Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Para los jóvenes de hoy y los que vienen, necesitamos un mundo mejor

En el ámbito laboral, social, educativo y ambiental, estamos obligados a ofrecerles nuevas y mejores condiciones para que puedan alcanzar su plena realización como ciudadanos, para alcanzar para todos, superiores niveles de convivencia

El pasado 12 de agosto se conmemoró en nuestro país y en el mundo, como se hace desde hace 37 años, el Día Internacional de la Juventud. Lo instituyó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con el propósito de reconocer a las personas jóvenes como agentes estratégicos para el desarrollo. Por eso, he decidido dedicar esta colaboración para analizar algunas variables relacionadas con la situación de los jóvenes en nuestro país y así no dejar pasar desapercibida una fecha tan importante que involucra, según cifras del Censo de Población y Vivienda 2020, a 31 millones 221 mil 786 de jóvenes que tienen entre 15 y 29 años, mismos que representan el 24.8 por ciento de la población total del país.

En principio, habría que señalar que al comparar las cifras que sobre la población joven ofrece el último censo, con las que mostraron los censos anteriores, se observa que hoy hay alrededor de un millón menos de jóvenes que los que había en 2010. Ahora la edad mediana en el país es de 29 años, cuando en el 2010 era de 26 y de 22 años en el 2000.

En el ámbito nacional, los datos del Censo revelan que los jóvenes de 15 a 19 años, al igual que en censos anteriores, son los más numerosos y se trata mayormente de solteros, ya que menos del 10 por ciento mantiene una unión y estas se concentran en las mujeres. En cuanto a escolaridad casi todas/os asisten a la escuela concentrándose mayormente en la secundaria y la preparatoria. En cuanto al mercado laboral, este grupo es el que menos participa, debido fundamentalmente a la edad. Del total de quienes se reportaron como activos/as, casi nueve de cada 100 hombres y seis de cada 100 mujeres respondieron que estaban buscando un trabajo.  La tasa de actividad para los hombres es de 44.1 por ciento (era de 41.2% en 2010) y de 25.5 por ciento (era de 16.3% en 2010) en el caso de las mujeres, quienes a esta edad generalmente ya tienen cargas de trabajo doméstico mucho más altas que los varones del mismo grupo.

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Los jóvenes de 20 a 24 años representan un volumen ligeramente menor al grupo anterior. En este grupo de edades cerca del 17 por ciento de los varones ya son jefes de hogar, mientras que el 25 por ciento de las mujeres ya tienen este rol o bien son esposas. Además, el 42 por ciento de las mujeres ya han tenido al menos un hijo. Cerca de la tercera parte del grupo declara haber cursado estudios de licenciatura e incluso posgrado. En el ámbito laboral la tasa de actividad es de 77.9 por ciento en el caso de los hombres y de 51.8 en las mujeres. Por lo que toca a la condición de inactividad, las diferencias por género son evidentes ya que mientras las tareas de los varones que no trabajan se concentran en seguir estudiando, las de las jóvenes de 20 a 24 son llevar a cabo tareas domésticas.

El grupo más numeroso es el de los jóvenes de 25 a 29 años. A diferencia de los dos grupos anteriores en los que no existe diferencia significativa entre el número de hombres y mujeres, en este grupo se observa que las mujeres superan en tres puntos al porcentaje de hombres, además, llama la atención la presencia de jóvenes jefas de hogar (11.3%). El 60 por ciento de las jóvenes ha tenido cuando menos un hijo. Poco más de la mitad estudió más allá de la secundaria, pero más de uno por ciento nunca fue a la escuela. En este grupo, se tienen las tasas más altas de participación, aunque la cifra de los de 25 a 29 años que buscan trabajo es menor con relación a la de los más jóvenes. Finalmente, en cuanto a condición de inactividad, las cifras de 2020 muestran nuevamente profundas diferencias. Ser estudiante es la actividad que pueden desarrollar los varones que no son económicamente activos; mientras tanto, 85 por ciento de ellas, en caso de no trabajar en el mercado remunerado, se dedican a las tareas domésticas de su hogar, actividad que sólo desarrolla el 11 por ciento de los varones de 25 a 29 años.

Hasta aquí, la mayor parte de las cifras analizadas han sido tomadas de un trabajo de Emma Liliana Navarrete López titulado los jóvenes en el Censo 2020, ¿cuántos y quiénes son?, quien sostiene que, de lo visto, puede concluirse que en los últimos años el sistema educativo ha logrado integrar a más población, por lo que los jóvenes de menor edad (entre 15 y 19 años) se han beneficiado del sistema educativo mexicano. También destaca que los datos revelan que los matrimonios religiosos o civiles ya no son una opción en el presente, pues gran parte de la juventud actual prefiere la unión libre. Llama la atención sobre el incremento en las tasas de participación de las mujeres jóvenes, quienes de 2010 a 2020 aumentaron de manera notable su pres encia en el mercado de trabajo. Señala que los hombres jóvenes siguen participando poco en el trabajo doméstico constatándose, al correr el tiempo, su carácter de estudiantes, mientras que las jóvenes, cuando informan que no participan en el trabajo remunerado, están dedicadas fundamentalmente a las tareas domésticas, en mayor medida las unidas; pero también muchas solteras.

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Por su parte, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) reconoce como jóvenes a aquellos que tienen entre 15 y 24 años, es decir no reconoce como tal a la población de 25 a 29 años. Así, en un trabajo titulado El Panorama Educativo y Laboral de los Jóvenes en México, señala que, en México, hay 21.9 millones de jóvenes entre 15 y 24 años, que representan el 17 por ciento de la población total. Precisa que entre 2005 y 2022, la población en este grupo ha crecido 10 por ciento, aunque la tasa de crecimiento en el mismo periodo para aquellos de 50 o más años supera el 70 por ciento y la tasa de natalidad se ha reducido casi a la mitad. En los próximos tres años se sumarán más de seis millones de personas a la población juvenil.

El análisis de IMCO destaca también que, en los últimos años, el porcentaje de jóvenes que acceden a la educación superior ha aumentado considerablemente. Reconoce que en 2005 apenas el 11 por ciento de los jóvenes concluyó una licenciatura mientras que para 2022 este porcentaje aumentó a 18 por ciento, lo que equivale a un total de 4.1 millones de jóvenes con mayor preparación. Destaca también que desde el 2020 las mujeres jóvenes superan a los hombres en el acceso a la educación profesional ya que, en el primer trimestre de 2022, las mujeres de entre 15 y 29 años representaron el 55 por ciento de los nuevos profesionistas jóvenes. Sin embargo, señala el organismo, la elección de carrera varía entre hombres y mujeres. Entre las mujeres jóvenes las carreras más populares son enfermería, derecho y administración. En contraste, los hombres de este mismo grupo de edad eligen carreras vinculadas a la tecnología, como ingeniería electrónica o desarrollo de software.

El estudio revela también que los jóvenes que desean y buscan pertenecer al mercado laboral se enfrentan a un panorama más complicado que el trabajador promedio. Son el grupo poblacional con la tasa de desocupación más alta, de 6.4%, casi el doble que la tasa de desocupación nacional (3.5%).  Además, apunta, en el primer trimestre del 2022 se registró una tasa de informalidad de 67.4% para los jóvenes, la segunda más alta después de los adultos mayores (75.8%) y que se encuentra por encima de la tasa de informalidad promedio del país, de 55.2%. Se sabe que los jóvenes que ingresan al mercado laboral con un empleo informal tienen una mayor probabilidad de permanecer en condición de informalidad a lo largo de su trayectoria profesional. También es importante saber que el contar con un mayor nivel educativo brinda mayores posibilidades de conseguir un empleo formal y mayores ingresos.

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Y en las regiones de México, ¿qué pasa con los jóvenes?

En México, las entidades federativas con el mayor número de jóvenes son el estado de México (13.6%), la CDMX (6.8%), Jalisco (6.7%), Veracruz (6.0%) y Puebla (5.5%). Pero los estados con los mayores porcentajes de su población total con edades entre los 15 y los 29 años son Quintana Roo (26.7%), Aguascalientes (26.5%) y Querétaro (26.2%).

Por grupos de edades, tenemos que, para los más jóvenes (entre 15 y 19 años) los porcentajes más altos corresponden a Chiapas (9.5%), Aguascalientes (9.3%) y Puebla (9.2%); para los jóvenes intermedios (entre 20 y 24 años), Baja California (9.0%), Aguascalientes (8.9%) y Quintana Roo (8.9%) y; para los jóvenes mayores (entre 25 y 29 años), los porcentajes más altos están en Quintana Roo (9.9), Querétaro (9.0%) y Baja California (8.7%). En este último grupo, Sinaloa (7.7%) se encuentra en la posición 23 y, en el grupo de 15 a 29 años, con 24.8 por ciento, se ubica en el puesto 18. Es decir, no es precisamente de los estados con más población joven.

En el ámbito laboral las mayores tasas de desempleo entre los jóvenes se presentan en Tabasco, CDMX, Nuevo León, Coahuila y Tlaxcala. En este indicador, Sinaloa ocupa la posición 12. Por su parte, las mayores tasas de informalidad entre los jóvenes se encuentran en Chiapas (86%), Oaxaca (80.5%), Guerrero (79.9%), Puebla (74.8%) y Veracruz (72.2%). Con menor informalidad entre 15 y 29 años, destacan Coahuila (38.4%), Chihuahua (41.4%), BCS (41.7%) y Nuevo León (44.0%). Para estas cifras, Sinaloa (48.4%) está en el puesto 25, en el grupo de entidades con menor informalidad. Es conveniente señalar que, en la mayor parte de las entidades federativas, la mayor proporción de jóvenes en la informalidad corresponde a las mujeres. Zacatecas (54.1%), Puebla (53.2%) y Yucatán (53.1%), encabezan esta lista.

En el ámbito educativo quiero destacar, qué carreras están estudiando los jóvenes de nuestro país. Al hacer el análisis considerando los llamados por la Asociación Nacional de Instituciones de Educación Superior (ANUIES), campos de formación profesional, observamos que, en el campo de las ciencias naturales, las matemáticas y las estadísticas, los que muestran mayor matrícula son los estados de Guerrero, CDMX y Michoacán. Otro campo importante en la formación de capital humano para el impulso de las actividades productivas en las regiones es de las ingenierías, la manufactura y la construcción. Los estados con el mayor porcentaje de su matrícula en este campo son Coahuila, San Luis Potosí y Guanajuato. También es importante la formación de profesionistas en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación, por lo que destaco que en este caso las mayores matrículas corresponden a la CDMX, el estado de México y Colima. Si agrupo algunos campos del conocimiento para identificar en conjunto a aquellos que están orientados a la formación para la producción (sumándole a los que he mencionado, el campo de agronomía y veterinaria) encuentro que la mayor matrícula corresponde a Coahuila, San Luis Potosí y Guanajuato. El grupo se identifica como ECAP, aquel que concentra a los jóvenes realizando Estudios Superiores en Campos orientados a la Producción.

Todo esto es relevante porque en un estudio más amplio que se encuentra en proceso de elaboración, he encontrado la alta correlación y la fuerte explicación econométrica que existe entre estos indicadores y la presencia de economías subnacionales que se caracterizan por su complejidad, fortaleza y dinamismo, capaces de atraer y retener talento e inversiones y, alcanzar altos niveles de competitividad. Más jóvenes en las universidades, mayores oportunidades para que ellos puedan tener un trabajo decente y, el establecer condiciones para alcanzar mayores niveles de equidad de género, son factores sobre los que hay que trabajar para tener regiones menos desiguales y más prósperas, para el impulso del país a mejores niveles de bienestar social y económico.   

En el presente análisis que por cuestiones de tiempo y espacio cierro aquí, nos hemos concentrado fundamentalmente en los temas que tienen que ver con los jóvenes, la educación y el mercado laboral. Pero los jóvenes enfrentan también problemas de discriminación por la edad, que en no pocas ocasiones se mezclan con otras discriminaciones relacionadas con el racismo y el sexismo. Además, los jóvenes están enfrentando problemáticas relacionadas con la participación política, la salud y la justicia.

Detrás de los jóvenes cuya situación hoy se analiza, vienen los niños y las niñas que pronto alcanzarán la condición de jóvenes y todos, en el ámbito laboral, social, educativo y ambiental, estamos obligados a ofrecerles nuevas y mejores condiciones para que puedan alcanzar su plena realización como ciudadanos, para alcanzar para todos, superiores niveles de convivencia. 

Referencias

  • Horacio Sánchez Bárcenas, David Robles Ortiz y Daniela Melissa Vargas Urista (2022). El empleo informal juvenil en México. Un análisis de panel de datos, 2005-2019. Análisis Económico, vol. XXXVII, núm. 95, mayo-agosto de 2022, pp. 143-159.
  • Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). (2022). El Panorama Educativo y Laboral de los Jóvenes en México. https://imco.org.mx/.
  • Emma Liliana Navarrete López (2021). Los jóvenes en el Censo 2020, ¿cuántos y quiénes son? Coyuntura Demográfica, núm.20, julio, 2021.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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