Reflexiones

Jorge Ibarra

Saqueos, rapiña y anarquía social durante el segundo jueves negro

Hoy el Gobierno Federal se anotó un triunfo. Pero quien vuelve a quedar vulnerable es la población civil

La segunda detención de Ovidio Guzman se llevó a cabo en la comunidad de Jesus María, Municipio de Culiacán, durante la madrugada de este jueves 5 de enero.

Fue una operación relámpago que dejó sin respuesta efectiva a los grupos de apoyo del narcotraficante que, como la vez anterior, buscarían liberarlo mediante acciones de terror y bloqueos de vías de comunicación en la capital de Sinaloa.

Pero las fuerzas especiales de la Marina y la Guardia Nacional se adelantaron a resguardar el aeropuerto. Lo más que pudieron hacer los criminales fue disparar ráfagas a distancia a dos aviones del ejército, sin lograr ocasionar daños de consideración.

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Y así, cuando menos lo esperaban, un Boeing 737 de la Fuerza Aérea Mexicana, partía de Culiacán a la Ciudad de México, a las 9:25 de la mañana, con Ovidio Guzman, el ratón, a bordo.

Con el criminal capturado y muy lejos del centro de operaciones del Cártel de Sinaloa, los bloqueos y quema de autos perdieron rápidamente su efecto táctico y amedrentador, más todavía porque la ciudadanía a esas horas se encontraba bien resguardada en sus hogares.

La mayoría de los incendios posteriores fueron ya simplemente acciones sin ningún impacto. Era cuestión de tiempo para que volviera la calma. Para las cinco de la tarde, ya se veía gente caminando la milla en el Jardín Botánico, sin que se reanudaran por completo las actividades.

Algo que llamó mucho la atención durante toda la jornada, fue la total ausencia de los elementos de las policías estatales y de la localidad. 

El ejército, la Marina y la Guardia Nacional fueron quienes desplegaron todo el operativo de captura, traslado y contención de bloqueos. 

Pero con el objetivo principal alcanzado y sin que las corporaciones locales de seguridad intervinieran en nada, la ciudad quedó por un lapso de horas en un total vacío de autoridad.

Incluso al Gobernador del Estado se le notó muy ajeno a la situación. En los primeros comunicados se limitó a decir que se trataba de un operativo del Gobierno Federal, y que serían ellos los que dieran detalles de lo ocurrido. 

Se desentendieron por completo.

Como si el Gobierno del Estado no tuviese injerencia en salvaguardar la seguridad de los ciudadanos. Bien pudieron coordinarse con las autoridades federales para, al menos, participar en patrullajes o resguardo de comercios, que por la tarde ya estaban siendo presos de la rapiña.

Los saqueos siempre aparecen en momentos en que la sociedad percibe que no hay autoridad que imponga la ley. Son actos masivos irracionales que pueden desencadenar otros tipos de violencia.

Se sabe que en Sinaloa la gobernabilidad ocurre por la autoridad compartida entre el poder formal del Estado y el que ejercen los grupos del crimen organizado mediante acuerdos tácitos.

Hoy todo eso se disipó, y lo que vivimos es lo que en la sociología se conoce como una situación de anomia social, que alentó a civiles a asaltar comercios, tiendas y trailers para llevarse lo que podían.

Lo que ahora preocupa son los efectos inmediatos de una economía local paralizada. No se sabe por cuánto tiempo los comercios estarán cerrados. La economía de la calle también está detenida. La gente comienza a necesitar insumos básicos -agua, leche, pan, medicamentos- el evento los tomó por sorpresa.

Por la noche algunos carros se aventuran a merodear la ciudad, pero todo está cerrado. Y es que actualmente la venta de abarrotes sucede en tiendas de conveniencia o grandes supermercados que son más propensos a ser vandalizados. Y como ya casi no quedan tienditas de esquina, pues la gente batalla para surtir lo que le hace falta para la cena.

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Hoy el Gobierno Federal se anotó un triunfo. Pero quien vuelve a quedar vulnerable es la población civil. Las autoridades deben plantear estrategias para retomar la paz inmediata y sostenida a largo plazo. Quizá lo peor está por venir. Seguramente vendrá la respuesta del Cártel de Sinaloa. Ya mucha gente teme que esto desencadene una nueva guerra.

¿Qué garantías le quedan a la ciudadanía?

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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