Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Nuevos modelos de trabajo: flexibilidad y productividad

Hoy en día tenemos herramientas que antes eran impensables y que podrían coadyuvar en el desarrollo de sociedades más sanas y sustentables

La transición generacional es causa y consecuencia de un cambio de mentalidad intrínseco en el que, gracias a transformaciones tecnológicas y sociales, como lo fue la integración del Internet a la vida cotidiana y la facilidad de comunicación cotidiana, además de sobrevivir una pandemia que, como toda crisis, propulsó cambios. Nuestras prioridades se ajustan al panorama global. Si bien esta situación no es para nada nueva, es un hecho que se ha acelerado: cambios que antaño tardaban décadas en consolidarse, ocurren en cuestión de años, cimentados en los retos y oportunidades de nuestro entorno. Antes, se consideraba que coexistían de 2 a 3 generaciones en la vida productiva. Ahora, se pueden encontrar hasta cinco generaciones distintas en las organizaciones, cada una con distintos valores, creencias y prioridades.

A pesar de que, para algunos, pareciera que hay un enfrentamiento constante entre los más jóvenes y la población de mayor edad, ha quedado demostrado que lo ideal son los grupos intergeneracionales que permiten integrar la tradición con la innovación en la construcción de un mundo que se adapte a las nuevas necesidades de la población. De esta manera, podemos utilizar el presente de mejor manera para construir un mañana más sustentable con el planeta, la naturaleza y, por supuesto, con nosotros mismos.

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Las nuevas generaciones favorecen el equilibrio entre la vida laboral y la personal, buscando un desarrollo en diversos ámbitos con un enfoque integral. En consecuencia, no es sorprendente que el llamado a esquemas laborales centrados en el factor humano resuene con cada vez mayor frecuencia en distintos sectores. Nuevas propuestas surgen constantemente: modelos de trabajo remoto o híbridos, semanas laborales de cuatro días, trabajo por objetivos y no por horarios, más vacaciones… La pandemia fungió como laboratorio de prueba para trabajar de maneras distintas, lo que nos permitió comprobar que, a pesar de la exacerbada desigualdad social, la colaboración remota no solo era posible, sino que aumentaba la productividad y el bienestar de los trabajadores y resultó en una disminución de la contaminación y un incremento en la calidad de vida en general.

No obstante, cuando la amenaza a la salud pública amainó, nos apresuramos como sociedad a olvidar los aprendizajes obtenidos para recuperar lo que conocíamos como “normalidad”, importando poco que ese estatus quo que tanto añorábamos no es sostenible en ningún sentido. Fue así como comenzamos a dar marcha atrás a lo que habíamos logrado, que incluía una descentralización del trabajo: muchas personas pudieron abandonar las sobresaturadas ciudades para cumplir con sus labores desde donde les fuera más conveniente.

Ahora nos encontramos ante un estira y afloja: mientras las empresas más humanas e innovadoras buscan cómo aprovechar la profunda transformación social que implicó la transición al trabajo remoto sin descuidar la necesidad de comunicación, conexión y productividad entre las personas que colaboran en espacios físicos y virtuales, las empresas tradicionales regresan a esquemas presenciales en donde la prioridad vuelve a ser el tiempo que se pasa dentro de la oficina sobre la productividad y el equilibrio en la vida de las personas.

Para los más jóvenes, esto se vuelve más complejo de asimilar: en un mundo donde ser nómada digital es posible, ¿por qué no aprovecharlo? ¿por qué no permitirnos fluir hacia modelos productivos que son beneficiosos para el medio ambiente, los trabajadores y las empresas? En octubre de 2021, una encuentra elaborada por Google Workspace y The Economis Group encontró que el 75% de las personas que participaron creían que modelos de trabajo flexibles e híbridos serían una práctica estándar en los próximos tres años, combinando facilidades de horario y locación en beneficio de los individuos. Actualmente, esta cifra ha disminuido conforme empresas de todos los tamaños dan marcha atrás a estas políticas.

Claro, el trabajo remoto aún no es perfecto; se encuentra lleno de retos entre los que destacan sentimientos de desconexión y de interacción limitada, pero al encontrarnos en el umbral de una nueva era laboral, podemos rediseñar el concepto del lugar de trabajo, experimentando poco a poco para no repetir los errores de antes que han tenido un costo inconmensurable en salud mental, como es el síndrome de burnout o fatiga crónica por estrés laboral, la cual padecen un estimado de 75% de los trabajadores mexicanos según datos de la Organización Mundial de la Salud.

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Hoy en día tenemos herramientas que antes eran impensables y que podrían coadyuvar en el desarrollo de sociedades más sanas y sustentables. Aprovechemos el ímpetu de la urgencia de la adaptación laboral para formar con nuestras decisiones como emprendedores, trabajadores y empresarios un mundo profesional del mañana en el que lo digital nos permita prosperar no solo en un área de nuestra vida, sino en todas.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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