Reflexiones

Diego Monjardín

¡Para que alcance tiene que sobrar!: El desperdicio de alimentos

El agua utilizada en México para producir alimentos, que luego terminan en la basura, es de 40,000 millones de metros cúbicos, lo que equivale a 2.4 años de consumo de agua de todos los habitantes del país.

Estimado lector, ¿quién no ha tenido la experiencia de buscar la fruta de su preferencia en su refrigerador o frutero, y ver que queda sólo un par de ellas, por lo cual elegimos la que mejor condición visual presente dejando la otra, que muy probablemente, ya no será parte de nuestra alimentación por considerarla no apta para nuestro consumo…?

Esta pregunta pudiera sugerir algo muy común para muchos, sin que signifique una relevante consecuencia o impacto a terceros, que no pasará más allá de un concepto identificado en la vida diaria como “colateral”, y solemos decir: “¡algo se tenía que perder, es imposible utilizar todo sin que suceda esto!”.

Esto es algo que también se puede ver muy común en nuestro consumo diario: dejar una porción de alimento en nuestro plato como muestra de buena conducta como comensal.

Sin embargo, hoy día, estas situaciones que se presentan con gran normalidad están denotando otro significado en algunos segmentos de consumo y organizaciones a nivel mundial, a tal grado que el tema de “Desperdicio de Alimentos” es uno de los temas prioritarios que se están abordando debido a sus consecuencias sociales y gran impacto, tanto en la salud como en el medio ambiente.

Estudios de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) calculan que el volumen mundial de desperdicio de alimentos asciende a 1,600 millones de toneladas en productos primarios. De estos, 1,300 millones de toneladas son ya procesadas y no son consumidas.

Este desperdicio significa, en la perspectiva medio ambiental (Huella de Carbono), la aportación mayor a 3,300 millones de toneladas de CO2 de gases de efecto invernadero al año, cuyo destino es la atmósfera.

En México, más de 158 kilogramos de alimento per cápita se desperdician cada año, lo que equivale a poco menos de medio kilogramo por día; sin embargo, ello no es el indicador de impacto final.

El simple hecho de generar ese desperdicio también tiene un impacto económico que incide en pérdidas económicas de más de 491 mil millones de pesos, aproximadamente el 2.5 del Producto Interno Bruto del año 2017.

Al dejar alimentos en nuestros platos, no ingerirlos o desecharlos simplemente, no sólo estamos derrochando la gran oportunidad y fortuna con la que pudiéramos contar a diferencia de los más de 831 millones de personas en el mundo que no tiene esta posibilidad de “derroche”.

Como seres humanos, debemos de ser conscientes del gran peso y responsabilidad civil y moral que debemos adoptar ante una situación como tal, pues tiene significados y alcances mucho mayores.

Es abrumador, y presenta un mayor grado de complejidad, que como integrantes de una sociedad pudiéramos aún no percibirlo, pues los alimentos que no se consumen y representan un desperdicio, impactan también directamente y de igual forma en un desperdicio en el uso recursos naturales de la tierra y agua, entre otros como la energía, semillas, insumos, mano de obra, tiempo y una serie de recursos que ya no podrán ser recuperados, teniendo grandes impactos económicos.

Por ejemplo, el agua utilizada en México para producir alimentos, que luego terminan en la basura, es de 40,000 millones de metros cúbicos, lo que equivale a 2.4 años de consumo de agua de todos los habitantes del país.

Ante las vicisitudes presentes hoy día en términos de salud y todos sus efectos de esta pandemia, pongamos en práctica el darnos tiempo para observar a nuestro alrededor qué es lo que sucede.

No es un tema simple como tal ni normal, aunque sea común y reincidente. No hay una fórmula secreta que nos permita resolver este grave problema. Las soluciones deben ser específicas y deben de estar todos los sectores involucrados en busca de ellas: sociedad, consumidores, gobierno, industria y sector productivo primario.

Todos debemos ser parte de la solución. Por ello, si en alguna conversación al respecto te preguntan: ¿cuánta comida desperdicias en casa en un día?, medita bien tu respuesta, pues posiblemente no pudieras tener el dato, sin embargo, sí pudieras comentar qué estás haciendo al respecto para atenderlo.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

Comentarios

Recientes

Ver más

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo