Reflexiones

Mexicanos Primero Sinaloa

Reinicio de clases: una nueva oportunidad

También, será importante apoyar a los profes en cómo saber leer el estado socioemocional de sus estudiantes para poder canalizar a quienes lo requieran a una atención especializada.

Por Gustavo Rojas

Hay que partir señalándolo claramente. La decisión de no regresar a las aulas aún es adecuada para nuestro contexto nacional y estatal presente. La pandemia todavía nos golpea con altas cifras de contagios y fallecimientos y el riesgo de agravar este escenario por la reapertura de 5800 escuelas de educación básica, con el regreso al espacio público de casi un millón de estudiantes y docentes es real. Y mientras esta realidad no cambie, debemos seguir preguntándonos y comprometiéndonos con el gran desafío de defender el derecho a aprender, inclusive en tiempos de emergencias como las que hoy se viven.

La decisión anunciada por las autoridades federales y estatales de regresar a clases mediante una etapa de educación a distancia el día 24 de agosto, sin duda vendrá con muchos retos. La pandemia desnudó las carencias e injusticias de nuestro precario sistema educativo. Sin embargo, esta vez se nos presenta la posibilidad de poder implementar una estrategia que se base sobre la etapa que ya se vivió en el último trimestre del ciclo escolar anterior. De construir sobre aprendizajes de lo que sí funcionó y de lo que no. De compartir una respuesta que realmente pueda servir para dar certeza y esperanza a los estudiantes y sus familias, y no una que sólo genere estrés e incertidumbre.

Para que esto ocurra, el primer gran desafío será lograr que las familias y los estudiantes se matriculen y participen de la educación a distancia. No podemos fallar en este primer punto si queremos asegurar que las niñas, niños y jóvenes en el estado sigan construyendo un mejor futuro desde la educación. Si los perdemos, si deciden no regresar a la escuela, aunque sea a distancia, todo el asunto se pone aún más cuesta arriba. Por esto, la SEPyC debiera presentarnos pronto un plan para motivar a las familias a regresar e inscribirse. Tomando como principal prioridad el subir a bordo de la educación aquellos estudiantes con los que no hubo contacto al final del ciclo anterior, y a quienes viven en condiciones de alta marginación social y económica.

Por otra parte, la etapa anterior de educación a distancia nos enseñó que no se logra nada sin la participación de docentes, familias y estudiantes. ¿Qué aspectos son los más importantes cuando la autoridad educativa reflexione sobre cómo ayudarle a cada uno de esos actores educativos a responder de la mejor manera posible a su rol dentro en el aprendizaje en casa?

El contenido educativo entregado por la televisión sabemos que sólo resuelve el inicio del proceso de aprendizaje, que es acceder a información. Si a esa parte no le sigue la de hacer la tarea, la de responder las preguntas aclarando dudas propias del aprendiz, no hay aprendizaje. Todo esto, será especialmente complejo para las familias y estudiantes que parten un nuevo nivel educativo y que no conocen a sus nuevos maestros. Y también, en los casos de aquellos estudiantes que no participaron de las actividades de aprendizaje en el trimestre anterior. En este punto, la comunicación es crucial. Escuela, docentes y familias deberán estar en diálogo constante -tal como ya ocurrió- para ajustar las planeaciones de clases a las posibilidades reales de las familias y responder a las dificultades que se presenten.

Luego, seguirá siendo clave fortalecer la libertad y el respeto hacia las maestras y maestros en el estado. Confiar en sus capacidades, sabiendo que son ellos las personas más indicadas para tomar las decisiones importantes sobre cómo contribuir al bienestar y al aprendizaje de sus estudiantes. Confiar, pero sin dejar de apoyar. Según datos que estaremos presentando en un próximo reporte de investigación respecto a cómo se vivió la primera fase de la educación a distancia en Sinaloa durante el ciclo anterior, revelan que las necesidades de los docentes no sólo están en el ámbito de la tecnología, sino de la formación para responder a temas pedagógicos propios de la enseñanza a distancia, de la adaptación de sus planificaciones para las necesidades puntuales de sus estudiantes y de la alta carga administrativa que debieron manejar dentro de sus responsabilidades.

Hoy se debe ofrecer a los profesores recursos y formación para poder generar lazos de confianza con sus nuevos estudiantes sin poder verse en persona. O inclusive, valorando la posibilidad de que, con las medidas de sana distancia necesarias, pudiera haber un primer encuentro y entrevista en persona entre profesor, estudiante y padre o madre de familia para iniciar la relación de colaboración entre ellos de una manera significativa.

También, será importante apoyar a los profes en cómo saber leer el estado socioemocional de sus estudiantes para poder canalizar a quienes lo requieran a una atención especializada. Y orientarlos en cómo usar la versión resumida del currículum que se generó a partir de los aprendizajes mínimos desarrollados por las mesas técnicas de SEPyC. Lo cual por una parte brindará la tranquilidad de no tener que cubrir una cantidad excesiva de temas, pero que por otra redobla la responsabilidad, puesto que cada cosa que se deba aprender tendrá doble valor.

Y finalmente, considerar la atención a la diversidad y la inclusión. No dejar de pensar en los apoyos a las escuelas que atienden y se especializan en la atención a estudiantes que viven con discapacidad, como las escuelas USAER. Y también, en formar y acompañar a los profesores para responder a la gran diversidad de realidades que viven las familias en el estado. Tanto en los contextos urbanos como rurales, las familias cuentan con distintos niveles de recursos disponibles para el aprendizaje en casa, entre los cuales están el nivel de ingreso económico, grado educativo de los padres y sobre todo, la capacidad real de las familias de acompañar a las niñas y niños de manera efectiva durante la realización de sus actividades educativas en el hogar.

Tal como mantener andando y luego cerrar el ciclo anterior a distancia no fue nada fácil, en esta ocasión, reabrir a distancia tampoco lo será. Por esto, no se puede escatimar en esfuerzos para traer más recursos e inversión al sistema educativo. Es positivo ver que se avanza en temas de infraestructura escolar, pero mientras no volvamos a las escuelas en físico, no podemos desatender las necesidades que hemos descrito en esta columna y en otros espacios anteriores.

Actualmente Sinaloa tiene 267 psicólogos para estar atentos a las necesidades emocionales de cerca de 500 mil estudiantes repartidos en 5800 escuelas. Con eso claramente no basta, por lo tanto, se deben generar las condiciones para que la respuesta coordine las aportaciones de organismos de gobierno que no sólo sean salud y educación, considerando tanto el nivel estatal como los niveles municipales. Y por supuesto, abriendo las puertas también a la participación del sector empresarial y de la sociedad civil, como ya están haciendo otros estados en la república. Y sobre todo, sin perder de vista que aunque el desafío que se acerca el 24 de agosto es grande, nuestro gran objetivo debe seguir siendo volver en cuanto sea posible a nuestras irremplazables escuelas.

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