Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Para México, en materia económica, el 2022 no fue un mal año. Escenarios inciertos para el 2023

En general, en materia económica, ha sido un buen año

Para hablar de las perspectivas para este año y los siguientes, es necesario partir de la revisión de algunos indicadores económicos del desempeño de la economía mexicana en el 2022. Yo creo que, en general, en materia económica, ha sido un buen año. Afectados por la pandemia y el paro de la economía, veníamos de una caída estrepitosa del PIB de alrededor de 8 puntos porcentuales en 2020, de una importante pero insuficiente recuperación de casi 5 puntos en 2021 y cerramos el 2022 alcanzando un crecimiento de alrededor del 2.7 por ciento.

La cifra no es mala, creo yo, dado el desempeño de la economía norteamericana cuyo comportamiento se encuentra estrechamente correlacionado con el nuestro. Pero, además, habría que considerar la presencia en el mundo de factores como la inflación, los efectos de la guerra militar y comercial, el Covid que no termina por desaparecer, el aumento en las tasas de interés y las cadenas de suministro que no se han estabilizado todavía.

De acuerdo con las que todavía son proyecciones de crecimiento económico de la OCDE, en el 2022, el crecimiento de México estará muy cerca del que mostrarán economías como Canadá, Brasil o Francia y superará los avances en Chile (1.9%), Alemania (1.8%), Japón (1.6%) y Estados Unidos (1.8%).

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Para 2023, las aparentemente cifras optimistas del gobierno federal esperan un crecimiento económico del 3 por ciento y aunque las expectativas de la OCDE son mucho más conservadoras, hablan de una variación de 1.6 por ciento, de cualquier modo, le alcanzaría a México para superar a economías muy importantes como España (1.3%), Brasil (1.2%), Canadá (1.0%), Francia (0.6%), Estados Unidos (0.5%), Argentina (0.5%), Italia (0.2%), Alemania (-0.3%), Inglaterra (-0.4%) y Chile (-0.5%).

Los últimos años han sido muy difíciles no solo para México sino para todos los países del mundo y cumplir con las expectativas de crecimiento que los gobiernos se habían planteado resultará prácticamente imposible.

En México, se hablaba de un crecimiento promedio del 5 por ciento en el sexenio, pero quedaremos muy lejos. Mi expectativa es que, con un buen desempeño en los últimos dos años, que creo existen condiciones para que así sea, se alcanzará un promedio anual cercano al 1 por ciento. Parece poco, pero habría que decir que otras economías, en el mismo periodo (2019-2024), presentarían incrementos promedio anual muy similares. Sería el caso de Estados Unidos, Brasil, Canadá, Francia y Argentina. Otras, en cambio, tendrían peores desempeños. En este grupo estarían España, Italia, Alemania, Inglaterra y Japón.    

El buen desempeño de los principales indicadores económicos se ha observado también en el comportamiento del tipo de cambio. Con todo lo que ello implica en materia de comercio internacional y en la atractividad de inversiones, como resultado de la presencia de un conjunto de factores favorables, nuestra moneda se ha apreciado como no había sucedido durante muchos años y tan solo en esta semana se ubicó por debajo de los 19 pesos por dólar consolidando una apreciación cercana al 8 por ciento en el sexenio.

De una relación hecha por la Revista Expansión sobre los principales factores que estarían explicando la fortaleza del peso mexicano, resumo y destaco los siguientes; el diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos; la disciplina fiscal; la presencia de finanzas externas sanas; los ingresos por remesas, el comportamiento de la IED; el incremento en los precios del petróleo; la estabilidad de la balanza comercial; la recuperación del turismo internacional y; las calificaciones estables sobre el riesgo de invertir en el país. Es importante tomar en cuenta que en el 2022 la IED presentó una cifra récord de más de 55 mil millones de pesos, mientras los ingresos por remesas rebasaron los 60 mil millones de dólares, la cifra más alta desde que se tiene registro.   

Un comportamiento también para destacar es el que han tenido en el último año los ingresos tributarios (13.8% del PIB) y el empleo. Este último cerró el 2022 con la creación de 752 mil 748 empleos. La cifra no es tan grande como la del 2021, sin embargo, es la tercera más alta desde que se lleva registro de este indicador. Se tienen ahora 21.37 millones de empleos formales, cerca de un 4 por ciento más de los que había en el mes de febrero del 2020, justo antes del inicio de la pandemia. Además, nuestra tasa de desempleo es una de las más bajas en el grupo de la OCDE. Cuarto lugar contabilizando desde las más bajas a las altas.

Destaco además la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores, derivado del incremento de los salarios mínimos a un ritmo que no tiene precedente. En el 2002 el incremento fue del 22 por ciento y este 2023 los salarios crecieron 20 por ciento. Los aumentos han sido permanentes y de una magnitud similar desde el 2019. Por su parte y de manera complementaria, el IMSS reporta que el llamado salario base de cotización de los trabajadores que tiene afiliados, incrementó 11 por ciento en el 2022, constituyendo el mayor aumento en los últimos 20 años.

Ciertamente, en buena medida, los niveles de inflación de los últimos meses han reducido el impacto positivo del aumento de los salarios sobre el bienestar de la población.

México cerró el 2022 con una variación anual en los precios de poco más de 7.8 por ciento, que se ha reconocido como el mayor aumento en los últimos 20 años. Es verdad que se trata de una cifra extraordinaria y muy preocupante, pero a favor habría que decir que en buena medida los acuerdos del gobierno federal con la iniciativa privada y los subsidios al costo de la energía han evitado que la inflación se desbordase y se volviera incontrolable. También es justo decir que se trata de un fenómeno mundial que en buena medida es producto de la escasez de alimentos y de los incrementos en los costos de transporte provocados por la pandemia y los conflictos bélicos.

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Adicionalmente, para dimensionar el aumento de la inflación en nuestro país, resulta conveniente señalar que, en el conjunto de los países de la OCDE, México destaca como uno de los países con menor inflación, con cifras por debajo de las que muestran Chile, Colombia, Italia, la Unión Europea, la OECD, Europa, Alemania, Portugal e Inglaterra, entre otras regiones y países. Ocupa la posición 13 (de menor a mayor inflación) en el conjunto de los países de la OCDE. Muestra la posición más baja en la inflación de energía y de las más bajas (posición 12) también en la inflación de alimentos.    

En un escenario optimista cabría esperar que el comportamiento de los indicadores y variables que he señalado mantuvieran el ritmo en el 2023 para así superar las bajas expectativas que se tienen acerca del crecimiento de la economía. Ustedes saben que los principales analistas pronostican al menos una desaceleración en la dinámica de crecimiento de las economías mundiales, incluida la economía de Estados Unidos, nuestro principal socio comercial. Si así fuera, se generarían efectos negativos para la economía nacional, que en principio afectarían la dinámica de las exportaciones, las remesas y la IED, con nocivas repercusiones sobre el empleo, la inversión, el consumo, los ingresos del sector público y el bienestar de la población. Son ingredientes que abonan a este escenario incierto, la evolución de los conflictos entre países, el repunte de la pandemia y las elecciones de autoridades en nuestro país, en este y el próximo año. Pero soy optimista y espero que las expectativas mejoren con el paso de los meses.

Debo reconocer que evidentemente hay muchas cosas por mejorar, aún en el caso de las cifras que he señalado, pero sobre todo en otros aspectos que son de carácter social pero que están condicionados por el desempeño de la economía. Me refiero a los temas de salud, pobreza, desigualdad, inseguridad, informalidad y, al refuerzo del estado de derecho para el incentivo de la inversión.

Quiero decir también que México sigue acusando grandes disparidades regionales. Como antes he señalado, en el 2021 el país creció a una tasa de casi 5 por ciento, pero en el mismo periodo, economías subnacionales como las de Quintana Roo y Baja California Sur presentaron crecimientos de doble dígito y otras, como Nayarit, Baja California y Tabasco, variaciones por encima del 8 por ciento. En el 2022, al menos las economías de Quintana Roo, Baja California Sur y Tabasco, crecieron al doble de la cifra nacional. De las diez entidades con mayor crecimiento en este último año, tres concentran su economía en el turismo y otras tres tienen vocación productiva orientada a la industria manufacturera y las exportaciones. Otra manera de observar las disparidades regionales es comparando el PIBE en 2021 (último dato que se conoce del PIB) con el nivel que este tenía en el 2019, antes de la pandemia. En los casos en los que la diferencia resulta positiva se considera que se trata de economías que se han recuperado de la pandemia. Es el caso de únicamente tres entidades, Tabasco, Baja California y Chiapas. En el fondo de la tabla, dos entidades que pese a su destacado crecimiento en los años recientes no han podido recuperarse, Baja California Sur y Quintana Roo.

También pueden apreciarse las diferencias regionales a través del análisis de los llamados cuadrantes de desempeño económico. Se trata de una comparación de la dinámica de las economías regionales en un periodo más amplio. En este caso podemos hacerlo para 42 años, de 1980 a 2021 y de lo que se trata es de identificar aquellas regiones cuyo PIBE ha crecido más, o menos, que la variación promedio del PIB nacional e identificar también aquellas cuyo PIB per cápita, en 2021, es más grande o pequeño que el PIB per cápita nacional.

Así, se consideran regiones de buen desempeño, si su PIBE ha crecido más que el promedio nacional y su PIB per cápita supera al promedio nacional. Son los casos de Aguascalientes, Querétaro, Quintana Roo, Baja California Sur, Nuevo León, Chihuahua, Baja California, Coahuila, Sonora, Colima, Tamaulipas y Jalisco. Son mayormente regiones con vocación turística o manufacturera y ubicadas principalmente en el norte o el Bajío. En el otro extremo, están las regiones con mal desempeño económico, cuando su PIBE ha crecido menos que el promedio nacional y su PIB per cápita es menor al promedio nacional. En esta condición se encuentran Hidalgo, Nayarit, Durango, Tlaxcala, Morelos, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Sinaloa.

La mayor parte de las entidades en este último grupo se ubican en el sureste del país y ellas se caracterizan también por su mayor pobreza, informalidad y marginación. Por eso veo con agrado las obras de infraestructura que se están impulsando en esa región, ya que me parece ayudarán a cerrar la brecha que con el paso de los años se ha venido ampliando entre el norte y el sur del país. Considero que se está atendiendo un rezago histórico.

Creo, que como parte de las perspectivas para el 2023 y los años por venir, habría que ver con esperanza para esa región y para el país, la futura operación del tren transístmico, las refinerías, los aeropuertos y los parques industriales que se están construyendo en esa zona del país.

Así como creo que el sureste del país mejorará sus condiciones económicas y sociales, creo también que en el 2023 y 2024, pese a los escenarios pesimistas que se anuncian, serán las entidades federativas del norte y del Bajío del país las que seguirán impulsando el crecimiento del país. La industria manufacturera y las exportaciones seguirán siendo por mucho tiempo el motor de la economía mexicana y el renovado acuerdo comercial con los países de América del Norte y el llamado nearshoring les vendrán a dar, o les están dando ya, un nuevo impulso. Me parece que por el ritmo que han mostrado en los últimos meses los servicios y particularmente el comercio y el turismo, entidades como Baja California Sur, Quintana Roo y la CDMX pronto consolidarán su proceso de recuperación aportando de manera importante al crecimiento económico del país. La contribución de entidades como Nayarit, Tabasco y Yucatán también será importante dada la dinámica del sector de la construcción en esas regiones.

Estoy convencido que desafortunadamente Sinaloa no forma parte de las entidades que se verán favorecidas con estos nuevos escenarios, ya que difícilmente estará en condiciones de aprovechar el proceso de relocalización de empresas que se está dando en algunas regiones del país, ya que las obras de infraestructura que se anuncian para la entidad requieren de la presencia de lo que se llama servicios de infraestructura para que puedan manifestar su potencial y eso no sucederá en el corto plazo. Eso no significa que no sean importantes las obras de infraestructura carretera que se impulsan en el norte, las obras de infraestructura hidráulica que se desarrollan en el sur o la concreción del llamado corredor T-MEC que podría dotar a Mazatlán de infraestructura ferroviaria para aprovechar su potencial. De cualquier modo, en el puerto hace falta mucha inversión en infraestructura y logística.   

Sinaloa, por lo pronto, cerró el 2021 y el 2022, en términos de crecimiento económico, en la parte baja de la tabla, debajo del crecimiento promedio nacional y en las posiciones 24 y 23 respectivamente, considerando todas las regiones del país. Sinaloa es, además, de las entidades federativas que no alcanzan todavía a recuperarse de la caída de la economía debido a la pandemia y en este 2023 se espera que de nuevo crezca menos que la media nacional y se ubique alrededor del puesto 20 del ranking nacional.

No quiero extenderme más y solo resumo lo que ya he dicho en muchos foros. Para que Sinaloa supere sus rezagos requiere del diseño y puesta en operación de un nuevo modelo de desarrollo con carácter transexenal y con visión de largo plazo. Se requiere también que se discuta, apruebe y se ponga en operación la Ley de Planeación para el Desarrollo del Estado de Sinaloa y sus Municipios, que se impulse un Plan Estratégico de Industrialización, que se valore y reconozca al gremio de los economistas y que se redefina la estructura y el funcionamiento del Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa (CODESIN).

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En el plano nacional considero que lo mucho o lo poco que se ha avanzado en materia económica es resultado ciertamente de un comportamiento responsable por parte del gobierno federal, pero en buena medida es producto también de la actuación de la iniciativa privada y los organismos que la representan, de las organizaciones obreras y del rol que han jugado los organismos autónomos. Considerando la incertidumbre en materia económica que prevalecerá en los meses siguientes, alimentada principalmente por el comportamiento de las tasas de interés y la inflación, será muy importante para el país que predomine desde el gobierno federal la tolerancia y la apertura para reconocer el valor de las opiniones discordantes. Con todas sus ventajas e inconvenientes seguimos en un modelo de apertura comercial, pero con matices, porque el gobierno en turno está interesado en la protección de sectores que considera estratégicos y eso me parece válido, pero creo que deben conseguirse los equilibrios que aseguren la libre competencia, el uso de energías limpias y el respeto a los acuerdos comerciales.

Con inteligencia y buena voluntad, pienso que se puede lograr. 

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