Reflexiones

Leónidas Alfaro Bedolla

Por la ruta del narco

Este es un breve pasaje de la historia de El Chory, un joven cholo de la Colmaz; fue uno de aquellos que fue considerado Nini.

El Chory fue uno de los miles de jóvenes que fueron rechazados por no pasar el examen de admisión, y tampoco pudieron acomodarse en algún empleo, sea por falta de preparación o por no resignarse a ser un jornalero mal pagado. Teniendo la necesidad de ayudar con el sustento de su familia, compuesta por un padre que los abandona constantemente por causa de su alcoholismo, una madre que lava y plancha ajeno para atender una familia con cinco hermanos, no le quedó otra salida que aceptar ser puchador de cocaína.

Vestido con un pantalón negro y una camisa blanca, noche a noche le miente a su madre al decirle que trabaja de mesero en un antro. Con apenas 17 años de edad, es fácil presa del narco que lo somete a trabajar con la amenaza de que si se sale del huacal, le puede costar la vida, primero a su familia y al final a él. Está dominado. El Nandón es su jefe inmediato, al que debe obedecer y rendir cuentas, las cosas caminan bien y en poco tiempo surge entre ambos una armónica comunión. Se podría decir que de amigos, pero en ambos existe la natural desconfianza que impone el medio.

El dinero surge con holgura, la situación familiar mejora y alcanza para cubrir alimentación, vestido y útiles escolares para todos. Adquiere un vochito y pasea a su madre y hermanos. Una tarde dando la vuelta por una colonia vecina, llegan a un puesto donde venden raspados. Al bajar el Chory de su auto, se queda boquiabierto cuando mira  a la dependienta. Es una mujer que le dobla la edad, eso para él no cuenta. Viste holgado vestido de organdín, pero se adivina un cuerpo por demás sensual, su mirada es de verde mar y  al sonreír afloro su gracia y simpatía: -¿de qué sabor va querer su raspado? El Chory contestó turbado. -Yo, yo, yo de guayaba, para mi mamá también y para mis hermanos, todos, todos igual; de guayaba. Ella sonrío divertida, y se ocupó de cumplir el pedido.

Aunque sin experiencia, pero si con arrojo, El Chory se decidió a enamorar a la bella mujer, sin importarle que ella fuera mayor. Llegó solo, ella al instante lo recordó, y es que el joven tiene sus atributos, aunque no es alto su porte es distinguido, sus modales y su actuar denotan seguridad. -Hola, buenas tardes, un raspado de…  -Si, de guayaba, ¿verdad?. –Órale, te acordaste. –No cualquiera trae un vocho rojo corazón. –Ah, ¿es por eso que te acordaste? –Sí, pero también porque ahora llegas solo y… –Es que vengo a invitarte a dar la vuelta.

Desde aquella tarde se anidó en ellos el romance. Cierta noche, El Chory contrató al Trío Azteca para llevarle serenata. La sorpresa fue grande cuando al llegar al lugar, solo encontraron un baldío. ¡Qué! ¡No lo puedo creer! Desapareció. –Voló la paloma con todo y nido, compa. Dijo el gordito del Trío. El Chory le echó una mirada asesina… -Compa yo nomás decía… -¡Pues no ande diciendo!

Al día siguiente, El Chory habló con El Nandón. –Compa necesito que me haga un paro, sucede que… Usted ha de perdonar, pero… -Lo entiendo compa. Vaya a buscarla, si necesita algo, no dude en hablarme, espero que pronto la encuentre.

El joven fue a Tamazula Durango, ella le había comentado que allá vivía su madre. La señora le informó que se había ido a Los Cabos, dizque a trabajar en no sabía qué. Y se fue a buscarla a la Baja sur, visitó muchos bares y lupanares. Un mes después regreso. Fue al barrio donde la había conocido, y en el baldío encontró una hermosa casa, moderna con portón eléctrico. Allí estuvo mirando; cuando se decidió cruzar la calle para ir a tocar la puerta, se levantó el portón y salió una imponente camioneta; solo alcanzó a mirar un par de siluetas, un hombre y una mujer. Tomó una decisión; aquella misma noche en las paredes de casi toda la manzana escribió: Feliciana, te amo…

Al día siguiente, ya para oscurecer regresó, se plantó frente a la casa, de pronto; una Van negra le impidió la vista, de ella bajaron dos encapuchados, sin decir nada lo dominaron y aventaron adentro de la camioneta. Le pusieron una capucha negra y cinta canela que le recubrió los ojos y la boca. La velocidad de la Van disminuyó y El Chory sintió que ahora el camino era de terracería, luego entraron a una bodega, lo bajaron, lo sentaron en una silla, le quitaron la capucha y vio que al fondo se abría una puerta. Un hombre alto, de gran mostacho, tocado de tejana, al ver al joven preguntó: –  ¿Tan seguros que s´te es? – Y iñor, s´te el Chory. –¿Eres el Chory? –Lauro es mi nombre, señor. –Mira cabroncito, te he dado el alevantón, porque has estado haciendo plantón frente a mi casa, y sé cuál es el motivo. Has pintado una ridícula frase con el nombre de mi… -Mire señor, si piensa darme pa´ bajo hágalo, porque si me deja vivo, la seguiré buscando. Yo amo a Feliciana. -¡Ja! ¡Tú de viejas no sabes nada, pinche morro! Las viejas nomás fingen, solo les interesa el billete, las joyas, los carros.  Mira cabrón, te voa dar chance; mañana vas hablar con ella. Dende orita te lo digo, te va mandar a la verga. Después de eso, si te vuelvo a ver rondando mi casa, serás hombre muerto. ¡Llévenselo!

Al día siguiente tocó el timbre de la puerta de la casa de El Chivero, el narco más famoso del oriente de Culiacán. Una sirvienta lo pasó a una elegante sala, segundos después salió Feliciana, El Chory de pronto no la conoció, su vestuario y maquillaje lo confundieron; por su voz la reconoció. –Hola, ¿cómo estás? –Bien, señora de mi amor, vengo por ti. –Lauro, no seas ridículo… -Feliciana, mi amor, yo te amo. –Lauro por favor vete, ¿Qué me puedes dar? ¡Nada, solo pobrezas! ¡Lárgate ya!

El Chory salió arrastrando los pies, se fue a un antro, estuvo tomando y sorbiendo cocaína hasta quedar inconsciente. Los del antro lo sacaron y lo aventaron a un callejón oscuro. Se convirtió en un demente, en una desgarbada sombra más que deambulan por las calles de la ciudad.

Nota: A mis dos lectores: el pueblo ya juzgó a los ex presidentes ladrones y traidores a la patria; pero es necesario hacer justicia. Vota el 1ro. de agosto para que se cumpla la ley.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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