son otros los enfermos, otros los contagiados, otros los intubados, otros los que estàn afuera de las áreas de urgencia rogando a Dios por un familiar. Son otros y nos hacemos los disimulados. Miramos para a otro lado, como si con eso cerráramos la puerta a todo lo malo que este virus nos pueda traer.
Quizás como un mecanismo natural de defensa, pero nos hemos ido galvanizando el alma y hacemos como si no pasara nada, como si esos 102 mil muertos que oficialmente registra el sector Salud fueran de una tierra muy lejana, como cuando escuchamos de algún tsunami en Indonesia o un bombardeo en el medio oriente.

Quizás nos hagan falta algunos ejercicios comparativos para darnos cuenta de la magnitud de la tragedia que el país está viviendo.

Me aventuro a dar algunos que pueden ayudarnos a sacudirnos la indiferencia y dimensionar la gravedad del asunto:

1.- El estadio Azteca tiene una capacidad para 110 mil espectadores. Imaginemos el Azteca lleno al máximo y de pronto toda esa gente muerta por un bombazo. Pum!, se acabó.

2.- Durante el sismo de 1985 en la ciudad de México, se habló de entre 15 mil y 20 mil muertos. Los números dejados hasta el momento por el covid equivalen a cinco o seis sismos con la misma cantidad de víctimas.

3.- Los muertos reportados oficialmente por covid-19 equivalen a las poblaciones de Guasave (84,373), Angostura (5,086), Mocorito (5,426), y Sinaloa de Leyva (5,240).

Y así…podríamos buscar otro tipo de comparaciones, pero con esas creo que es suficiente para darnos una idea de la tragedia que vivimos como país.

Tenemos miles de hogares enlutados porque perdieron a algún miembro de la familia. Hay luto y dolor para donde apuntemos porque la pandemia no sólo nos ha robado la libertad de movilidad, sino que nos ha quitado hasta la forma de llorar y despedir a nuestros difuntos. Se nos ha privado hasta del abrazo solidario a quienes han perdido a un ser querido, porque no hay manera de hacer acto de presencia en el velorio, si es que acaso ese difunto tuvo velorio.

No le abramos paso a la indolencia y al egoísmo que nos hace ver nada más hacia adentro. Qué grave sería que como ciudadanos, una vez que pase la pandemia, hayamos perdido la capacidad de asombro y el sentimiento de solidaridad para poder salir adelante y ayudar a otros a recuperarse.

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Twitter: @valdez_verde

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