Reflexiones

Francisco Cuamea

Si no es ahora, ¿cuándo construiremos la estabilidad social perdurable?

¿Para qué es la seguridad pública? ¿Para qué queremos tener paz perdurable?

¿Para qué queremos la paz?

La vida real no deja de insistirnos: lo que hacemos para intentar instaurar la seguridad pública no funciona. Año tras año, el enfoque reduccionista policial o punitivo ha sido como el gato que se persigue la cola y no logra alcanzarla.

Este método del garrote es caro para las arcas públicas, no genera estabilidad social ni política ni evita que se expandan los criminales que generan la violencia y que van dejando miles de víctimas en el camino. Es un hecho más que probado.

Estamos más dispuestos a sortear las crisis políticas que explotan por usar la fórmula de siempre, que a arriesgar a experimentar otras posibilidades de solución definitiva.

Urge, pues, una visión técnica social, no política ni solamente policial, mucho menos dogmática, para resolver el problema de la inseguridad y su violencia.

Se necesitan estrategias innovadoras que den resultados que perduren en el tiempo. Que nos den una estabilidad social perdurable, no susceptible ni frágil a las acciones criminales.  

La detención de Ovidio Guzmán no cambiará el estatus quo de la violencia como no lo hizo la reaprehensión de su padre. El sistema criminal sigue su marcha.

Y aunque tengamos periodos de aparente calma, como los hemos tenido, no significa que el problema esté resuelto.

“Queremos la paz, pero la paz no puede ser nunca mera ausencia de violencia, sino que debe ser presencia y vigencia de la Constitución”, ha escrito Fernando Savater.

Presencia de la Constitución y del Estado en todas sus formas, añadimos aquí.

Para dar el primer paso hacia la estabilidad social perdurable, necesariamente tenemos que reconocer tres cosas, con toda la humildad y la inteligencia práctica.

1 Necesitamos un nuevo modelo de indicadores

Los homicidios dolosos se toman como el máximo indicador de seguridad pública, pero la seguridad pública no se trata solo de homicidios dolosos o intencionales.

Incluso, aunque así sea el consenso internacional.

“Como un indicador fácilmente medible, el homicidio es un proxy razonable de los delitos violentos y un indicador robusto de los niveles de violencia dentro de los Estados”, describe la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito.

Esta afirmación de la UNODC ya no es vigente. Está más que visto que la seguridad pública junto con su contrario, la inseguridad, es un sistema vivo, orgánico, que penetra en las emociones de las personas. En otras palabras, es un sistema siempre en movimiento con procesos de retroalimentación de una red de muchos afluentes. El homicidio doloso es tan solo uno de ellos.

El caso Sinaloa sirve para ejemplo. La entidad registra una tendencia sostenida a la baja en la tasa de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, pero aun así, los sinaloenses no se sienten más seguros.

Es más, su nivel de preocupación es alto, de acuerdo con el estudio Percibe, de la Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública, que mide la opinión de los sinaloenses sobre distintas situaciones y estados anímicos relacionados con la seguridad pública y respeto a la ley.

“De 13 situaciones o hechos de riesgo expuestos en la encuesta, en todas Preocupa mucho/Sí preocupa registraron porcentajes arriba del 50 por ciento, lo que indica que existe entre la ciudadanía una marcada preocupación por la inseguridad”, cita el estudio.    

Como periodista que trabajó dos décadas en medios informativos, sé que la conversación pública se centró por muchos años en los niveles de asesinatos. Traumatizados por el narco, creíamos, como la UNODC, que si bajaban los homicidios dolosos seríamos una sociedad estable, en armonía. En paz.

Sin embargo, aproximadamente desde hace un lustro (si no es que más), la violencia evolucionó en el estado y en el país. Si bien los homicidios se mantienen a la baja, otros delitos han tomado su lugar: la desaparición forzada de personas, la violencia familiar, el homicidio culposo por siniestro vial y el narcomenudeo. Por supuesto, también la circulación ilegal de armas. De 2010 a 2021 la Sedena aseguró 129 mil 384 armas en todo el país. El 11 por ciento en Sinaloa.

Fuente: Stop Arms to Mexico.

Eso explica por qué los ciudadanos manifiestan una alta preocupación por su integridad. La violencia continúa en altos niveles, pero ahora con otros protagonistas.

Un nuevo modelo de indicadores, que se interrelacionen con factores causantes del delito, nos arrojaría la inteligencia necesaria para buscar, localizar, identificar y neutralizar de origen las conductas delictivas, deteniendo su progreso. Cortaríamos la hidra desde su raíz.

2 La dinámica de la seguridad pública no la controla el Estado

Suena paradójico. Y lo es. El segundo elemento que tenemos que reconocer es que, hoy por hoy, la seguridad pública depende de las dinámicas internas de la delincuencia organizada. De lo que hace o deja de hacer. En los hechos, no hay tal monopolio de la violencia por parte del Estado.

Los periodos de “tranquilidad” se deben a que el sistema violento está en equilibrio, no necesariamente a una política pública exitosa. Así es y así ha sido en los gobiernos que hemos tenido en este Siglo 21.

Esto quiere decir que si la rueda del crimen organizado gira sin interrupciones hay una ausencia de crímenes de alto impacto, lo que no necesariamente significa paz o estabilidad perdurable. La paz no es ausencia de violencia.

Cuando esta dinámica se rompe es cuando ocurren los tsunamis. Los hechos históricos están ahí.

  • 2008-2011: Se fractura el Cartel de Sinaloa en dos facciones, la de los Beltrán Leyva contra el Mayo Zambada y Chapo Guzmán.
  • 2017: Otra fractura en el Cártel de Sinaloa. Ahora los hijos del Chapo Guzmán contra Dámaso López.
  • 2019: La captura fallida de Ovidio Guzmán que provocó el Jueves Negro, es decir, el despliegue total de la milicia criminal y la toma estratégica de Culiacán, lo cual les resultó.
  • 2022: La recaptura de Ovidio Guzmán. Finalmente fue la milicia criminal la que de nueva cuenta generó el caos en Culiacán y el resto de la entidad.  

3 No atacamos la base económica

El crimen organizado es un proceso económico en primera instancia. Ofrece productos para satisfacer la demanda y también crea nuevas necesidades. Innova, invierte, evoluciona con los hábitos del consumidor y los marcos legales.

Mientras los gobiernos que hemos tenido en loa que va de este Siglo (de la información y de la economía del conocimiento) han seguido la misma fórmula reduccionista: más dinero, más patrullas, más cámaras de videovigilancia.

¿Pero qué ha sucedido en el mercado trasnacional de droga ilegal?

Éste comenzó a cambiar a partir de 2012. Los carteles mexicanos perdieron el monopolio de la mariguana en Estados Unidos y la manera de compensar el juego fue escalando la producción de drogas sintéticas para los mercados estadounidense y mexicano.

Desde ese año comenzó el proceso de legalizaron la producción, uso y venta de mariguana en la Unión Americana. Para 2016 había 8 estados, así como el Distrito de Columbia, con mariguana doméstica. Pronto fue evidente que el cannabis ilegal de origen mexicano perdió terreno. En 2018 sumaban 12 estados los que permitían la venta y consumo en retail, y sumaban 36 los que legalizaron su uso médico.

Fuente: National Conference of State Legislatures.

Cuatro años después del inicio de este proceso, se calculó que la mariguana ilícita había perdido el 26 por ciento del mercado de California, el 49 por ciento de la venta en Washington y hasta el 73 por ciento en Colorado. En el promedio nacional, el 12 por ciento.

Por el lado mexicano se aprecia una caída en la producción de mariguana entre el periodo de 2014 a 2021. La destrucción de plantíos del cannabis por parte de la Secretaría de la Defensa Nacional cayó en un 85 por ciento, mientras que lo kilogramos asegurados se desplomaron en un 90 por ciento.

Fuente: Secretaría de la Defensa Nacional.
Fuente: Secretaría de la Defensa Nacional.

Ante los cambios de paradigma del mercado trasnacional de drogas ilegales, la reacción de los carteles fue producir menos cannabis y más drogas sintéticas, como la metanfetamina, sólo que en esta ocasión también creó mercado en el territorio mexicano. Y a su vez, lo que se produce de mariguana hoy es casi exclusiva para la distribución nacional.

Hasta entonces, México era un país de producción y tránsito de drogas. Con la creación de mercado doméstico, comenzó la era del narcomenudeo, las adicciones y el alza en delitos que dañan la integridad de las personas.

Hoy el fentanilo causa revuelo, sobre todo, porque es de las principales causas asociadas a muertes en Estados Unidos, donde existe una alerta nacional por este opioide desde el gobierno de Donald Trump.

Pero la metanfetamina entró mucho antes al consumo local. Le llamamos crystal. A la par de la caída en el número de destrucción de plantíos de mariguana y aseguramientos de kilogramos de esta droga entre 2014 y 2021, con una velocidad al doble, la Secretaría de la Defensa Nacional fue confiscandomás metanfetamina y más laboratorios donde se sintetiza dicha sustancia: 117 por ciento más “cocinas” y 113 por ciento más “crystal”, como en este país le dicen a la meta.

Fuente: Secretaría de la Defensa Nacional.
Fuente: Secretaría de la Defensa Nacional.

A este cambio de producto y de creación de mercado interno no le corresponde un crecimiento en las carpetas de investigación por narcomenudeo en Sinaloa.

El 2021, por ejemplo, fue el año con la cifra y la tasa más baja por cada 100 mil habitantes de los 10 años recientes en cuanto a denuncias. 2022 cierra con apenas 139 reportes de casos de este delito, 0.38 diarios, en promedio.

El narcomenudeo es un delito que se persigue de oficio. Tenemos que ser más proactivos. El combate a este delito se tiene que subir la prioridad en la agenda y dotar de recursos económicos, humanos y tecnológicos.   

Y en cuanto al consumo, es decir, la demanda, carecemos de un sistema de información que nos entere de la situación de manera completa, organizada, actual, trazable, amigable, confiable sobre las adicciones. En resumen, en Sinaloa se desconoce el escenario real de consumo de drogas.

De tal modo que una forma estratégica de consolidar la presencia del Estado para crear la paz perdurable es abordar de manera integral la oferta y la demanda.

Solo para concluir, quiero decir que respeto la labor de los soldados y policías, quienes además trabajan en condiciones de precariedad laboral. Por lo mismo, no podemos seguir recargado el peso a la contención del delito en ellos. Las instituciones y sus integrantes también se desgastan.

¿Cómo podemos fortalecer la presencia de la Constitución y del Estado para instaurar una paz perdurable?

  1. Sólo necesitamos comenzar. Nunca habrá mejor tiempo que el ahora.
  2. Con disposición de invertir de largo plazo.
  3. La paz real, perdurable, no sucede de la noche a la mañana.
  4. Tenemos que identificar los primeros pasos para comenzarlos a andar.

Uno de esos primeros pasos es construir un propósito para Sinaloa. Una narrativa que nos identifique y entusiasme más allá de los tomates y camarones.

LEE MÁS: Ya no es la planta, es el amoniaco

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