Reflexiones

Malú Morales

Retrato en Sepía

Isabel Allende no soslaya la parte histórica en todas sus novelas. Retrato en Sepia, encierra secretos familiares, guerras civiles y pasiones al límite

La espléndida producción literaria de Isabel Allende (1942) ha cubierto toda una época en la que millares de lectores han puesto los ojos en América Latina. Gracias a su extensa e importante obra, la escritora chilena radicada en Estados Unidos, ha sido nombrada Miembro de la Academia de Artes y Letras de ese País.

Una de las novelas más aclamada de Isabel Allende, sin duda es RETRATO EN SEPIA. La historia comienza en el año de 1862; discurre en San Francisco y Chile. Ahí aparecen mujeres aguerridas, voluntariosas, bellas, ricas y pobres;  todas con grandes ideales y dispuestas a matar sus propios fantasmas para sobrevivir. Los personajes masculinos son recios, inteligentes, leales -algunos no tanto- . Casi toda la novela está narrada por Aurora del Valle, hija natural de Lynn Sommers, considerada como la joven más bella de San Francisco, a finales del siglo XIX. Modelaba para calendarios y pintores renombrados; fue elegida por su belleza como modelo para la estatua de la República, por lo que comenzó a posar ante la cuidadosa mirada de su madre Eliza Sommer, que no despegaba los ojos de su bella hija durante las sesiones. Un día, Lynn logró escaparse de la vigilancia de la madre para ir al encuentro del hombre que la había seducido, el heredero Matías del Valle. Producto de esas furtivas escapadas, la muchacha quedó embarazada, sin que el seductor se diera por enterado continuando su camino hacia Paris, envuelto en su acostumbrado ritmo sofisticado de vida. Severo del Valle, primo de Matías, había admirado la belleza de Lynn; perdidamente enamorado, se enteró de la situación, por lo que se casó con ella con la complacencia de la madre y el padre de la muchacha, el doctor Tao Chi´en, apreciado médico acupunturista en el barrio de Chinatow. El nacimiento de la hija de Lynn fue atendido por el médico chino, quien no fue capaz de controlar la hemorragia que sufrió la muchacha, que falleció a las pocas horas de nacida su hija, llamada Lai-Ming, traducido posteriormente como Aurora.

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Fueron cinco años que la pequeña Lai-Ming convivió con sus abuelos y las visitas esporádicas de su padre adoptivo, Severo del Valle. En repetidas ocasiones, la madre de Matías, Paulina del Valle, intentó obtener la custodia de la pequeña sin éxito; la niña amaba a sus abuelos que un día, ante la imposibilidad de darle a su nieta una vida cómoda, accedieron a entregársela a Paulina del Valle, enérgica, ágil y calculadora, dueña de una considerable fortuna en minas de plata, tierras, viñedos e infinidad de negocios de incalculable valor. Viuda y madre de tres hijos, vivía sola con un ejército de empleados y un mayordomo inglés, discreto, elegante y eficaz. La pequeña Aurora tuvo una vida de mimos y extravagancias que eran comunes en su abuela, quien tomó la decisión de crearle a su nieta un ambiente seguro y tranquilo, lejos de San Francisco. Un día tomó la iniciativa de volver a su tierra natal, Chile. Se deshizo de su residencia, se hizo acompañar de un pequeño grupo de sirvientes y despidió a su mayordomo, en virtud de que en Chile no existía la costumbre de contar con uno, aún entre las familias más adineradas. Frederick Williams fiel mayordomo de la gran dama durante muchos años, encaró a su patrona pidiéndole acompañarla; ante la negativa de Paulina, la desesperación de Williams le llevó a proponerle matrimonio, sin ninguna clase de privilegios ni derechos, únicamente para darle respetabilidad en aquel lugar en el que una mujer sola, no estaría bien visto. Paulina, acostumbrada a la leal presencia de su empleado, aceptó y emprendió el viaje con su nieta, servidumbre y un flamante marido inglés.

La pequeña Aurora creció con institutrices, en un mundo elegante que deslumbraba a sus nuevas amistades. Lo único que la atormentaba eran las constantes pesadillas en las que aparecían hombres con piyamas negras atacándola. El día en que reapareció su abuela materna, se enteró de la razón de sus atormentados sueños: su abuelo Tao Chi´en, durante un paseo con ella de pequeña, había sido atacado por un grupo de chinos que se dedicaban a reclutar niñas para venderlas como esclavas sexuales. El abuelo rescataba a esas sing-song-girls, protegiéndolas con la ayuda de unos misioneros. El ataque mortal había sido perpetrado en venganza. La niña presenció la embestida y muerte violenta de su abuelo. En su nueva vida, tenía actividades sociales, asistía a fiestas y había descubierto su afición por la fotografía, la que nunca dejó de ejercer. El día en que su padre biológico volvió a Chile, enfermo y desahuciado, Aurora conoció la verdad que le habían ocultado. Ella consideraba a Severo como su verdadero padre, a pesar de que éste se había casado con una mujer que, con todo y dar a luz a un hijo cada año, enarbolaba ideas sufragistas participando en movimientos para que las mujeres obtuvieran el derecho al voto.

En uno de esos bailes lujosos a que asistía, conoció a Diego, atractivo y rico hacendado del que Aurora se enamoró rotundamente. A los 18 años, la abuela vio complacida que su nieta haría un buen matrimonio, aunque se alejara para vivir en las inmensas propiedades de la familia del esposo. La recién casada fue aceptada por su nueva familia, con un cariño que ella desconocía. Lo único que la desconcertaba era la frialdad con que la trataba Diego.

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Isabel Allende no soslaya la parte histórica en todas sus novelas. Retrato en Sepia, encierra secretos familiares, guerras civiles y pasiones al límite.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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