Reflexiones

Diego Monjardín

Proveer alimentos a la población en la ‘Nueva Normalidad’: El gran reto del sector agrícola

¿Cuántos productores agrícolas de nuestra región estarán dispuestos a aceptar los retos del COVID-19, sus consecuencias, y a adoptar los cambios necesarios para atender todo lo que ello engloba?

…”la meta es crear un mundo libre de hambre y malnutrición, en el que la alimentación y la agricultura contribuyan a mejorar las condiciones de vida de todas las personas, en especial de las más pobres, de forma económica, social y ambientalmente sostenible”.
José Graziano da Silva.
 Director General de la FAO.

La pandemia no pasó por la mente de muchos, pero se suscitó.

Toda forma de evaluación y análisis a partir de enero de este año incluyó un nuevo ingrediente que no estuvo considerado previo a esta fecha dentro nuestro desarrollo de vida personal, social, profesional, empresarial, incluyendo el ámbito político y religiosos. COVID-19 ha sido un gran factor que ha sacado de balance a algo tan personal como la forma de vida diaria hasta el plan de negocios mejor estructurado y analizado por un consejo de administración empresarial.

Crear un mundo libre de hambre y malnutrición, la gran meta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura se encuentra en el documento “El Futuro de la Alimentación, Tendencias y Desafíos para la Agricultura” editado en el año 2017. En éste se hacen las recomendaciones de una serie de estrategias en políticas públicas del sector, cuya pertinencia se establecían dentro de un plazo de ejecución para el periodo 2018 – 2021; fue desarrollado bajo un riguroso análisis de un gran compendio de información global en la cual participaron un gran número de organismos internacionales, así como investigadores de diferentes sectores profesionales especializados, de un gran y alto nivel crítico y de evaluación. No obstante, la gran calidad y contenido de información, es muy difícil y en ocasiones imposible, el poder predecir otro tipo de factores “Imponderables” que definitivamente podrían alterar el resultado de análisis tan profundos y bien sustentados como el mencionado.

El sector productivo de alimentos no ha sido la excepción y ha sido impactado por este factor extraordinario no calculado en los planes y proyectos de siembra de este ciclo agrícola que estamos por cerrar en todo México, y sin duda, deberá de ser un factor con grandes impactos en diferentes apartados de la cadena de producción al suministro de alimentos a considerar en el nuevo ciclo que está por venir en un par de semanas en nuestro estado (Sinaloa).

En este punto es donde afirmo que existe una relación estrecha entre desarrollo y salud humana con la alimentación, pues si no nos alimentamos en cantidad y calidad necesaria para resguardar esta condición, no podremos estar en condición para llevar a cabo nuestra vida diaria como sociedad sin detrimento de nuestra salud.

El Covid-19 nos plantea nuevos retos. Sin embargo, aun y con las recomendaciones y propuestas de organismos internacionales como FAO que sugiere se apliquen a este sector, cuestiono:

¿Cuántos productores agrícolas de nuestra región estarán dispuestos a aceptar los retos del COVID-19, sus consecuencias, y a adoptar los cambios necesarios para atender todo lo que ello engloba?

Es probable que mi anterior cuestionamiento aún no ha pasado por la mente de muchos agricultores, como sucede con los grandes retos que han venido sorteando año con año, ciclo tras ciclo, como escases y limitación del agua, altos costos de insumos, mercados inestables y volátiles, falta de políticas públicas (tanto al interior como al exterior del país) que den fortaleza y provean una plataforma para un crecimiento general del sector productivo…en fin, son los retos ya existentes, están presentes hoy día y a estos se les suma éste nuevo: COVID-19.

Esta “Nueva Normalidad” está llevando al sector agrícola a desarrollar una capacidad de “Resiliencia” muy aguda, que le provea la capacidad para realizar cambios abruptos con el menor impacto en su economía y que pueda atentar en contra de su estabilidad y desarrollo. Es necesario que se desarrollen las capacidades personales de prevenir posibles crisis, de igual forma, es necesario desarrollar acciones que pudieran amortiguar dichas situaciones, ser consiente de esa posibilidad bajo un orden de solución eficiente y sostenible que incluya la protección, el restablecimiento y la mejora de los sistemas de vida que rodean esta actividad frente a las amenazas que afectan la producción, la nutrición, la seguridad alimentaria, así como la innocuidad de nuestros alimentos.

Este es el nuevo reto que la producción de alimentos tiene, no será fácil sortearlo y es ineludible, al menos por el momento y la consulta se reitera: ¿quiénes estarán dispuestos a aceptar el reto “COVID-19” para la producción de alimentos?, ¿serán suficientes productores para proveer lo necesario y requerido para nuestra población?, ¿incrementaremos nuestra dependencia de mercados externos en la proveeduría de alimentos..?

El solo dato que me viene a la mente relativo al crecimiento de la población mundial que requerirá más alimentos vislumbra un déficit. Esa sola comparación debe de generarnos un mayor interés y participación en este gran reto para nuestra sociedad.  

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