Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Píldoras electrónicas: una solución médica a la vuelta de la esquina.

Se trata de ser optimistas y pensar en un futuro mejor para todos, donde la inclusión se vuelva una realidad y la democratización tecnológica permita tener soluciones universales para los padecimientos más frecuentes que aquejan a los seres humanos.

La tecnología ha permitido fortalecer los procedimientos médicos, reduciendo tiempos y esfuerzos en aras del cuidado de la salud. Con el desarrollo de nuevas técnicas y dispositivos, hemos superado en muy poco tiempo algunas de las más ambiciosas fantasías futuristas. Hace apenas un par de décadas, se comenzó a hablar del procedimiento experimental que permitiría ingerir cámaras y sensores microscópicos encapsulados para monitorear el sistema digestivo en lugar de métodos invasivos y mucho más dolorosos. Hoy en día, esto no solo se ha vuelto rutinario para diversos padecimientos, sino que se ha rebasado con una nueva posibilidad: las píldoras electrónicas.

El siguiente paso en esta materia, podría revolucionar la manera de tratar todo tipo de enfermedades y desórdenes: desde la diabetes y la obesidad hasta la depresión e, incluso, el Alzheimer. Se trata de unas píldoras que contienen un minúsculo dispositivo que se ingiere y focaliza para emitir impulsos químicos o electrónicos a diversos órganos, ayudando a restablecer el organismo hacia un correcto funcionamiento. Estos impulsos podrían facilitar el control del apetito, del metabolismo, las hormonas e, incluso, los estímulos positivos para el centro de mando de nuestro cuerpo: el cerebro.

De esta manera, se podría mejorar la calidad de vida de cientos de millones de personas con una tecnología que se espera se vuelva cada vez más barata mientras más se utilice y se reduzcan los costos de producción, además de reducir la necesidad de cirugías y dolorosos tratamientos con nodos externos.

Los avances de la ciencia nos acercan a encontrar tratamientos a enfermedades que, hasta recientemente, permanecían incomprendidas y, por tanto, incurables, como es el caso del Alzheimer, una condición que se caracteriza por el deterioro y la pérdida de las funciones mentales. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, hay más de 30 millones de pacientes en el mundo con este padecimiento, que crece a un ritmo exponencial sin señales claras sobre cómo prevenirlo. Con este tipo de tratamientos, podríamos proveer al cerebro de los impulsos necesarios para regenerar y estimular a las neuronas de tal forma que se reduzca el impacto de la enfermedad sobre la vida diaria de los pacientes.

En el mismo sentido, padecimientos como la diabetes podrían ser combatidos de una mejor manera, pues a pesar de que existe información sobre su tratamiento y prevención, se ha convertido en una de las principales causas de muerte prematura y afecta a cerca del 10% de la población mundial con una tendencia acelerada de la cual los niños no son excepción. Las proyecciones respecto a esta enfermedad la posicionan como un enorme reto al bienestar y la salud pública en el futuro cercano en todo el planeta. En México, ya es un gran obstáculo para el desarrollo de la niñez y los adultos. Las píldoras electrónicas podrían mejorar la calidad de vida de todas esas personas al ayudarlas, mediante impulsos, a regular su procesamiento y producción de la glucosa y la insulina.

Por si las posibilidades mencionadas anteriormente no fueran lo suficientemente disruptivas y prometedoras para el futuro del cuidado de la salud, ¡también se podría ayudar a combatir lo que se cierne como la nueva pandemia: la depresión! Este padecimiento puede consolidarse como una de las causas de incapacidad más frecuentes en el mundo y tiene causas muy diversas. No es biológicamente contagioso, pero hasta el momento ha mostrado ser imparable… sobre todo en tiempos difíciles como los que vivimos actualmente en los cuales la incertidumbre y el distanciamiento social han afectado la manera de convivir y hacer las cosas. Una sencilla píldora podría ayudar al cerebro a autorregularse y producir los químicos necesarios para volver a la normalidad.

Por supuesto, no faltarán aquellos que dudarán de la eficacia de esta tecnología e, incluso, podrían llegar a conspiraciones sobre cómo estas herramientas pueden facilitar el control de las masas. Tal vez sea posible, pues la historia nos ha demostrado que todo invento, por noble que sea su origen, puede ser tergiversado con las motivaciones incorrectas. No obstante, se trata de ser optimistas y pensar en un futuro mejor para todos, donde la inclusión se vuelva una realidad y la democratización tecnológica permita tener soluciones universales para los padecimientos más frecuentes que aquejan a los seres humanos.

En nuestro país, el principal reto se encuentra en comenzar a nivelar el terreno de la salud de tal forma que, cuando esta tecnología se vuelva común, pueda ser adquirida sin importar el estrato social o el ingreso de la persona, sino simplemente por su derecho humano a tener una calidad de vida digna. Para ello, debemos comenzar desde ahora. La pandemia nos demostró lo devastador que puede ser vivir una negligencia sistemática de los servicios de salud, ¡rompamos con la inercia para que podamos ser parte de la transformación tecnológica que se encuentra a la vuelta de la esquina!

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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