Reflexiones

Malú Morales

Deambular como un reloj sin manecillas

Leer a Carson McCullers es penetrar en las entrañas del ser humano; conocer la emocionalidad de sus personajes que no son propiamente héroes. Son una amalgama de candor y tormento descarnados

Leer a Carson McCullers es penetrar en las entrañas del ser humano; conocer la emocionalidad de sus personajes que no son propiamente héroes. Son una amalgama de candor y tormento descarnados. Su primera novela (ya reseñada) El corazón es un cazador solitario, la escribió cuando apenas contaba con 23 años y la colocó entre los grandes narradores Estadounidenses del siglo XX. Ella nació en 1917 en Columbus y falleció en 1967, con apenas 50 años, dejando una escasa pero profunda producción literaria.

La última novela que escribió Carson McCullers, RELOJ SIN MANECILLAS, la adquirí, por supuesto, en la Librería Sra. Dalloway. Está narrada como si fuera un juego de ajedrez en el que los cuatro personajes centrales se mueven de acuerdo a las circunstancias que les tocó vivir en una ciudad sureña de los Estados Unidos, en el transcurso del año 1953.

Uno de los personajes, J.T. Malone, hombre de 40 años, tranquilo esposo y padre de familia, es un farmacéutico que un día escucha de su doctor de cabecera, la sentencia: Padece de una leucemia avanzada… le quedan de un año a 15 meses de vida… Aterrado, comienza a recordar su apacible y monótona vida. Acude a su único amigo de confianza para compartir su pesar: El juez Fox Clane. Octogenario muy respetado en su comunidad, acostumbrado al mando, da ánimos a su amigo recomendándole visite a otros médicos.

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El juez Fox Clane, destacado por su posición social y económica, ha sido  autoridad durante muchos años en los tribunales. Detrás de una severidad intimidatoria, se anida la tristeza por la pérdida de su esposa y el dolor por el suicidio de su único hijo, exitoso abogado, casado con una mujer de su clase, en espera del hijo que pronto nacería, se había hecho cargo de la defensa de un hombre de color, acusado de haber violado a una mujer blanca. El tribunal, encabezado por su padre, dictó sentencia de muerte para el acusado, tal y como lo sentenció un jurado conformado por gente blanca. El joven abogado, tras una fuerte discusión con el juez, su padre, se dirigió a su recámara para, momentos después, dejar escuchar el sonido de la pistola con que se quitó la vida. Diecisiete años después, el Juez Clane no se resigna ante las causas de la funesta determinación de su hijo. Las guarda celosamente en su débil memoria.

Jester Clane ama y respeta a su abuelo que se hizo cargo de él después del suicidio de su padre y  la muerte de su madre debido a un parto descuidado. Acostumbrado al silencio doloroso de su abuelo por la muerte de su padre, Jester ha vivido con el Juez que se ablanda durante las discusiones con su nieto que a los 17 años, expresa ideas contrarias con las que ha sido educado, sobre todo en el tema de la desigualdad racial, se indigna al oír a su abuelo opiniones sobre la descabellada igualdad entre blancos y negros

Jester ignora que su abuelo en sus años de vigor, fue integrante del Ku-klux-klan. Una noche, a la hora en que el nieto intenta dormir, es alertado por una música que escucha lejana y una voz que entona lánguidas melodías. Atraído por las bellas notas, se levanta y en sigilo sale a la calle, dejándose guiar por el atractivo sonido, hasta llegar a una casa cercana. Toca a la puerta que sorprendentemente es abierta por  un joven de su misma edad. Alto, esbelto, duro de gesto. Resaltan en el joven los azules ojos brillantes e inexpresivos y su piel obscura y lustrosa. Invita a pasar a la inesperada visita; Jester se identifica, el otro joven lamenta, en tono irónico, no poder presentarse con un apellido que no tiene, sólo dice llamarse Sherman Pew… Recién nacido me abandonaron en un banco de una iglesia… con aparente indiferencia confiesa… me crió una familia, recibí estudios de un sacerdote, es especial de música. Abandoné a la familia debido al abuso del señor de la casa… fui violado a los once años… Conmocionado, el nieto del juez se siente enfermo al enterarse de la vida de Sherman que rechaza toda muestra de compasión comportándose rudo y sarcástico. El joven negro se inventa historias fabulosas para impresionar a su visitante, confiesa que vive en esa casa por ser invitado del dueño. Jester sabía que debía regresar a casa, pero parecía que los ojos azules de aquella cara oscura le hubieran hipnotizado.

El juez contrata como su secretario a Sherman Pew, observando su inteligencia y audacia. El nieto trata de acercarse al empleado, recibiendo siempre respuestas amargas, colmadas de envidia. El Juez confía a su amigo Malone la oculta verdad sobre el suicidio de su hijo, la dolorosa pérdida de su esposa, el origen del joven negro y los planes para el futuro de su nieto. Sherman se siente indispensable en su nuevo empleo. Se comporta como parte de la familia ante la furia de los demás sirvientes de color.

Sherman decide instalarse en una casa que renta, amuebla con buen gusto gracias al salario que percibe del juez y se instala ante la rabia de los vecinos por tratarse del único negro que se atreve a vivir en un barrio de blancos. Jester, indignado por el racismo en contra de Sherman, decide prevenirlo del plan que se urde para desaparecerlo. Se prepara una bomba para atacarlo.

Todos los personajes deambulan como un reloj sin manecillas.

De Carson McCullers, se ha dicho: Sigue resultando absolutamente moderna, por estilo, sensibilidad y temática. Aviso: leer a esta autora te puede cambiar la vida. Max Ron, GQ.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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